Mujer de fábula

Dos guineos caminan presurosos hacia el patio donde permanecerán el resto del día hasta que la noche llegue, y retornen otra vez a la puerta que abandonaron hace apenas un instante para cuidar de su dueña, como los más leales custodios. “Ni mi sobrina puede entrar al cuarto si esos animalitos están fuera”, dice ella.

El portón del dormitorio cruje, cede y devela una mano arrugada, apoyada en un bastón. Da un paso, otro; asoma el pelo blanquísimo, los cristales redondos de los lentes que esclarecen la visión borrosa de los 92 años… y así, poco a poco, aparece Hilda, una mujer de pequeña estatura que contempla las flores silvestres de su jardín, mira al cielo y agradece a la vida por el nuevo amanecer.

A media mañana se dirige hacia la máquina de coser. “¿Qué pensabas? Todavía hago mis costuritas. ¿No te das cuenta que a esta edad uno baja de peso? Yo tengo que cogerle de ancho a mi ropa porque si no qué voy a parecer”. Sus pies echan a andar la polea, la aguja baja y sube, las manos guían la falda… “¿viste el noticiero de ayer?”- me pregunta-. “La cosa está revuelta en tal país… dijeron en el parte del tiempo que hoy va a llover por la tarde, tengo que recoger las toallas del cordel…; y a fulana le dieron más un premio… vamos a ver si este año el equipo de Sancti Spíritus da la cara en la pelota…”

Después del almuerzo llega la siesta “para recuperar las fuerzas” y al filo de las tres de la tarde recorre, como tantas veces lo ha hecho, cada una de las piezas de la casona del siglo XVIII donde ha transcurrido su existencia; un sitio donde los espíritus de los antepasados deambulan por los dormitorios desiertos cuyas camas tendidas con lienzos bordados de antaño, junto a la coqueta con retratos de otros miembros de la familia y el armario con la llave en la cerradura, dan la sensación que al anochecer alguien soñará en las sábanas blancas.

Llega a la sala. “Vamos a ver cómo está el mundo hoy”, dice mientras abre el diario Granma y lee cada página con tranquilidad. “Yo no tengo apuro ninguno. Además, hay que interpretar cada frase para saber de qué me están hablando. Después no quiero que me hagan cuentos”. “Mira, aquí dice que los maestros siguen ayudando en X país para luchar contra el analfabetismo. Yo estudié magisterio en Cienfuegos. Después vine a trabajar para Trinidad en la Escuela de las Monjas; educar me corre por las venas. Mi abuelo paterno fue Francisco Javier Zerquera, uno de los primeros en establecer un centro escolar gratis para la juventud en la ciudad. Hoy una de las calles del Centro Histórico lleva su nombre”.

Abandona el sillón, camina hasta detenerse en una esquina del amplio salón. “Aquí mi madre tocó el piano hasta los 104 años, cuando murió. Ella era profesora de Música, le decían Nené”.

“Espérame aquí”, dice. Ya está de vuelta con un volumen cerrado sus manos. Se sienta en el mismo sillón. Coloca el ancho cuaderno sobre sus piernas. “Aquí está la historia de mi familia”, susurra. Y abre ese baúl de papel escrito con tinta azul, roja… “En este libro enlacé mis cuatro familias, por vía materna los Ruiz de Porras y los Suárez del Villar, por vía paterna los Zerquera y los Alomá. Hace más de 20 años mi papá me pidió continuar un libro que él había escrito inspirado en uno que tenía mi abuelo materno. A cada rato me dicen que esto son cosas de viejo, pero al final todo el mundo quiere saber quiénes son sus antepasados”.

Hojea los folios y desempolva memorias. Empieza una retrospectiva. “Esta es la última miembro de la familia de la que tengo noticias, según una prima que tengo en California y me mantiene al tanto de los sucesos ocurridos fuera de Cuba… En esta foto están mis hermanos, hoy todos fallecidos…Esa soy yo cuando me casé con mi difunto esposo. No tuve hijos… Aquí están mi mamá y mi papá…”

Continúa pasando páginas y páginas escritas de su puño y letra hasta detener el dedo sobre un nombre José Manuel Ruiz de Porras y Brunet. “Este es mi abuelo materno, hijo de la Condesita Brunet; esta última, primogénita del matrimonio de Condes de Casa Brunet, una dinastía nacida en el esplendor azucarero de Trinidad. Yo soy su bisnieta y la última de las descendientes de esa rama genealógica, que vive en Trinidad. Estoy emparentada directamente con los que aún conservan el título nobiliario, el escudo, entre otros bienes de la familia en España. Hace unos años conocí a uno de ellos, intercambiamos fotos y corroboré cada uno de los datos que te voy a ofrecer”.

Y abre el umbral a otra realidad. Hilda sonríe, inspira y siente el olor a melaza de caña… la anciana que en la mañana se sentó a arreglar sus ropas se transforma en un ser inexistente, salido de una fábula. “Nací aquí en Trinidad. Mi nombre es Hilda Zerquera Ruiz de Porras. Ven, te voy a contar mi historia…”

Nota: Esta historia continúa a través de Escambray Digital. Si quiere conocer más detalles, haga clic aquí.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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11 respuestas a Mujer de fábula

  1. Dr.Mario Alberto Triana Estrada dijo:

    gracias Carli por compartir con nosotros a Hilda una mujer extraudinaria la conosco desde que llegue a trinidad en el año 1992, juntoa su mamá Nene la cual atendi varias veces cuando enfermaba y Monguito su esposo una persona de caminar rapido y espectacular .Un abrazón mi hermanito

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gracias, Mayi, por llegarte un martes más. A pesar que era muy pequeño, recuerdo claramente a Monguito y Sara, la hermana de él, cuando iban a mi casa y conversaban largos ratos. A Nené no la conocí, pero debió ser una mujer fascinante. Un beso para ti desde tu tierra.

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  2. Mayra dijo:

    Muy hermoso Carli. A través de tus palabras, estuve allí contigo, disfrutando de esa visita. Leí el artículo que publicaste en Escambray y lo compartí en mi muro. Si quieres, revisa para que veas a cuántas personas le gustó. Besossssss.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Muchas gracias Mayra por visitarnos una semana más y por hacerte eco del trabajo. Yo lo disfruté muchísimo, Estuve una semana entera cinversando con Hilda todas las tardes y cada vez esa mujee se me transformaba en ser más irreal aún. Qué suerte que todavía existan personas así, tan deslumbrantes. Un beso.

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  3. Manuel Alberto dijo:

    Perfecto! Esclarecedor, profundo, ameno, lleno de pequeños detalles… Felicidades, Carlitín!
    Sabías que una de mis manías (una entre tantas, jajaja) es conversar con los viejos? Quizás sea ese desmedido afán de aprender, adquirir conocimientos siempre… Me parecen, cuando están lúcidos y llenos de remembranzas, personajes de leyenda. Me imagino uno de los protagonistas de sus anécdotas, de la mano con la historia. Quizás un día escriba de mis conversaciones con Concha, mi abuela del alma…
    Tengo que agradecerte de forma especial este maravillosos regalo, por tantas razones.
    Mil abrazos de tu socio, el Manue

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Yo también quedé prendado de Hilda, Manuel. Lo mejor de esta entrevista es que ella misma fue compartiendo sus recuerdos con una pasión tal que me pareció estar en pleno esplendor azucarero, viendo a la Condesita en el interior del Palacio Brunet correteando por sus salones…Fueron unos días fabulosos. Nunca podré agradecerle a Hilda lo suficiente por haberme develado el ser mágico que esconde…
      Ah! y nos creas que eres el único de conversar con personas mayores, muchos de los post de la isla nuestra se los debo a los recuerdos de mi abuelo y mi tía abuela materna… Un abrazote desde el otro lado. Nos vemos el domingo en el Lente Comaprtido.

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  4. Hector Jesus Betancourt García dijo:

    Jolines …!!!! Me parece estar viendo a Hilda, claro que sí, hasta ver la foto no le ponía cara, pero es lógico han pasado veinte (20) años y desde entonces no ha cambiado tanto, veo su rostro de mujer mayor, pero no aparenta 92 primaveras, ¡Es la protagonista de tan bonita historia, y me imagino la vive con orgullo y admiración por los suyos! creo que su mayor tesoro es ese libro de notas que heredó de su padre y que sigue ella de su puño y letra, para dejar constancia de sus orígenes y parentescos. Carli dale un saludo en nombre de mi mamá, como agradecimiento a su ayuda incondicional, cuando comenzó mami como maestra. Quiero conocer los detalles que siguen de esta bonita historia familiar, que va a la par de la Hostoria de nuestra Villa Trinitaria.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Tienes razón, Hecti, Hilda está espectacular para sus 92 primaveras y lo mejor es la lucidez que tiene! Es un archivo vivo, con todas las letras de la frase. Ni idea tenía de la historia que ocultaba Hilda, a quien conocía desde hace tanto tiempo. Es una pena que historias como esta a veces pasen desapercibidas, escapen a los ojos de la vorágine diaria, verdad? Aunque, que conste, a veces prefieron que no sean tan públicas para así adueñarme yo de ellas jejejeje. Soy muy malo?
      Un beso y me alegra ucho hayas disfrutado de la historia de este martes en la isla nuestra. Te quiero.

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  5. El tiempo y las ocupaciones deboran en ocasiones las posibilidades de dejar un cometario. Todas las historias se disfrutan, esta es como estar sentada junto a Hilda en su sillón acompañandote en cada tertulia. Se ve magnífica, vital y le bendecimos para continúe escribiendo. En mi familia hubo personas muy ligadas al magisterio como Hilda y entre ellas mi abuela paterna, Josefa Soto del Valle Rovira, nombrada Cheché, fue su discípula. Trinidad tiene una rica tradición, con amplia matriz de sucesos y testimonios, donde la Educación merece un espacio para contar. Te seguimos cada martes, un abrazo Mayra

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    • Gracias, Mayra. Es cierto que exietn todavía capítulos pendientes en la historia trinitaria como es el caso de la educación, muchos patriotas que participaron en la gesta independentista y cuyos nombres casi no figuran en libros o investigaciones….
      Ojalá y aparezcan seres como Hilda, con ese afán de escribir para el futuro, de convertirse en testimonios vivos de la historia centenaria de la villa. Un beso y gracias por la fidelidad.

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  6. Hola Carlos,

    hace mucho no se de la familia en Trinidad y me gustaria saber que ha sido de Hilda. Habra alguien que pueda contactarme atraves de mi correo electronico? Gracias y exito siempre!
    Ricardo Ruiz de Porras
    rroblan@yahoo.com

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