La furia del libro

La furia del libro

Cuando la Feria Internacional del Libro llega a los municipios del país experimento una sensación de escepticismo y, al final, ratifico mis suposiciones un año tras otro: hace mucho, pero mucho tiempo, que la directriz principal de la fiesta de la literatura yace difuminada, sin remedio aparente.

Al menos así sucede tanto en la ciudad de mis nostalgias como en otros parajes de Cuba, a juzgar por diferentes opiniones recogidas en otras bitácoras personales.

Cada vez que estoy en un costado de las infelices tiendas erigidas para proteger a ejemplares y vendedores tengo un falso dejá vú. Y es que buena parte de los títulos me resultan familiares porque estaban en la feria anterior, pero como nadie quiso llevarlos a casa los confinaron al estante de una librería el resto del año. Ahí durmieron hasta este febrero, cuando le sacudieron el polvo para volverlos a distribuir con la esperanza que corran mejor suerte.

Este año la librería, un improvisado punto de venta en el portal del Cine Romelio Cornelio, junto a dos carpas de Artex constituyeron los únicos escenarios para los lectores trinitarios. Apenas llegaron un número considerable de los ejemplares recién editados y cuando sucedió, se requirieron dotes acrobáticos para alcanzar uno porque debías enfrentar a una muchedumbre que, en la mayoría de los casos, los adquirió “porque es el libro de este año y me dijeron estaba buenísimo”, según escuché, como si se tratara de un insumo cualquiera.

Me niego a aceptar la pobreza de títulos y supongo que algo de cierto tienen los comentarios pronunciados en voz baja sobre los textos que nunca salen a la luz y transitan furtivamente en las barrigas de los bolsos, cubiertos por papel periódico, hasta llegar a las bibliotecas particulares. 

“Comprar un libro es un acto completamente espiritual. Es preciso tocarlo, hojearlo, saborearlo…”, dice mi madre, pero quedas perplejo al ver el gentío abultarse mientras alguien le exige a la vendedora “dame ese de ahí, el del muñequito blanco sobre el fondo rojo, ese mismo…”

Al menos en Santa Clara, la ciudad donde estudio, se respiran aires diferentes-aunque también con dosis de contaminación- y hablan de tal evento teórico o mas cual conversatorio como Dios manda. No así en mi Trinidad-ah, las desventajas de volcarse de a lleno al turismo y no prever cómo se extingue el desarrollo cultural que otrora tuvo la ciudad-.

Tal vez quien decretó el carácter anual-y hasta obligatorio- del evento no previó cómo estos días de plácemes para el recreo intelectual devendrían una especie de fiesta popular, donde los volúmenes se transforman en raseros para el bolsillo de los ciudadanos.

Por estos días compro pocos libros, confieso, acaso porque me resulta ridículo verme como quienes cargan bolsas repletas de ejemplares cuyas páginas, tal vez, jamás abrirán y quedarán condenados en un rincón hasta la llegada de las trazas, en el mejor de los casos, porque aun en medio de la marisma hay quien no puede resistirse al encanto de ostentar a través de la compra.  

La mejor definición del fenómeno la escuché el pasado diciembre en boca un profesor. “Cuídense, muchachos-advirtió-. Cuando la Feria comienza, las personas adquieren hábitos obsesivos compulsivos porque se desata una peligrosa enfermedad, un  virus llamado la furia del libro”.

¡Dios me libre de contraerlo!

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12 Respuestas a “La furia del libro

  1. Carlos, lamento mucho esto que nos cuentas de la feria en Trinidad. Esperemos y para el próximo año sea mejor. gracias por mantenernos al tanto porque aunque no soy de ahí me imagino que algo similar ocurra en otros municipios. Saludos.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      No está usted equivocado, Roberto, en muchos de los municipios del país se repite esta estampa más veces de las que usted imagina…
      También yo quisiera que para el año próximo este panorama se revirtiera, pero me parece que no…
      Saludos.

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  2. Carli, este post me ha tocado muy de cerca. Fui de los que planificó la primera feria del libro en Trinidad. Lucrecia Ichazo me dijo: Sueña, Manuel, lárgate a imaginarte cosas lindas para la ciudad y los libros. Lo realizamos (entre muchos) y fue un bonito proyecto. Claro, yo soñé tan grande que me mutilaron más de la mitad del sueño (ya sabes, recursos materiales, bloqueo, etc). Ahora, querido amigo, es una terrible pesadilla eso de vender libros en portales, en lugares inapropiados por muchas razones. Vender un libro es una fiesta para el alma del vendedor, que debe acariciar el lomo, las ojos y sentir dolor al desprenderse del ejemplar que vende. Tonto, pero así es ese acto de espiritualidad. Y no te digo nada del comprador, el salto de alegría y la euforia incontrolable al comprar su nuevo tesoro.
    Quizás (como escritor) idealice y tontifique el hecho, pero ya está dicho: así creo que debe ser.
    El asunto rebasa los límites de la feria, se va más allá de la cordura y es un desafío al entendimiento. Uno se siente impotente al no hallar respuesta a esta pregunta: Cómo es posible que pase así con todo? La Semana de la Cultura, la Casa de la Trova, la Casa de la Cultura, el Museo Romántico, los carnavales, cada feria y evento… En fin, el mar…
    Mil abrazos, el Manue

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      Muy poco, o casi nada, queda de esas riemras ferias, Manuel.
      Lo peor del caso es el desinterés generalizado que prima en esta fiesta de la literatura. Casi nadie te sabe ofrecer una síntesis respetable de un texto, muy pocas vendedoras logran incitarte, convencerte de la pertinencia de llevarte determinado título a casa…
      Al menos me queda el consuelo que este paisaje triste no toca solo a Trinidad, sino a muchos puntos de la geografía cubana…Una pena…
      Abrazos para ti. Nos vemos siempre por estos predios digitales.

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  3. Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

    Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

    Son las caídas hondas de los Cristos del alma de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

    Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

    Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      Tú como siempre, llenando esta Isla nuestra de cada día con versos que valen la pena… con detalles que enriquecen este encuentro de martes. Gracias por el detalle.

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  4. Carli, muy atinado tu artículo. Lamentablemente es así. Yo tuve la oportunidad de asistir a unas cuantas ferias en La Habana e, independientemente a que allí tiene otros matices (conversatorios, presentaciones de libros, etc), no es menos cierto que se produce el fenómeno de la “furia de los libros”. Lo peor del caso es que, en muchas ocasiones, los libros comprados duermen el sueño eterno en los libreros y cajones, de los que hacen acrobacias para comprar “el libro del año”. Otro fenómeno muy frecuente es el de los que acuden a La Cabaña solamente a comer y beber y se pasan todo el tiempo haciendo colas en los timbiriches. Muy lejanos están los tiempos en que en cualquier momento del año se podían adquirir libros espectaculares en la Moderna Poesía o en cualquier modesta librería de La Habana, incluyendo aquellas de libros viejos que yo disfrutaba muy especialmente. Para no decirte de las maravillas que se encontraban en nuestra pequeñita librería de la calle Jesús María donde yo era más que asidua, a punto que Luisa a veces me dejaba cuidándola cuando ella debía salir un momento…en fin!
    Le agradezco a Manuel Alberto su regalo vallejiano y me sumo a su sentimiento de impotencia y tristeza.
    Saludos para todos y buena semana.
    Un beso, Carli.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      La arista de cómo las ediciones de la Feria del Libro también devienen eje para la recaudación de ingresos de muchas entidades de gastronomía quedó pendiente, Mayra, porque al menos en Trinidad no es muy común-bueno, sería el remate-, pero todavía en muchos lugares, sobre todo cabeceras provinciales, se respira el olor a fritangas cercanas a las carpas.
      Aquí mismo, en Santa Clara, apenas se había inaugurado la Feria y en una esquina había un muchos cocos amontonados en una esquina porque no había dónde botarlos… y supuestamente el evento se llama Feria del Libro, sin otro calificativo detrás…
      Y lo otro son los altísimos precios que a veces en sitios como La Moderna Poesía adquieren los ejemplares.
      De aquellos días en que la librería de Trinidad era un sitio de ensueño-yo no lo viví, pero también mis padres me hablan con nostalgia de esos días-solo perdura el recuerdo.
      Es cierto que las nuevas generaciones apenas leen, eso es indudable, pero si encima de eso despjas de bríos el único evento literario que vale la pena en todo el año para la ciudad, entonces sí vamos barranca abajo. Un beso y ten también una buena semana.

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  5. Carli, es una vergüenza que todo se vaya degradando poco a poco y más cuando tiene que ver con la cultura , ( por ejemplo la semana de la cultura Trinitaria que fue pionera en su momento y la verdad que iba lo mejor de lo mejor, ahora ¿ que es la semana de la cultura? La feria de arte , y como bien nos deleitas este martes, la feria del libro en Trinidad. Ya veo que todo queda en la palabra que justifica escaseces, falta de medios, o mala gestión de los directivos municipales. “Bloqueo”
    En fin creo que una buena editorial, como lo ha sido Gente Nueva, haga tiradas de libros que hoy alcanzan ser primeros números en todo el mundo, como por ejemplo”La Catedral del Mar” Los Pilares de la Tierra” por mencionar títulos de mucha demanda.en fin Carli, es mi comentario, no digo más, sólo como dijera nuestro apóstol ; Ser Cultos, para ser Libres.!!!!!

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    • Sabia frase la de Martí, Hecti.
      El problema a veces ni siquiera tiene que ver con la escacez de recursos, sino con la poca importancia que se le da al evento, ese desamor que tanto daño hace…
      Pienso que sería mucho pedirle a las editoriales cubanas que editaran ejemplares tan compejos como los que mencionas, pero sí creo que deberían hacer de sus propuestas editoriales un verdadero gancho, empezando por el diseño del texto hasta por la selección del título en sí… hay clásicos de la literatura universal que merecen ver la luz nuevamente en vez de dilapidar recursos en títulos poco atractivos para los lectores. Un beso y gracias siempre por tus opiniones en este espacio.

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  6. Dios nos libre de contraer semejante enfermedad!! 😉

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