Nieve quemada

Una clara de huevo y dos cucharadas de azúcar blanca bastaban a mis bisabuelas para garantizar la felicidad de toda la familia cuando el calor inclemente arremetía en los meses estivales. Con solo batir los ingredientes emergía una de las confituras más comunes en la mesa de los cubanos: merenguitos quemados.

No fueron pocas las tardes en que mis antecesoras husmearon en la cocina para aprender cómo elaborar esos pequeños “copos de nieve chamuscados”, capaces de endulzar almas ácidas y días amargos.

Tal vez era esta una de las primeras recetas que se enseñaba a las jóvenes cuando debían enfrentarse por vez primera a las odiseas culinarias años atrás, o al menos este sería un buen argumento para explicar cómo a través del curso de los años no existe un cubano-perdón si la osadía sobrepasa límites- que no haya probado este platillo, al menos una vez en la vida.

Cuando las cocinas de gas ni siquiera figuraba en el imaginario del más loco, el carbón coloreaba el merengue hecho a mano, fruto del constante batir con el tenedor- instrumento providencial transformar lentamente aquellas claras de huevos en un monte blanco, al que más tarde se le adicionaba azúcar blanca-.

Factor clave resultaba el ritmo del proceso de batir, capaz de desperdiciar los ingredientes si se atrasaba la cadencia o, por el contrario, se aceleraba demasiado. A lo mejor encontramos en esta acción inmutable un antecedente al desarrollo de futuras bursitis…

Al final, poco importaba los malestares posteriores cuando las mujeres de mi familia servían la “obra terminada”. Podían estar solos o como pequeñas coronas encima de las natillas caseras después de almuerzo, comida o de manera inesperada pues, según me han dicho, no existía una hora puntual para degustar de su sabor; el deseo de “matar el antojo” resultaba pretexto ideal para agarrar un tenedor y empezar a revolver las claras.

Aunque después llegaron las hornillas eléctricas y unas vasijas plásticas donde mis padres batieron infinidad de veces para saciar mis caprichos y lograr que mi humanidad inapetente no sufriera de una hipoglicemia; aunque el gas dejó atrás el carbón para dorar la mezcla, algunas normas básicas de la receta permanecieron inmóviles.

Cuentan las anécdotas familiares que cierta vez un señor intentó hacer merenguitos quemados y, para ahorrarse el proceso del batir a mano, se auxilió de una batidora rusa que, lejos de ayudarlo, terminó por echarle a perder la claras de los huevos porque la gruesa espuma nunca cuajó. Solo a fuerza de tenedor, “a la antigua”,  se lograba el grosor exacto.

Estoy en busca de una explicación convincente para justificar cómo este delicioso plato ha desaparecido silenciosamente dentro de las propuestas culinarias, al menos por estos rumbos. Bueno, el precio del azúcar y los huevos se van un poco de las manos, últimamente… o la razón sea la tan manida excusa del ritmo acelerado de la vida moderna.

Quizá porque estoy “chapado a la antigua” y por mis venas corren manías familiares imposibles de olvidar es que no cambio los merenguitos quemados por las más exquisitas confituras industriales y de vez en cuando echo mano de un tenedor para agitar con constancia dos claras de huevos en busca de una nube blanca que luego pinto con la llama del gas de casa.

Mientras lo hago, rodeado de las anécdotas narradas por quienes comparten sus días conmigo, imagino a mis bisabuelas preparando merenguitos; a mi abuela materna colocándolos en el refrigerador para cuando mi abuelo regresara del trabajo… hasta llegar al instante donde me sorprendo a mí mismo delante del fogón para saciar mi antojo de nieve quemada.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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16 respuestas a Nieve quemada

  1. Clara Marina Hernández López dijo:

    Hola Carli, de veras tus escritos son formidables, incluso para los menos jovenes, haces recordar mi infancia cuando mi madre y mi madrina hacian esos merenguitos quemados al fuego de lo que estuviera en ese momento en moda para cocinar e incluso cuando yo se los hice a mis hijas e inclusive a mis nietos, el mayor que se llama Carlo como tú, el mismo aprendió y ahora es quien los hace y me lso brinda, he tenido esa suerte de dejar de batir( quizñas esta una de las causas mas importantes para no hacerlo, te lo digo por mi, que me hace daño jajajaj) y que otro lo haga. Pero te digo más en mi familia , puedo asegurarte que todos hemso hecho merenguitos o sea puedo decir que todos hemos hecho “NIEVE QUEMADA”. Gracias de nuevo por tus Historias que rememoran mi pasado de forma feliz. Un abrazo y continúa. Besos

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    • Gracias, Clara. Es increíble cómo muchas generaciones han crecido alimentadas con los merenguitos quemados. En casa sucedió lo mismo desde mi bisabuela (que de seguro también lo heredó de su madre) hasta los días de hoy cuando yo mismo me aventuro a auto-regalarme el dulce. Qué bien que tu nieto continúe esa tradición en tu familia. Ahora soy yo quien le ahorra los malestares en los brazos a mami jajaja. Un beso y gracias por estar. Confieso que te´nía otras espectativas con este post pero hasta ahora pocos se han acercado a comentarlo… en fin, el mundo de la blogosfera es impredecible… hasta el próximo martes. Otro beso.

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  2. Hector Betancourt dijo:

    Hola Carli, ¡Que cosas se te ocurren! Ja ja pero me alegra que así sea, no sé cuantos cubanos de los que estamos desperdigados por esos mundos de Dios, seguimos con muchas de nuestras tradicionales recetas de cocina, pero te puedo asegurar que en mi casa de Madrid se hacen los “merenguitos” pues mi mamá siempre que hace Natillas y es con bastante frecuencia le pone merenguitos y caramelo, ambas cosas hechas por ella, te imaginas que al principio de llegar a España tenia cocina de gas y era fácil, pero ya sabes con las nuevas tecnologías modernas ( la cocina vitro de inducción) creíamos que no se podían hacer, pero ya se sabe que el ingenio del cubano, nos ha sacado de muchos apuros, así que a pesar de la resistencia debajo de un cristal, la ponemos al máximo y …. Claro que si hacemos nuestras ” Nieves Quemadas”

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    • Hecti: nuca creí que con la cina de vitro de inducción se pudieran hacer merenguitos quemados. Cuando yo lo digo: los cubanos tenemos hasta la virtud de acomodar el más avanzado aparato tecnológico a nuestra conveniencia. No se nos escapa nada!!!jajajaja. Me alegro Isa siga haciendo esso merenguitos y esas natillas maravillosas que, de seguro, Alba continuará, para que esta tradición no muera. Un besote de martes.

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  3. Hector Betancourt dijo:

    Ah!! Muy importante, queria tambien con este corto comentario, enviarle un gran beso a mi Madre, que me ha hecho tantas ” nieves quemadas” por que me encantan!!! Y darle las gracias por que también me enseño a hacerlas. Un besote desde Madrid a Miami.

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  4. manuel640602 dijo:

    Carli: Muchas gracias por este agradable post semanal… Lo disfruté muchísimo, sobre todo al recordar los merenguitos que mi abuela Concha, QPD, me regalaba siempre.
    Por lo visto, tienen razón aquellos que dicen que recordar es volver a vivir. Por lo menos en mi caso, he disfrutado un buen rato recordando a mi abuela y estas remembrazas tenía sabor y olor a nieve quemada. Gracias por ese regalo, querido amigo.
    Tuyo, el Manue

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    • Gracias a ti, Manuel, por otro martes junto a nosotros. POr cierto, tienes algún blog? Es que como tienes un perfil de wordpress me preguntaba si tienes planes de abrirte tu propia bitácora. Desde ya me apunto como el primero de tus seguidores.
      Yo también me acuerdo mucho de mi abuela, a la que la vida no me permitió conocer, pero sé me acompaña siempre y su mano bate junto a la mía, desde otro mundo, cuando yo quiero hacer mis propios merenguitos. Un abrazo y gracias por compartir tus recuerdos con nosotros.

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  5. Roberto Glez dijo:

    Carlos: gracias porque esta semana me ha recordado las veces en que disfruté de los merenguitos hechos en mi casa en Cuba. Tienes el don de recordarle a uno la infancia a pesar de ser tan joven. Mis respetos.

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  6. Gracias a usted, Roberto, por sus elogios esta semana. Me place mucho saber que disfruta cada post. Será que “estoy chapado a la antigua”, como dije antes y estas historias familiares me seducen demasiado. Nunca pierda las coordenadas y regrese cada martes. Gracias.

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  7. Yaima dijo:

    hola carlos, aunque te sigo cada domingo con tus fotografias este articulo tenia que comentartelo`pues a mi tambien me hicieron muchos merenguitos cuando era niña, siempre los comia por las tardes. creo que tendré que hacer algunos en Italia, para que mi esposo los pruebe. saludos. yaima

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  8. Yaima, un gusto recibirte en la isla nuestra. No dudes en prepararle este dulce a tu esposo que, aunque no lo conozco, estoy seguro le va a encantar. Saludos para ti, que me sigues virtualmente a pesar de no conocernos en persona. Gracias.

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  9. De esas nieves quemadas, Ay Dios mio!!!!! Las aprendi a hacer y me quedaban divinas pero no las pude comer hasta ya mayorcita, jajjja, me hacia un tremendo dano la clara del huevo, pero asi y todo una vez me robe una del refrigerados de mis abuelos paternos y no se imaginan el lio que forme cuando me llene de ronchas, jajaja perooooo las comi. Hasta el dia de hoy las sigo haciendo de cuando en cuando para no perder esas lindas costumbres… Como siempre digo que tus articulos nos llevan a un lugar real con olores y sabores…

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    • Marlene!!!! Ya te echábamos en falta. Así que te robaste una vez los huevos del refrigerador, eh???jajajaja. Es que estos merenguitos son exquisitos y llevan a uno a arriesgarlo todo con tal de hacerlos. Ya vez, yo también los hago, me encantan!!!! Un gusto, como cada mertes, regalarte un recuerdo grato que despierte nostalgias, o despierte el apetito en este caso jajaja. Un besote y nos vemos dentro de unas horitas con un port muy “deportivo”, digámoslo así.

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  10. teresita diaz dijo:

    Hola Carli, quien no comio merenguitos quemados en Trinidad? pero sabes que no me acuerdo mucho como se ponian a quemar aunque creo que si trato ahora puedo terminar con una tendinitis…jajaja por aquello de la edad de los tendones, pero refrescame la memoria para pasarlos a todos por aca, un saludo a todos por alla.

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    • Teresita. muchas gracias por llegarse a la isla nuestra. Le cuento que para quemar los merenguitos, se envuelven en un tenedor y luego se ponen al fuego al mismo tiempo que va dándole vueltas hasta que se doren. Luego, para separarlos del tenedor, puede auxiliarse de una cuchara, con mucho cuidado y listo! No se preocupe, ponga a alguien joven a batir las claras y luego dórelos usted. Qué lo disfrute! Lléguese más a menudo por esta ruta digital. Aquí la espero. Saludos también para usted.

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