En casa de don José Mariano, 20 años después

De pequeño casi siempre descubría mi regalo de cumpleaños, el de Navidad con semanas o meses de antelación porque hurgaba en el escaparte de mis padres. Mas, tales habilidades detectivescas no advirtieron el ajetreo aquel lunes de 1992, cuando mis progenitores colocaron en cajas lo concerniente a cada pieza de la casa. “Caja # 1, aquí están los cubiertos, platos y vasos”, apuntaron en un cuaderno para saber dónde colocar aquella especie de arcas cuando llegáramos al nuevo destino.

Nada recuerdo de los siete viajes a cargo de Manolo- muy famoso en Trinidad porque en su camión trasladaba desde ladrillos hasta una vivienda entera-. Tres de esos viajes fueron necesarios para mudar el taller de radios de mi abuelo-.

Mis recuerdos empiezan a bordo del vehículo junto a mi madre, quien llevaba entre sus manos una funda de almohada donde dormía Tocha, una gata arisca que pocas veces pude acariciar.

Horas después la mudanza irrumpió en una plaza ajena para mí, alrededor de la cual se erigían palacetes, una iglesia… y el camión aparcó frente a una casona de descoloridas puertas cuya fachada no podía inspirar más desolación. Ni siquiera mi padre pudo aceptar lo poco que sobrevivía de la belleza del caserón donde transcurrió su infancia. “En diez años lo levantaremos”, le dijo mi madre-tal vez a modo de consuelo para no correr del espanto- cuando vio los muros palidecidos, agrietados, el patio de tierra con un platanal al fondo capaz de albergar caballos y vacas, el cuarto improvisado en plena sala con paredes de cartón bagazo para aprovechar el aire que se escurría entre los ventanales de madera y el largo trecho por recorrer para reanimar el paisaje deprimente de aquellas ruinas habitables donde me negué a pasar el resto de mi días.

“Esta casa es muy grande. Yo quiero la otra”, repetía a cada rato para ratificar mi voto en contra de aquel traslado. Todo me incomodaba: el olor, los techos, el silencio; me apabullaba la altura de las paredes, el color de los pisos… hacía catarsis del mínimo detalle- quién sabe y fue este mi primer intento de rebeldía infantil-.

Mucho tiempo trascurrió para encariñarme con mi nuevo hogar. Como nada resolvería con mis pataletas diarias, terminé acostumbrándome. Transformé el platanal en la verde pradera ubicada detrás de mi reinado ilusorio y los rincones en base de operaciones o aulas donde sometía a mi abuela paterna a clases de español. De a poco surgieron los afectos.

Más tarde supe por boca de mi padre que en esa casona donde celebré cada uno de mis cumpleaños, donde me partí la barbilla por correr con el piso mojado… vivió y murió don José Mariano Borrell y Padrón, rico sacarócrata de Trinidad en tiempos de ingenios; que a la luz de la bombilla de la saleta mi bisabuela y mi abuela tejieron hasta el amanecer-ahí también mi tía abuela tenía una academia de corte y costura-; que en esa cocina rústica elaboraban panetelas para vender, y que yo era la quinta generación de mi familia paterna en habitar esos dominios. Eso, aparejado al desgaste de ambos para construir el hogar familiar, terminó con mi rechazo ya de por sí debilitado para entonces.

Mi casa retoñó hasta convertirse en lo que ha sido a lo largo de estos años: un sitio dueño de una posición codiciada-es la única casa con vista a la Plaza Mayor, una perspectiva única al atardecer-, devenida en boutiques, casas parroquiales, entre otros escenarios construidos por los cineastas que sucumben ante su encanto; un lugar sui-géneris de ritmo agitado, a veces insostenible, donde convergen a diario muchos amigos para conversar o desahogar sus problemas; un recinto donde deambulan los espíritus, según expresan quienes poseen “su gracia”, cuyos espacios han acogido a actores, investigadores, músicos… (y no es autosuficiencia).

Aun falta por hacer. Las dimensiones atentan cuando se precisa resarcir algún imprevisto con las goteras, las paredes… dado por la espacialidad y la proporción de materiales a la hora de enmendar una rajadura del siglo XVIII. Vivir en el Centro Histórico acarrea también desventajas respecto al abastecimiento de agua, lejanía del centro urbano, restricciones constructivas, etc.

Sin embargo, tengo fe que algún día, con reciba el cobro como reportero a fin de mes, devolveré las pinturas murales sepultadas bajo las capas de cal en las paredes por culpa de los exorbitantes precios que alcanza la restauración de un metro cuadrado; regalaré a mis padres la cocina estilo mediterráneo que tanto desean, ubicada al fondo, como estuvo en tiempos de antaño y preservaré el Patrimonio del palacete que don José Mariano Borrell comprara en 1812 y al que llegué un día como hoy, dos décadas atrás, producto de un reajuste familiar que implicó permutar cinco casas el mismo tiempo. Apenas tenía tres años, no podía imaginar cuán afortunado era.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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18 respuestas a En casa de don José Mariano, 20 años después

  1. Roberto Glez dijo:

    Carlos: !este articulo esta muy bueno! Me pareció estar contigo ahí en cada momento que nos describes en tu relato. es muy bonito eso que cuentas de tus padres y el esfuerzo que han realizado para echar pa lante. Yo no te conozco pero creo que eres una persona muy dichosa de tener una casa muy bonita si es esa que aparece en la foto. ¿todavía la conservan como en estaba originalmente? Saludos

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Muchas gracias, Roberto, Fíjese si soy dichoso que hoy no imagino mi vida fuera de esos predios coloniales. Sí, mi casa es la de la foto y, ciertamente, es muy bonita. Por suerte hacemos todo lo posible para conservarla tal cual era, solo nos queda pendiente el asunto de la cocina, que hubo que mudarla por cuestiones económicas… Un saludo para usted.

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  2. JOSE F GONZ dijo:

    EN ESA CASA HAN OURRIDO EVENTOS MUY IMPORTANTES!!POR EJ EN MAYO DEL 95 ENTRO UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA. QUE VENIA DE MUY LEJOS. EN JULIO DEL 1996 SE CELEBRO OTRO EVENTO SOCIAL MUY IMPORTANTE, Y ASI MUCHOS OTROS EVENTOS QUE HAN CONTRIBUIDO A LA UNIDAD DE ESTA GRN FAMILIA SOTOLONGO, PUIG, PENA, FORMOSO, GONZALEZ, MONTERO, GUTIERREZ!!!!!!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Seguro, Jose, este familión nuestro es tremendo, tiene unas historias increíbles-como estas de la isla nuestra jejejeje-Y no son los eventos que han ocurrido, sino los buenos momentos que aún nos faltan por compartir juntos!!!!Un besote para todos por allá.

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  3. Dr.Mario Alberto Triana Estrada dijo:

    DESDE LEJOS RECUERDO TU CASA UN SITIO DE ENCUENTRO DE AMIGOS QUE ENTRAN , SALEN Y CASI SIEMPRE COMPARTEN POR UN RATO , LOS SABROSOS DULCES DE BEBA Y EL GRATO RATO DE ACOMPAÑAR A TU FAMILA, UN ABRAZÓN A TODOS .SE LES EXTRAÑA UN MONTÓN

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      hay días en que ese “entra y sale” de la gente saca de sus cabales a cualquiera, Mayi y tú bien lo sabes, pero a final se agradece porque son esas mismas personas que “entran y salen” las que después nos ayudan cuando lo necesitamos. Un beso para ti desde esta que tembién es tu casa. Te queremos.

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  4. rayma dijo:

    Carli conocí tu casa por dentro, allá por el año 87′ del pasado siglo. Siempre me recibió una dulcísima Mercedes Sotolongo que no sé ahora mismo en que lado tu parentesco estará. Era una mujer encantadora. Tus papis, que decir… magníficos, geniales y gente extremadamente inteligentes y sensible con respecto al patrimonio y la importancia de aguardar la historia y las tradiciones. Ahí hay doble fortuna, la de ustedes por vivir en un palacete magnífico , fresco y acogedor y la de esa casa por contar con moradores como ustedes que se han empeñado en conservarla a costa de muchísimos sacrificios, conocedores del valor extraordinario que tienen esas vetustas casonas. Ojalá y Dios te dé la oportunidad de poder restaurar esas pinturas murales de tu casa pues no solo estarás dejando un legado a tu familia sino a todo el pueblo y la cultura de Trinidad. Un besote y espero poder seguir contando con vuestra amistad y poder seguir siendo recibida en tu casa por tu familia en esas inolvidables tertulias que cada año me regalan como magníficos anfitriones que son.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Rayma: me has sacado los colores, en serio. Mercedes Sotolongo era mi bisabuela. Yo tengo fe que podre restaurar las pinturas, ya verás y de hacer esa cocina que tanto sueña mi madre. Bien sabes que las puertas de la casa siempre estarán abiertas para ti y para toda tu tropa. Esas tertulias en la saleta son maravillosas, esperemos y pronto podamos repetir alguna,. Un besote y gracias miles. Les queremos.

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  5. Manuel Alberto Garcia Alonso dijo:

    Alabao, que clase de post!
    Magnifico ese oficio de desenterrar las raices y de mostrar el pecho con orgullo de lo que eres. Tu casa, querido amigo, una vez me inspiro un poema que te pido permiso (esta vez por anticipado), para publicarlo en tu blog.
    Tuyo, el Manue

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Manue: Te voy a hablar sin rodeos: Dispones de menos de 48 horas para que publiques ese poema!!!!!jejejeje
      ¿Cómo es eso de pedir permiso?Mi hermano, no nos prives de tus regalos literarios!!!
      Un abrazote

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      • Manuel Alberto dijo:

        Bueno, creo que debo contar brevemente la historia.
        Un día subía yo de casa de mami a mía y había un calor de ampanga. En la acera de tu casa encontré una sombra amabilísima. Me rescosté a la pared, Carlitín, y la frecura del muro fue un bálsamo milagroso. Tuve que escribir este poema, amigo querido, como gratitud a esos viejos y refrescantes muros.

        CONCRECIÓN DEL SILENCIO

        El muro que delimita el espacio es la concreción del silencio.
        En su ruidoso hincarse bajo la tierra
        hay un beso hortelano que promete penurias.
        Un muro almacena acequias y arquitrabes,
        los acoge, inacabable como una raíz,
        y los multiplica en el orden de los vicios citadinos.
        Cada pared tiene su fauna desconchada,
        su flora oliente a lujuria…
        En cada una de ellas habita un frenesí vivaz
        que escapa de la sequía y los almendros.
        Un muro adquiere raigambre cuando lo cubre el tiempo,
        cuando está marcado por contornos y destierros,
        cuando, agriamente, resiste el pormenor de un aguacero.
        Nace un muro,
        y nace un anacronismo bullicioso
        que crecerá hasta el corazón del barrio,
        hasta los sortilegios de la argamasa y la piedra vespertina.
        Muere un muro,
        y aparece un reposo humilde,
        como el sueño de esta ciudad callada
        cuando dialoga con el viento de la noche.

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      • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

        Ya ves, Manuel, por qué demorar la entrega de maravillas como esta por un simple trámite burocrático, y además digital jejejeje.
        ¿Quién le diría a don José Mariano que los muros de su palacete aliviarían el cansancio de un poeta e inspirarían un cmposición como esta?
        Como siempre aquí te escribo mis fragmentos preferidos:
        “(…)Un muro adquiere raigambre cuando lo cubre el tiempo,
        cuando está marcado por contornos y destierros,
        cuando, agriamente, resiste el pormenor de un aguacero.(…)”
        Miles de gracias, Manuel, por estos detalles-el poema que publicaste en el post “Oasis en el cielo”, sobre las nubes, lo tengo en un documento en la PC, ahora añdiré este-.
        Gracias otra vez.
        Un abrazo

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  6. Hector Jesús Betancourt garcia dijo:

    Bueno , bueno Carli, no sabes cuanto me has hecho recordar con este post, yo no sé si te puedes acordar,(eras pequeño ) pero esa famosa ” permuta, fue como la de la peli de la Fornés, te aseguro que en Trinidad, no a existido otra igual, ja ja, tu imaginate el movimiento de personas y cosas de cada casa, el camión, carga, descarga, y luego a tratar de organizar mas o menos los muebles de tu casa, como por ejemplo el Súper- sofá
    Que te puedo contar, lo viví en primera persona, yo como tú me negaba a la permuta, al ver la casa completa “grité ” No a la permuta,!!!! Carlos E. Se reía y me decía, esto se arregla poco a poco, Galy pues me miraba y luego miraba a todos lados, aquel caserón imponente y casi en ruinas, yo no le veía solución, tu abuelo no decía ni mu, creo que no hablò em 3 días, “Madre mía” y luego ya sabes, subía del hospital y ayudaba a tu papá, mueve muebles, esto aquí, no no aquí, un verdadero show, ja ja. Humberto tu primo y yo éramos como Juan y Samtiago, ( los albinos) en fin mi niño, te puedo decir que auné acuerdo para donde se mudaba cada quien, tu abuelo Enrique y Chachi, tu Tia abuela Mercedes, Pedro Pablo… Bueno bueno, lo que si te puedo asegurar con total contundencia, que bien hicieron tus padres en recuperar ese palacete de tus bisabuelos, tuvieron lo que se llama” visión de futuro” yo estaba totalmente herrado, pues al principio decía yo no me hubiera ido de la calle de Las Mercedes, en fin que hoy por hoy es tu casa una maravilla en todo sentido, por su ubicación, su restauración que poco a poco a ido cogiendo su esplendor de antaño y por la parte económica.
    Carli ojalá tus deseos se hagan realidad, pata que puedas darle ese gusto a tus padres y también por lo que significa en un futuro como patrimonio, no sabes como extraño cada día las tertulias de tu casa, con tus padres y con todas las personas, personajes y transeúntes tan variopintos que pasan por tu casa. Un besote, te quiero, los quiero, besos a Beba, Peruchon y tus papis, los he recordado mucho con tu post.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Hecti, me he reido mucshicimo con estas historias que colorean aun más el post de este martes. ¿Así que tú también pensaste que levantar el caserón era una misión suicida?jejejejeje
      Ahora que uno analiza los sucesos con la lupa de los años es que puede aquilatar el valor de lo que tiene, ¿verdad?
      ya verás cómo le voy a poder el gusto a mis padres, pronto disfrutaremos juntos de esas tertulias que nos encantan, ya verás!!!
      Un besote

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  7. Carli, es un post genia, me ha encantado porque me pareció sortear junto a ustedes todas las peripecias. Estoy de acuerdo contigo: eres muy afortunado, no solo por habitar la casa en la que han vivido cinco generaciones de tu familia, sino por tu propia familia que es, en realidad, el mayor tesoro. Un besote a todos!!!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gisse: creo que tú también te hubieses espantado del estado tan triste de la casa el día de la mudanza jejejeje.
      Fíjate si soy afortunado que entre las personas de las que puedo gloriarme han visitado mi casa se encuentra la subdirectora del semanario Escambray!!!jejejeje. Ella, por cierto, aun me debe una vista de fin de semana y tiene un helado de chocolate aguardando. Dale el mensaje, que no se te olvide!!!jejejejeje. Un besote de parte de todos nosotros para ti, que ya eres parte de esta familia. te quiero!

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