Hipnotismo sobre rieles

Hipnotismo sobre rieles

El pitido de una locomotora me desenfrena el cuerpo. Basta escuchar cómo despiertan los motores para alborotar mi alma mientras una sensación irrumpe a velocidad inusitada hasta la médula. Hechizo con los trenes.

Antes basaba mi delirio en los viajes rumbo a Casilda, poblado de pescadores localizado a pocos metros de Trinidad, acompañado de mi abuela paterna a bordo de aquella mole de hierro negra con listas malvas en la parte delantera; o tal vez en las visitas a Condado, caserío situado en la zona rural, donde cada verano la familia pasaba una jornada entera recostados en los taburetes despejando del calor estival mientras mis primos y yo nos desprendíamos loma abajo montados en carriolas.

Para ese entonces el tren que atravesaba a pleno día el Valle de los Ingenios había mutado su forma habitual: ahora resultaba un esqueleto de guagua con ruedas de hierro sobre los raíles, pero poco importaban tales detalles. Mi felicidad consistía en pelear a toda costa por la ventanilla para perderme en el verdor del monte, velar a los mayores, sacar la mano para sentir el aire arremeter contra mis cinco dedos, aunque al final me ganara el regaño y la amenaza de “si la sacas otras vez, viene el hombre con el machete a cortártela”.

Después, en plena adolescencia, supe que la fascinación por los ferrocarriles formaba parte indisoluble de mis esencias gracias a un gallego, quien con 14 años zarpó furtivo en la bodega de una embarcación con destino a Cuba cuando estalló la Guerra Civil Española, y que por los entresijos de la existencia terminaría convirtiéndose en mi bisabuelo materno.

Mientras el locomotor cortaba pueblos a la mitad, silbaba estrepitosamente para anunciar la llegada a la estación y develaba paisajes de ensueño el joven emigrante saciaba el hambre de los pasajeros con el buffet a su cargo. El último amanecer le sorprendió a bordo, en el vehículo que trasladaba la caña del valle hasta el central FNTA.

A pesar de los desvencijados vagones, la fetidez en algunos de ellos, las pocas luces encendidas al llegar la noche y los dolores en los huesos tras horas de viaje, he salido desde Cienfuegos, o Majagua, en Ciego de Ávila, de regreso a la ciudad donde descansan los restos del Che.

El delirio alcanza el punto que, al menos una vez por semana, siento de la necesidad de subirme al lomo de Pancho Alfredo Ferroso-así ha llamado un fututo colega al tren universitario- para viajar hasta Santa Clara. El trayecto resulta más largo, el paisaje es el mismo, casi lo domino a la perfección, pero lo disfruto igual.

Nada perturba el bienestar cuando los tranques de los coches se estremecen y echan a andar. Siempre he asociado los trenes con las historias de amor. La analogía ya no me suena descabellada del todo, no después de escuchar las declaraciones de la poetisa cubana Carilda Oliver Labra de cómo las paredes de un vagón devinieron buzón para intercambiar mensajes románticos con un enamorado suyo a través de graffitis en las paredes.

Resulta curioso: no conocí a mi bisabuelo, ni siquiera viví los días del esplendor ferroviario de Trinidad. Ya en mi época apenas quedaban los residuos de la bonanza. En la ciudad, el único tren digno de estos días -entiéndase en su concepto reducido- es el destinado a pasear a los turistas por el Valle de los Ingenios.

Si bien ya no abordo el gigante de hierro rumbo a Casilda o Condado, tengo fe de presenciar algún día la rehabilitación de las vías férreas oxidadas en distintos parajes de Cuba; espero ver cómo el pitido de la locomotora arrebata otra vez el silencio de los bateyes ubicados a ambos lados de los raíles y, por qué no, añorar que desde la estación de Trinidad salgan moles de hierro rumbo a lejanos lugares de la geografía tal cual sucedió cuando mi madre estudiaba Derecho en la “Marta Abreu”.

En tanto continúo con mi viaje de media hora hasta Santa Clara dentro de Pancho Alfredo, siempre con la incertidumbre de saber si quizá mi bisabuelo caminó antes por el vagón donde viajo.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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18 respuestas a Hipnotismo sobre rieles

  1. Es una pena que en trinidad hayan pasado al olvido los kilómtreos y kilómetros de linea ferrea, que resultan una via bastante asequible de transporte. No han sido pocas las veces que he imaginado un tren, colonial como todas las cosas de esta villa, atravesando el valle de los ingenios y dejando escuchar ese sondio que tu describes. La verdad sería un hermoso disfrutar de esa dicha.

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    • Coincido contigo, Luis. Quièn sabe y nosotros mismos nos hubièsemos beneficiado con el tren para viajar a la Universidad, eh? Tengamos fe que algùn dìa disfrutaremos de ese paisaje y los venideros universitarios dispondràn del gigante de hierro para viajar hasta la “Marta Abreu”. Ah! gracias por comentar, espero y se repita jejeje.

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  2. FRANCISCO dijo:

    WOW!! SI EN LA LOTERIA EXISTE UN NUMERO QUE CORRESPONDA A LOS TRENES, SEGURO QUE LO VOY A JUGAR HOY!!!
    AMANECI COLGANDO UN POST SOBRE EL RAMAL TRINIDAD/ STA. CLARA QUE APARECIO EN ALGUN BLOG, CON UNA FOTO BELLA DE UN TREN PASANDO SOBRE UN PUENTE. ME HE PASADO LA MANANA ENTERA DEBATIENDO CON OTRA AMIGA SOBRE EL NOMBRE DEL PUENTE ( “LAS MARIQUITAS”) Y AHORA ME SALES TU CON ESTO!!!
    HAY COSAS QUE ME TOCAN DE CERCA EN ESTE POST:
    UNO, MI ABUELO INMIGRANTE VINO DE CANARIAS EN CIRCUNSTANCIAS Y EDAD SIMILARES A LAS DE TU ABUELO E IGUALMENTE ACABO SIENDO EL PATRIARCA DE UNA FAMILIA DE FERROVIAIRIOS, INCLUYENDO YERNOS, NIETOS, ETC. (NO SE COMO ME ESCAPE DE LOS FERROCARRILES)
    DOS LA FASCINACION POR LOS TRENES NUNCA SE ME HA QUITADO A PESAR D E LAS LARGAS NOCHES DE VIAJE ENTRE VARIOS PUNTOS DE LA ISLA.
    TRES, NUNCA DESPRECIO LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR EN ESE MEDIO ( SUENO CON ATRAVEZAR EL PAIS DONDE VIVO EN TREN, DE NUEVA YORK A SAN FRANCISCO, Y DE AHI A DALLAS, TEXAS)
    Y CUATRO Y MUY IMPORTANTE: TAMBIEN SUENNO CON VER RESTAURADO EL RAMAL TRINIDAD PARA PODER TENER DE NUEVO EL DISFRUTE DEL BELLISIMO PAISAJE DEL ESCAMBRAY Y EL CAUCE DEL AGABAMA AMEN DE CONTAR CON OTRO MODO D E COMUNICACION CON EL RESTO DEL PAIS.
    SALUDOTES.
    JF

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  3. Manel dijo:

    Buenos dias Carli, dsde Barcelona(este Jose Francisco siempre se me adelanta¡ggrrrrrrrr, jajajaja), linda descripcion la que hoy nos ofreces, casi puedo escuchar el pitido del tren, el machaqueo de sus ruedas pesadas sobre los railes y el crujir de sus vagones.
    Ojala algun dia podamos ver de nuevo esos trenes cruzando Trinidad y la isla entera, yo en Barcelona he tenido la oportunidad de tomar alguna vexz este medio de transporte, pero no nos engañemos, la vista y el olfato que te da Cuba, con sus campos,colinas, montañas,valles,etc, no es lo mismo que andar en medio de inmensos edificios de cemento, que casi no te dejan ver la luz del Sol.
    Un abrazo para todos……y para el que siempre se me adelanta tambien¡

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    • Manel, lo importante es contar con tus criterios cada semana jejejej. Ponte de acuerdo con Jose para que un martes comentes tù primero jejeje. Debo confesarte mi envidia, sana, pero envidia al fin y al cabo porque yo no he tenido la suerte de montarme en un tren como Dios manda hace mucho tiempo y aunque coincido contigo en que son incomparables los paisajes bucòlicos de esta isla nuestra con las urbes de otras partes del mundo-para viajar a borde de un vagòn, digo-al menos aspiro a montarme en uno de mediano confort. Un abrazo y no pierdas el rumbo. Aqui te espero.

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  4. Roberto Glez dijo:

    Recuerdo cuando era joven el tren que pasaba por Placetas, ese sonido que nos despertaba a todos cuando pensabamos que habia muchos silencio, a veces me asustaba y pensaba que Placetas se iba a derrumbar. tu siempre me traes buenos recuerdos.

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  5. Yaima dijo:

    El tren es en donde mi madre me llevaba al campo para casa de mi familia tambien. yo nunca voy a olvidar cuando me fajaba con por la ventanilla jijijijiji. Gracias Carlos por tu articulo siempre

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  6. maria perez mena dijo:

    Buenas noches, recien entro, veo este articulo y me emociona los trenes son una pasion desde peque sera que era el medio de transporte mas usado para ir de vacaciones, despues los viajes de Universidad, de amigos, una sensacion enorme y ver como han evolucionado, pero extraño con mucho los de antes, los de ahora mas modernos mas rapidos, mas comodos, pero no disfrutas del paisaje.
    Gracias Carlos por este ratito tan genial que pase al leerte.
    Un abrazo

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      María: ya te extrañaba por aqui y me complace saber que comparto contigo tambien la pasion por los trenes. Yo hubiese querido que en esta época mía hubiesen sido un medio de transporte del cual tuviera que depender. Tal vez por eso los añoro tanto. Muchas gracias por la gentileza de leerme siempre. Me alegra saber que esta islita alegra tus noches y días. Un beso. Regresa siempre.

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  7. marilú dijo:

    Casi ya me siento parte de tu blog y los busco pues encuentro tu extraordinaria sensiblidad, a mí los trenes me dan nostalgia, vivo en un pueblo que tiene un ingenio y allí el ruido de los trenes y el olor a azúcar me remueven mi mundo “inmaterial”. De Trinidad recuerdo el tren que cruzaba el ¿Agabama? e iba a Santa Clara, extraordinario paisaje, un viaje de ensueño ojalá pueda, algún día, volver hacerlo. Un beso

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    • Mari: buena sensación esa que compartes con nostros de sentirte parte de esta familia de martes. No pierdas nunca el rumbo y si dejas tu criterio mejor jejejeje.
      Dichosa tú que escuchas el pitar de las locomotoras y la melaza te llega de cerca. Espero algún día experimentar lo mismo que tú. Esa ruta que mencionas la tomaron no pocos estudiantes hace muchos años. Gracias otra vez por la fidelidad y nadie sabe podamos viajar juntos algun día por un tren trinitario y deleitarnos con ese paisaje de ensueño. Un beso desde tu villa.

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  8. MERCEDES MAURI FORNIAS dijo:

    me encantan los trenes mntar en ellos, seria bueno una vez a la semana hacer una gira para cubanos al valle, barato donde todos tengamos para poder disfrutar nuestro bello valle, que te parece amigo carlos, muy indo el post de este martes,

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      A mí me parece fenomenal tu idea, Mechi, sería genial que por un precio acorde al bolsillo de los trinitaros pudiéramos pasear por el valle. El problema es: ¿Quién se decide a poner el tren?
      Gracias por los elogios y miles de gracias por comentar porque sé cuán difícil es, sobre todo para ti…
      Un beso. Siempre te espero en esta dirección.

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  9. manuel alberto dijo:

    Jejeje, me estoy actualizando con tus post desde mi Nokia, gracias a que el wi-fi del hotel es rápido. Por cierto, Carli, no sé qué coño es un wi-fi, yo sólo pincho en el cel y leo tus blogs. Así que no me hago el informático ni ná, que en esto soy un bestia…
    Nos enamoramos, querido amigo, de esta Costa Rica encantadora. Maravilloso país, con un cuidado exquisito por el medio ambiente, una cultura de la amabilidad y un amor por lo suyo que cautivan. Hemos hecho mil cosas (canopy, rafting, excursiones a un volcán…), y por supuesto, disfrutamos de la buena jama tica.
    Me encantó tu historia. Ya sabes que me apasionan los trenes, hasta en eso nos parecemos. Quizás un día te cuente de mi papelazo la primera vez que cogí el metro en Oslo. Alabao, qué pena pasé!
    Mil besos a la Gali y un abrazote enorme al puro. Diles que los queremos una pila.
    Por cierto, mi hijo, para emular con las locuras de su padre, se antoja de salir con los cuatro colmillitos al mismo tiempo, así que tiene fiebre y anda gritoncete, martirizando a malanga en los restaurantes. Pobrecito!
    Por lo demás, todo en orden.
    Tu yunta, el Manue

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gracias por leerme siempre, Manue, ya sea a través de la wi-Fi, que no es más que una conexíón inalámbrica, o por el tradicional método del ordenador.
      Qué maravillas eso que me cuentas de Costa Rica. Leyendo tu comentario hasta a mí me perece conocerla…
      Desde ya espero la historia del papelazo, fíjate que más delante tengo algunas ideas sobre el tema jejejeje.
      Espero y Cristian Alberto siga mejor de la fiebre, ahora a aguantar las mordiditas jejejeje. Un abrazote y gracias por regresar. Ya te extrañábamos!!!

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