Nostalgias de sombras

Aquellas noches eran muy largas, decía mi madre. La comida debía estar lista con mucho tiempo de antelación porque podíamos quedar en penumbras de repente, tal cual había sucedido el día anterior.

Tenía apenas tres años. Ni siquiera sabía el año en curso. Mi único interés consistía en acostumbrarme a las dimensiones de la casona ubicada frente a la Plaza Mayor donde vivía desde el mes de noviembre después de un reajuste familiar de hogares: un palacete del siglo XVIII heredado por mi padre de manos de mi tatarabuela, cuyas dimensiones resultaban aplastantes al compararlas con la morada pequeña que me vio nacer, ubicada en el otro extremo de Trinidad, cuyo quicio servía a mi abuelo materno para contar historias al atardecer, como lo hacía el Narrador de Cuentos sentado al calor de la estufa.

No entendía por qué cuando llegaba la más tenebrosa negrura, los sillones y butacas del juego de sala de mi abuela materna eran trasladados del salón principal hacia la acera, para conversar hasta bien entrada la madrugada.

Esperaba la oscuridad como quien aguarda un regalo de cumpleaños porque cuando el quinqué de casa se encendía mi madre me contaba una historia distinta cada noche, escrita sobre la marcha cuyos protagonistas ella dibujaba al acomodar sus dedos gruesos a la luz emanada del recorte de frazada para limpiar el piso convertido en mechero. Nacía así una serpiente, una mariposa, un venado, un conejo… entre tantas otras siluetas.

Afuera mi padre hablaba con quien llegara de repente o cruzara por las calles negras. Recuerdo a un hombre llamado Pascual Cadalso: alto, flaco y de nariz pronunciada a quien escuché contar chistes cuando Trinidad estuvo 15 días a oscuras tras el paso del huracán Denis, mucho tiempo después.

Mientras, yo trataba de imitar con mis manos huesudas la serpiente representada en la pared de la saleta, cuyo perfil parecía el de una culebrilla inofensiva comparada con la de mi madre e intentaba construir una fábula con mis propias sombras.

Años más tarde me enteré que en aquel entonces corría el año `92, estábamos en Periodo Especial y el culpable de no poder ver la televisión o leer mi libro de La buena dueñita se llamaba apagón: suceso de una repercusión socio- psicológica inimaginable para los cubanos; fenómeno cuyo vaticinio ponía en duda las habilidades premonitorias de cualquier sabio, pues podía llegar de súbito aunque el día anterior lo hubiesen anunciado a determinada hora.  

Comprendí  por qué debía bañarme con el sol afuera, qué significaba la frase “tener algo adelantado para cuando regrese”, dicha por papi en las mañanas cuando ponía a ablandar los frijoles antes de irse a trabajar así como los rezos de mami a las once mil vírgenes para terminar de hervir el agua y sumergir luego mis pañales orinados. Era como el juego del gato y el ratón. ¿Quién ganaba: los hombres o el corte de energía eléctrica?

Supe que las sombras en la pared constituían el método más cercano a lo infalible para luchar contra mi intranquilidad desmedida y evitar algún tropiezo en medio de la oscuridad.

Pero no fue hasta apenas unas semanas cuando aprendí que los padres de muchos amigos míos también regalaron noches de historias con las siluetas emergidas de la luz de una chismosa, una vela o un quinqué para embelesarlos-aunque a una amiga lejos de apaciguarla, la alteraban-.

Solo espero que cuando la vida escriba el capítulo de mi generación-años más, años menos- además de hablar de cambios en la educación, la moda, la manera de asumir la vida, de una “juventud perdida”, entre otros criterios subjetivos y discutibles… no olvide mencionar que también fuimos los niños criados con sombras en la pared, reproducidas hoy por nosotros mismos para calmar a un pequeño si el apagón nos sorprende o como memoria de aquellas noches ahora recordadas con tristeza, mágicas entonces.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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25 respuestas a Nostalgias de sombras

  1. Manuel Alberto dijo:

    Querido Carli:
    Extraordinario el texto de esta semana. Sabes, en Noruega todos creen que ser cubano es bailar salsa, o tomar ron a todas horas. Cuando trato de explicar que llevar a esa isla (diferente y única) anclada al corazón, anidada al alma, es mucho más que un ritmo o una bebida, pues “mis noruegos” mueven la cabeza incrédulos. Así es la fuerza de las ideas preconcebidas… Es como creer que todos los noruegos son vikingos. Y para nada. Ser cubano es sentir, acunar y forzar a la germinación una raíz dentro del pecho. O eso creo…
    Esas noches a oscuras, tratando de regalarle a la vida algunas horas extra que no nos dejaran hundir en las turbulentas aguas de la desazón, forman parte de la vida de los cubanos de ESTA generación de la que hablas. Dentro de algunos añitos, no muchos, esas serán historias de otros tiempos, o al menos eso espero, con la fe de que no es necesario que todos padezcan la oscuridad diaria, en la oscuridad de la noche, de lo que resulta triple oscuridad: la noche, el apagón de turno y habitual y la del individuo que de pronto ve sus rutinas apagadas por falta de luzy se siente oscuro por dentro. Y ya sabemos que la luz viene del sol y de unas enigmáticas zonas de la alegría residentes en el bienestar social. Espero fallar cuando digo que algunas cosas son cíclicas: la falta de luz, la falta de agua… Pero hay otras cosas que nunca escasean en la “Isla Nuestra de Cada Día”: alegría, generosidad de espíritu, solidaridad, fe, esperanza en el futuro. Y quizás “mis noruegos” tengan una cuota de razón cuando incluyen en la lista la salsa y el ron. Resulta importante bailar, reir, enajenarse un poquitín, incluir en la vida una pizca de olvido.
    Maravilloso tu texto, Carlitín. Millones de gracias por llevarme de regreso a una época en que cada noche yo inventaba algo diferente en la Casa del Joven Creador, junto a Teatro Gaviota, la gente de la AHS (tu papá incluído), todo con el fin de ahuyentar las aburridas y frustrantes horas del apagón de turno, indeseado, turbulento y desafiante a nuestra paciencia.
    Mil abrazos, el Manue

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Manuel: como siempre tu comentario deja a cualquiera boquiabierto. No sabes bien lo oportuno de tus palabras y pronto sabrás por qué, precisamente en un post de la Isla nuestra…
      Coincido plenamente contigo en que ser cubano es más que bailar y tomar ron. Siempre lo digo: somos seres únicos, capaz de sobresalir entre la multitud más homogénea. Siempre nos destacamos. Aquellas noches eran, ahora que las miro al paso de los años, también la oportunidad de hacer cosas diferentes, por muy agobiantes que pudeiran resultar. Recuerdo al grupo teatro Gaviota pues Lili y Francia, mis tías queridas, siempre me llevaban consigo a cada función. De hecho, he pensado escribir sobre ellas. Gracias también a ti por tus esfuerzos de aprovechar la oscuridad para hacer cultura- hoy atrapada en las redes de la desidia- Trinidad te lo agradecía, Manuel, tú lo sabes.
      Ojalá y los apagones de toda índole vayan desapareciendo…
      Gracias miles, abrazos también para ti.

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      • Manuel Alberto dijo:

        oscuridad.
        (Del lat. obscurĭtas, -ātis).
        1. f. Falta de luz para percibir las cosas.
        2. f. Lugar sin luz, o con luz muy escasa.
        3. f. Falta de luz y conocimiento en el alma o en las potencias intelectuales.
        4. f. Falta de claridad en lo escrito o hablado.
        5. f. Carencia de noticias acerca de un hecho o de sus causas y circunstancias.
        6. f. p. us. Humildad, bajeza en la condición social.
        Real Academia Española © Todos los derechos reservados

        Carli: sin otro comentario… Gracias por tu respuesta, Maravillosa y caladora.

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      • Manuel Alberto dijo:

        Caramba, Carlos Luis, me gusta tanto, pero re-tanto tu texto sobre los apagones, que no dejo de pensar en ello. Lo he comentado con mi esposa y la familia en pleno. Rarísima costumbre (no cubana, es común en muchas zonas, sobre todo en Latin-America). Por supuesto, la necesidad obliga. Pero he averiguado que cortar la energía resulta, a la larga, mucho menos ahorrativa para un país como Cuba, en que casi todas las casas tienen refigerador. Otro gallo cantaría en Africa, Asia o Sur-America. Si quitas el servicio eléctrico durante dos, tres o más horas, pues el refrigerador pierde “el frío” y cuando restablecen el fluído, pues esa maquinaria trabaja sin interrupciones para recuperar la temperatura perdida. En cambio, durante la noche esa misma maquinaria se activa sólo una o dos veces. Claro, hablamos de equipos eficientes, no los monstruos pre-históricos que en esos años en Cuba había. Sacando la cuenta, el saldo era positivo y el país ahorraba combustible con los apagones, pero el saldo ahorrativo era únicamente en la dirección material, porque los resultados sociales eran desastrosos.
        Al final se me ocurre que la verdadera culpa es de la intolerancia, de la falta de comunicación entre los actores de esa obra de teatro (trágica y sin final hasta hoy). Todos los actores, de todos los bandos. Y me incluyo, que no hay ángeles en estos temas tan escabrosos. Es tan difícil sentarse a hablar, discutir de los asuntos! También en ocasiones resulta imposible hablar… Muchos factores en juego, por cierto.
        Tengo que pedirte disculpas, con humildad lo digo. He participado tres veces en tu post de esta semana! Pero la culpa es tuya, que despiertas en grado tan intenso mi deseo de aportar mis pensamientos. Perdóname de nuevo.
        Se te quiere y admira desde este norte, benigno y menos “enemigo” que el otro, jajaja!
        Manuel Alberto

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Manuel: Los aportes que haces a esta isla nuestra son fenomenales….

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  2. camarero dijo:

    yo de esa etapa recuerdo mi carrera y lo duro que fue… yo estudié del 92 al 97 y soy arquitecto, todo el que es arquitecto sabe que no se duerme durante muchas noches trabajando… yo llegaba a mi casa de la universidad, “comía” y me acostaba como pudiera a dormir mal entre calor y mosquitos hasta las 12 o la 1 de la madrugada cuando venía la luz… a esa hora me ponía a trabajar y me daban las 5 ó las 6 am y me vestía para coger la guagua para la universidad, eso era común para muchos de mis compañeros… como era alterno lo de los apagones, así mismo éramos alternos los grupos de zombies al otro día en las conferencias de la universidad… una parte del grupo estaba despierta y la otra zombie, según hubiesen tenido o no apagón la noche anterior…

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    • No creas que la realidad para los estudiantes de arquitectura dista mucho de tu tiempo, Camarero. Tengo una amiga que estudia esa carrera y más raro le resultan las noches en que puede dormir que las que tiene que quedarse desvelada haciendo proyectos jajaja. Claro, ya los tiempos han cambiado y casi no se ven los apagones y digo casi no vaya a ser que nos sorprenda alguno…jajajaja
      Al final uno agradece esas vivencias, aunque en el momento en que sucedieron maldijéramos a cuanto santo conocíamos. Cuando pasó el ciclón yo estaba haciendo las BET limpiando escombros y cada vez que tenía que llegar a casa y no podía encender el ventilador me ponía… mejor ni te cuento… Gracias por estar. Saludos.

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  3. camarero dijo:

    cuando se vaya la luz, mi negra, como terapia social
    y pa’ que no te calientes el coco con la corriente
    sentados en la hoguera vamos a conversar
    las mismas cosas que hace tiempo debió hablar
    el hombre de nearthental…

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    • Yo no le podía pedir a mi madre que me cantara un blues antes que viniera la luz, como continúa la canción. Aunque nació el día de Santa Cecilia pero digamos que la santa no fue muy benevolente con ella… Yo pedía, en vez de un blues, sombras en la pared.

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      • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

        Ley: te extrañaba en la Isla nuestra…un besote

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      • Camarero: cómo es que puso su foto al lado de la de Gisse antes que yo??? ay, mi mmadre, él parece que no sabe que allá arriba las primeras autorizadas somo Cuba profunda y Botellas al mar….Le voy a cerrar su Café de Nicanor si esta situación se repite! jajaja

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      • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

        Tranquila, Ley, tranquila, que Camarero también tiene derecho jajaja
        Camarero: el problema es que hay mucho calor y las altas temperaturas nos hacen cambiar de humor. tal vez eso le pasó a Leydi jajaja. pero no te preocupes que con su declarada adicción al café es imposible que no se llegue a tu café de Nicanor.
        Culpemos al calor…
        Ley, un besote. Te quiero grande.

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      • camarero dijo:

        ley, yo sé leer… por allá arriba dice clarito que las musas son botellas al mar y cuba profunda… y si me quejo de algo es que la tuya haya salido al otro lado y me haya perdido yo la oportunidad de andar con una en cada brazo… si la compañía de una sola puede ser tesoro, imagínate la de las dos!… y carlos, no cojas miedo, que no me robo lo que no es mío!… jejeje…

        por cierto, tengo un cafecito aquí especial… recién hecho, caliente… cubano de verdad, del que no tiene chícharo… pero nadie lo quiere!…

        qué hago? lo boto?…

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  4. rayma dijo:

    Mírame, madre, y por tu amor no llores:
    Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,
    Tu mártir corazón llené de espinas,
    Piensa que nacen entre espinas flores

    (… Yo he visto en la noche oscura
    Llover sobre mi cabeza
    Los rayos de lumbre pura
    De la divina belleza (…)

    Carli aquellas noches oscuras dieron para mucho. Hasta lindos recuerdos tengo de aquello y te he dejado como no puede ser de otra manera estos versos del maestro que todavía hoy en este largo apagón, nos alumbra.

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    • Gracias, Rayma, por regalarnos a Martí este martes… nada mejor para esta isla nuestra. Aquellas noches, a pesar de todo, pienso que algo aportaron. Yo era pequeño, ya lo dije pero soy del criterio que todo te sirve para algo en la vida, hasta noches enteras sin electricidad… Gracias siempre, gracias por los versos del Maestro.

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  5. Carli, me has enternecido con el post de hoy, un tema del que pensaba escribir pero me has dejado sin palabras. Sabes? También yo recuerdo hasta con cariño aquellas noches de dormir con los ventanales abiertos, a riesgo de que un mosquito te hiciera la transfusión; a mi madre echándome fresco toda la noche -literalmente, toda la noche- con esa devoción que solo tienen las madres; pero lo que más vivo tengo en las nostalgias son las canciones de mi papá, que aumentó su repertorio por esos años a una velocidad inusitada, cuando aquello lo atribuía a una etapa fecunda de creación pero ahora sé que se debía únicamente a que no había nada más que hacer. Solo contarnos historias, como el narrador de cuentos, matarnos a mentiras y esperar a que amaneciera. Por suerte, siempre amaneció. Besos, algún día nosotros mismos tendremos que escribir la novela -entre barroca y surrealista- de nuestra generación. Viste cómo me colé en la generación tuya? jejejeje. Vieja equivocada que soy. Besos!!!

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    • Mi Cuba profunda:
      ¿Quién le dijo a usted que está fuera de mi generación? Para nada, usted forma parte de ella!!!!!¿Vieja?, Si mi abuelo dice que a sus 92 años todavía acaba, entonces nosotros no hemos nacido jajajaja…
      Mi papi no me cantaba-no creo yo hubiera podido dormir tranquilo jajaja- pero dormía con él en la ventana de casa, cuando se podía dejar abierta…Mami me ragalaba las sombras, me cantaba y sobre todo hacía un murmullo con la música de las canciones, hábito inconsciente en ella hasta los días de hoy. Mi abuelo Perucho me contaba historias y quien pasaba conversaba en la acera.
      Al final, le agradezco a esas noches oscuras el haber aportado su dosis de imaginación a mi infrancia; esos momentos mágicos que mucho ayudan en esta profesión nuestra-bueno, tuya: a mí me faltan dos añitos- a la hora de sazonar la escritura. Dime hora y lugar y empezamos a escribir la novela. Tal vez así saldemos la deuda pendiente del trabajo a cuatro manos. Un momento, esa deuda será saldada pronto, ¿verdad?… Un beso. Desde ya espero tu post de mañana. Te quiero.

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      • Hector Betancourt dijo:

        Carli mi niño, si comente Islanuestra y fue muy corto, pero te hable de las sombras a la luz de un quinqué que encendía mi querida abuela cuando cortaban la corriente eléctrica, creo que esta en tu muro, perdona, pues debí poner el texto aquí aunque fuera corto, solo decirte que me a encanto tu post, no encuentro palabras pata decir mas!!!!

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  6. Hector Betancourt dijo:

    Carli, no había leído todas tus respuestas a los que participamos contigo de esta islanuestra, pero has sido un poquito malo con tu mami en decir que Sta. Cecilia no le dejo nada, ja ja , pues yo discrepo por que ese murmullo con su entonación y todo escogiendo el arroz ( para ella un ritual) es único y maravilloso, es como que Galy se evade de la realidad en ese momento y eso te aseguro lo tengo siempre conmigo cuando aquí en la Madre Patria hago arroz. Un beso y otro a tu mami.

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    • Oye!!!! cuando yo lo digo que entre hermanos… ese murmullo no lo cambio por nada. Fíjate que hasta en eso ni me puedo quejar porque tengo una mamá que me “murmullaba” jajajaja. Todavía lo hace, el murmullo y dice es inconscientemente. Gracias, Hecti, por defender a mi mami. Otro besote.

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  7. Pingback: A salvo | Isla nuestra de cada dia

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