La epidemia del cuestionamiento

“Creen que porque son universitarios tienen a Dios cogido por las barbas”, dijo por enésima vez aquel funcionario de pulóver a rayas cuando se vio sin una razón contundente para explicarnos por qué dilataba la entrega de cierto documento oficial. Y por enésima vez quienes estábamos ahí corroboramos la validez de nuestra hipótesis: a la mayoría de los jóvenes, para dejar siempre un margen de error, que asistimos a las casas de altos estudios nos consideran seres de otro planeta.

Me aventuro a decir que esta realidad sobrepasa las fronteras territoriales de mi ciudad. Mas, para no pecar de absolutismo ni pisar espacios ajenos, me circunscribo una vez más a los márgenes locales.

La epidemia del cuestionamiento, así nombré-sin consulta previa con ningún especialista- este padecimiento cuyo blanco resultan quienes aún no terminamos de estudiar; una especie de virus que, aunque no figura en ningún manual de terminologías médicas, bien pudiera declararse en el futuro una enfermedad crónica trasmisible.

Al decir de quienes peinan canas, este fenómeno ha existido siempre, bajo otras denominaciones. Sin embargo, es ahora, cuando sufro sus consecuencias en carne propia, que advierto su presencia.

Todo empezó con comentarios aparentemente superfluos referidos al modo de vestir, de hablar de los universitarios una mañana cuando nos mezclaron con estudiantes poco más jóvenes de otros niveles de enseñanza. Lo que pudo empezar con una intención aparentemente trivial se convirtió en el detonante para agudizar la mirada durante los días venideros y corroborar que el ascenso de esta pandemia resulta implacable.

A aquellos criterios absurdos dichos sin tacto por profesionales, se suman otros más preocupantes porque nacen del ciudadano de a pie, sin una base objetiva. Semanas atrás pusieron en tela de juicio la veracidad de un trabajo periodístico de un estudiante sin leer la primera línea, o sin detenerse a pensar siquiera que, a la larga, dejan en entredicho la competencia de todo un medio de prensa. Las temáticas de la redacción, vale decir, dista de la política y la economía.

Resulta una rara necesidad de organizar un escarceo fuera de lugar, de apuntar siempre con dedo inquisidor y hacer que paguen justos por pecadores. Parece un estigma cuya mirilla apunta a quienes intentan labrase un futuro, lejos de vivir a expensas del azar…

Quienes hoy parecen contagiados con la plaga olvidan que también ellos exigieron un voto de confianza en sus años mozos. Y que conste, todas las manos dispuestas a encauzar, aconsejar, criticar con ánimos constructivos… serán siempre bienvenidas, pues si cada cual actuase al libre albedrío nosotros mismos hubiésemos adelantado el Apocalipsis, pero la frase “son muy jóvenes para hacer tal o mas cual cosa” no la acepto como una razón contundente; no me vale que a mis 23 años todavía intenten hacerme sentir como un chiquillo.

Tal vez estemos ante una mutación carente de antídoto. Al menos eso explicaría por qué se cierran puertas como si quisieran permanecer inmunes ante el posible contagio que pueda ofrecer mirar con mejores ojos a quienes, dentro de poco, abandonaremos las aulas para enfrentar la vorágine cotidiana.

Solo me queda cruzar los dedos, confiar que se trata de una mal efímero y existe un remedio para salir del cenagal de estos días cuando, muy a mi pesar, la epidemia del cuestionamiento crece desmedidamente delante de nuestras narices.

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10 Respuestas a “La epidemia del cuestionamiento

  1. Excelente post el de hoy, Carlos. hace un tiempo no comentaba y me disculpo por eso pero no significa que deje de leerte. Yo tambien sentí lo mismo que tú cuando empecé a trabajr. Muchas personas casi no me miraban porque pensaban que como acababa de salir de la universidad les iba a quitar el puesto de trabajo. Todos hemos pasado por momentos parecidos, lo que tienen que hacer es no dejarse guiar por esas malintencionados actos y seguir hacia adelante. Yo pensaba que ya esa etapa habia pasado hace mucho tiempo pero ya veo que no. Saludos.

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  2. Carlos Luis Sotolongo Puig

    Bienvenido de regreso, Roberto. Me alegra mucho llegue otra vez a la isla nuestra y deje su impresión. Gracias por seguirnos un martes tras otro. Muchas personas mayores me han contado experiencias similares a la suya. Ojalá y cuando me toque el turno ya esta “fiebre” haya terminado. Saludos para usted y ya sabe que por aquí lo esperamos todas las semanas.

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  3. A los humanos nos caracteriza lo racional, reflejos incondicionados inherentes y los condicionados que alarmantemente llegan a desarrollar hábitos como estos, aparecen de diferentes formas, tras generaciones. Pero debo confesar, en la mayoría de los casos se debe a desconocimientos y el más evidente es cuando mezclan cosas insolubles, pues las espirales dialécticas del desarrollo son contradictorias, no son idénticas y generan cambios, quién las niegue se niega así mismo y mientras lo hace y perdure en esas funciones lo único que hace es daño. Los que salen de las universidades representan lo nuevo. Solo personas que desconocen actúan así.
    Qué podría hacer un egresado de las Ciencias Naturales en un archivo de Historia, a mí me sucedió, fueron muchas las puertas que tuve que tocar para hacer valer la utilidad de la profesión, y entre ellas la del fatalismo geográfico, pensé que al cabo de 30 años de graduada esos modos de actuar fueran un objeto obsoleto.
    A Uds los jóvenes les corresponde crear la vacuna para no proliferen mutágenos como estos. El resultado a los esfuerzos, desempeño y competencia, pueden ser certeros antígenos, los anticuerpos que produzcan se encargaran de eliminarlos. Muy atinado, en este spot, de poner la teja antes de …. El abrazo de siempre, Mayra

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      De eso se trata, Mayra, de poner la teja antes de que caiga la gotera. Yo también pensé que a estas alturas escenas como esta figurarían solo en la literatura o las narraciones cotidianas cuando se evocara el pasado. Y son estampas que, lastimosamente, hieren mucho… aún me resta un año y un poco para adentrarme en el mundo laboral. Desde ya, me encomiendo a cuanta fuerza y Dios pueda existir. Un beso y gracias por tu reflexión oportuna.

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  4. Hector Jesus Betancourt García

    Carli,muy ocurrente el titulo de tu post de isla nuestra, todo lo que dices es muy cierto y tomando como referente, que cada recién graduado universitario, sea de la especialidad que sea, es el ultimo con el que cuentan en la empresa, hospital, centro educativo, etc, realmente es como falta de confianza en las nuevas generaciones, miedo a que expongan sus criterios o nuevas ideas, en fin …. Una epidemia como tu bien dices, que poco a poco irá sediendo, por que todos los que la padecen hoy tienen que recordar, que años atrás también ellos fueron recién graduados y/o primerizos .

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    • Al menos el fenómeno no ha llegado a generalizarse al extremo, Hecti. Todavía existen personas con la inteligencia suficiente para darle una oportunidad a los jóvenes. Al final, todo el mundo sale beneficiado, nosotros aportamos la teoría, aún fresca en nuestras mentes, ellos nos complementan al enseñarnos las mañas que han adquirido con la experiencia. Ojalá todo el mundo fuera como personas que he conocido y que me han aportado musho, precisamente por las oportunidades que me han dado… Un beso, gracias por la fidelidad.

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  5. Carli, muy justo tu razonamiento. No obstante, para los que somos un “poquito” mayorcitos, lo sentimos como un deja vu, es decir, algo ya vivido…y lamentablemente no en sueños. También yo lo sufrí en carne propia cuando me gradué, por fortuna, a medida que pasaba el tiempo, las cosas fueron tomando su cauce. Claro, hay casos y casos, así como hay ámbitos…y ámbitos. Imagino que en el periodismo la historia es diferente. Pero bueno, lo importante es demostrar el talento y empeñarse en hacer las cosas bien, lo demás va cayendo por sí solo. Estoy segura de que te harás valer pues cuentas con lo necesario para eso. Un beso!

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    • Sí, Mayra, es un deja vu… mi madre también fue víctima de episodios como eso, y mi padre-y con ellos me refiero a toda sus generaciones, tú incluida jejejeje. Aunque después baja la marea son momentos muy desagradables y tan pobremente fundamentados que es lo peor del caso. Muchas gracias por tus elogios y ojalá eta epidemia se extermine por completo de la cotidianidad, sería una suerte para todos. Un beso.

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