Ensoñación de primavera

Ensoñación de primaveraSucedió en abril. La noche sería de guitarra, cajón y rumba flamenca, de luces y aplausos. Para ellos, además, la noche olía a enamoramiento.

Semanas antes iniciaron una correspondencia furtiva, un intercambio de mensajes entregados cuando los otros desviaran la atención. Las notas escritas con caligrafía nerviosa, empapadas de la fascinación de haberse encontrado inesperadamente, les producían un cosquilleo en el estómago, un sobresalto constante cuando sus miradas coincidían en medio de discursos latosos.

Llegó el momento en que necesitaron decirse frente a frente las palabras apresadas en papel. Se dieron cita lejos de la ciudad. Conversaron con absoluta franqueza de los sentimientos sofocados en el pecho, se confesaron los temores, los escollos a sortear… y decidieron correr el riesgo.

Aparecieron las escapadas a cualquier hora del día, las excusas con los amigos para justificar por qué llegaban tarde a los lugares, por qué se quedaban embobecidos a pleno mediodía, por qué si uno hablaba del otro, los ojos le resplandecían.

Ellos convertían cada día en único: salían a caminar, compartían música, se regalaban tarjetas sin motivo especial, seguían entregándose cartas, uno le guardaba el dulce favorito del otro para cuando llegara la noche y volvieran a estar juntos. Algo debieron sospechar los demás, pero nunca les preguntaron, al menos no por lo claro.

Pero el secreto no duró mucho tiempo. Empezaron los rumores, los comentarios malintencionados que traspasaron el límite de lo permisible. La aventura devino incertidumbre. La cruz de la inexperiencia y el temor terminó sobre sus hombros y les pesó demasiado-al menos a uno de ellos, quien terminó aceptando, a su pesar, que su braveza no era suficiente para enfrentarse a molinos de viento-.

Comenzó el principio del naufragio, los pretextos para faltar a los encuentros, el nudo en la garganta cuando el uno tenía al otro delante y no se atrevía a decirle la verdad, porque todavía le quería. El letargo terminó con el fin de la primavera, una mañana en que, después de noches de insomnio, uno se resignó a la suerte de dejarle ir. El acuerdo de “quedar como amigos” resultó puro formalismo.

Hoy el silencio tensa el ambiente cuando están solos, apenas sostienen diálogos de larga duración fuera de temas oficiales. Quizá el uno no sabe de la tristeza que acompaña al otro desde la despedida porque nadie le ha vuelto a susurrar que lo quiere y lo necesita.

Todo comenzó y terminó en una misma primavera, la más maravillosa de todas, según confesó. Así sucedió, o al menos así lo contó él hace poco, cuando se reunió con sus amigos y para narrar experiencias definitorias en la vida de cada cual. “Las brisas de abril me remontan al instante donde todo el universo se redujo a un nombre, a un ser con quien me sentí el más excelso sobre la Tierra”, dijo.  

Todavía se pregunta si tomó la decisión correcta, si no hubiese sido mejor lanzarse el vacío, solo por una vez… pero ya no valen las suposiciones. Solo le queda el recuerdo de aquella ensoñación.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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16 respuestas a Ensoñación de primavera

  1. FRANCISCO dijo:

    HUMMMM!!! QUE PENA “que su braveza no era suficiente para enfrentarse a molinos de viento-” (sic.).

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Así me dijo, Jose. Tal vez si hubiesen tenido más experiencia pudieron haber enfrentado los molinos, que al final, tal vez, no eran tan bravos.
      Un besote.

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  2. Mayra dijo:

    Carli, hay historias…e historias de amor. Existen aquellas brevísimas que llegan para guardarse como destellos en la memoria, como alimento para el corazón. Forzar su permanencia es romper su magia. Tu amigo puede estar tranquilo y no lamentar nada, duró lo que tenía que durar. Ya llegarán otros amores, más o menos deslumbrantes, para los que seguramente estará más preparado.
    Linda historia!
    Un beso,
    Mayra

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Tienes razón, Mayra, hay historias de amor que marcan a los seres humanos para el resto de su vida y no precisamente tiene que ser una relación duradera…Yo tengo fe que él encontrará otra vez a alguien que le diga que lo quiere y necesita.
      Gracias por estar.
      Un beso grande.

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  3. Manuel Alberto dijo:

    Carajo, Carlitín, qué maravilla de post!
    Gracias por este regalo que me gustaría haber escrito. Siempre he defendido la tesis de que el amor se defiende con bravura, con arrebatamiento, con ojos fieros.
    Tengo que narrarte una historia. En enero, cuando estuve en Cuba con mis estudiantes, fuimos a Matanzas a ver una puesta en escena del “Patito feo”, por el grupo “Teatro de las Estaciones”. El punto de vista del director era (según sus propias palabras) precisamente ese, que la valentía de asumir lo que adentro tenemos (bueno o malo, corriente o diferente) es lo único que puede salvarnos. Dijo algo, además, que me conmocionó: “Yo odio la palabra tolerancia, por cobarde. Yo acepto sólo la palabra respeto”. Brillante, pensé y pienso.
    Estas dos personas de tu post, infelizmente, no tuvieron la suerte de meditar en la fuerza infinita de romper la lanza contra los gigantes.
    Por otro lado, suerge una pregunta: quién no ha padecido de esos dolores? Quién se ha sido fiel a sí mismo SIEMPRE? Quién no ha sentido, alguna vez, la ausencia de coraje para desafiar a los otros, que no son parte de nuestros problemas, pero nos juzgan, pese a todo? Este asunto, querido amigo, es MUY complejo… Como vez, ya aprendí a no juzgar con excesiva vehemencia…
    Ahora reflexiono en que tus párrafos son muy tristes, pero definitivamente brillantes, porque están llenos de humanidad.
    Por cierto, muy expresiva la foto que ilustra el post. Me gusta así, al revés…
    Mil abrazos de quien siempre admira tu inteligencia y valor, Manuel Alberto

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gracias por contarme tú también otra historia, muy bonita por cierto. Como siempre, te agradezco tus elogios. Todos hemos padecido alguna vez de ese vacío que mi amigo siente, y así se lo dije. Ya lo dices tú, el asunto es muy complejo, aunque tal vez con un poquito más de madurez el final de esta historia sería otro.
      Por lo pronto yo le agradezco infinitamente a mi amigo darme el permiso para compartir con ustedes su experiencia. Abrazos grandes.

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  4. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Carli, bonita historia de amor, que pena que terminara, casi cuando debía comenzar.
    Hay momentos en nuestras vidas, que amar es lo más importante, te sientes feliz, pleno , satisfecho de sentirte correspondido y sobre todo Libre !!!! Libre de prejuicios, del que dirán, te sientes Tú.
    Y eso de verdad es lo más importante.!!!
    Luchar contra los gigantes, no lo es todo, hay que buscar el respeto y la admiración de quienes de verdad te quieren.
    Un beso Carli.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Hecti, muy poco puedo hablar de amor, la verdad, pero sí las veces que Eros se ha apodertado de mí, me he sentido tal cual describes.
      Será que la felicidad no entiende lo que está bien o mal…pero a veces el juicio pesa para desafiar a los gigantes, creo yo, según lo que él me contó.
      Besos miles.

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  5. Manel dijo:

    Una historia de desamor, diria yo, verdaderamente tierna e infernal a la vez, yo estoy en que tal vez el amor debe ser uno de esos pocos sentimientos que cuando te lo sientes en el pecho, en la cabeza, en cada poro de tu piel, hay que lucharlo, finalmente va a ser tu felicidad y porque dejarla escapar ? por el que diran? NO, absolutamente NO, por amor vale la pena luchar y morir luchando.Un abrazo.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Coincido contigo, Manel, que el amor se defiende a mansalva, pero el espectro es mucho más cerrado cuando se tiene la edad de mi amigo, las cosas todavía son para él en blanco y negro. Solo ahora que ha crecido, pudo ver los matices por los que vale la pena inmolarse.
      Un abrazo. Gracias por regresar siempre a esta Isla nuestra de cada día.

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  6. Maria Perez Mena dijo:

    Preciosa historia de amor, propia de la primavera, pero si es verdad que en algunas ocasiones falta dar ese paso que se queda sin dar y nunca se sabra si fue para bien o no. Un abrazo

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Siempre queda el sabor de la incertidumbre, de la duda, de sabér qué hubiese pasado. Me alegra que te haya gustado esta historia, María. Qué bueno que siempre nos acompañas!!! Un abrazo para ti.

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  7. Roberto Glez dijo:

    Carlos, este martes tu historia me deja triste, es una pena que al final estas personas no llegaran a ningún sitio si habían vivido algo tan bonito. eres muy adortunado que pudieras contarnos esta historia, es muy bonita. saludos.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Siento mucho que este martes no se vaya usted con un buen sabor después de leer el post, pero así lo escuché aquella noche y no soy quién para alterar el final de esta historia, Roberto.
      Sí, me considero un suertudo por haber escuhcado esta vivencia, pero más porque me autorizaron a escribirla.
      El martes próximo le prometo que la historia será más alegre. Saludos.

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