Archivo mensual: mayo 2013

Confesiones

ConfesionesA todos, absolutamente todos, los que me han acompañado en este año de travesía.

Galinka y Carlos Enrique casi nunca me han dado un NO por respuesta, solo advierten de la responsabilidad, el peligro… y aún así se arriesgan conmigo. Así sucedió hace casi un año cuando decidí darle vida a este blog, a un día de cumplir 23 años -ya tenía hacía dos meses uno de fotografía-. Solo me pidieron que no descuidara la carrera y que tomara la idea en serio “porque siempre sobra tiempo para hacer el ridículo.”

Resulta curioso, nunca mantuve un diario por temor a que alguien lo leyera. Por eso me sorprende ver cómo esta ventana ha devenido asidero para mis angustias, nostalgias, catarsis, que me he atrevido a compartir con amigos-conocidos o no- hace casi un año.

Yo le he hecho promesas a la Isla nuestra de cada día, no me avergüenza decirlo. El primer juramento fue que cuando llegara a las 1 000 visitas le regalaría un banner nuevo. Lo cumplí. Luego que al llegar a las 2 000 le abriría una página en Facebook. Lo cumplí… Aún sigo en busca de historias para compartir, a veces alegres, a veces no, porque así de variopinta es esta isla nuestra.

Gracias por acompañarme.

(…)

Y a propósito de confesiones, y también a las puertas de mis 24 años, escribí 24 manías, costumbres, cosas que me molestan…-desde la infancia hasta hoy-, para compartirlas este martes. Faltan muchísimas, pero estas fueron las primeras en anotar.

1-      De pequeño no cerraba el tubo de pasta de dientes (¡Y cómo me gané regaños por eso!).

2-      No me gustaba que me hicieran análisis de sangre con una mochita (o mariposa), prefería la aguja de la jeringa.

3-      La prenda de vestir que odié al extremo durante mi infancia fue un pantalón a rayas azules y blancas. Solo me lo puse en mi sexto cumpleaños, y a regañadientes.

4-      En invierno me bañaba con chancletas para no sentir frío en los pies.

5-      Me tenían que leer cuentos antes de dormir.

6-      Hasta bien entrada la adolescencia, mi padre me acostaba por las noches.

7-      He comido una sola manzana en mi vida. Me provocó indigestión y nunca más probé una.

8-      Le tengo un asco terrible a los pelos en la comida.

9-      No me gusta que se sienten en mi cama si no está tendida, mucho menos en ropa interior.

10-   Soy capaz de limpiar o baldear una mansión entera, pero detesto barrer y sacudir.

11-   No puedo leer, ni tomar mucha agua mientras viajo porque me mareo.

12-  Nunca he dejado de encender el ventilador para dormir, ni siquiera en los días del frío más crudo.

13-   Soy extremadamente majadero para tomar medicamentos.

14-  Odio trabajar en casa con chancletas, en el mejor de los casos prefiero zapatos cerrados (porque no me los puedo quitar), pero lo ideal es hacerlo descalzo.

15-   Le tengo fobia a los Bancos, entre otras cosas. Me atemoriza entrar en ellos a cualquier trámite.

16-   Duermo con los pies destapados.

17-  Me molesta muchísimo que jueguen con los cubiertos en la mesa si la comida no está servida.

18-   Soy capaz de dejar el manjar más suculento-por cierto, lo he hecho infinidad de veces- por un vaso de café con leche (da igual si es de vaca, en polvo o evaporada).

19-  No como ningún tipo de verduras, ni una. Solo aguacate, aunque hay quien dice que es una fruta.

20-   Me da miedo encender un fogón de gas con una fosforera (mechero), pero no así con fósforos (cerillas).

21-   No me gusta la comida acabadita de sacar del fogón.

22-  Soy hiperactivo en extremo.

23-  Tengo la costumbre de fechar las tarjetas, cartas, mensajes, fotos… porque quizá me sean útiles algún día para ordenar mis recuerdos.

24-   Mi primera vocación fue ser maestro.

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El inseguro final de la Academia

El inseguro final de la AcademiaAl final terminaré creyendo en la sentencia tantas veces pronunciada por Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara, fallecido historiador de Trinidad, acerca de las maldiciones hechas por los esclavos para impedir que la ciudad prosperara tal cual merece.

“En cada esquina descansa un objeto bajo tierra, sepultado con el mayor recelo por los negros arrancados de su África natal como venganza al desarraigo, a la humillación sufrida a manos de los colonizadores”, decía aquel hombre de corta estatura e inteligencia desmedida, sentado en el sillón de mi casa.

Prefiero acogerme al mito para explicar el desasosiego que tengo después de leer sobre la encrucijada en el cuartel de Dragones, gracias a la pericia de Enrique Ojito Linares, reportero del semanario Escambray, sobre la tan llevada y traída clausura de la Academia de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, de Trinidad.

Al principio también creí poco en los comentarios de acera, pero al conocer que “el destino de la Academia (…) permanece con signos de interrogación, mientras sigue callada la voz del Centro Nacional de Escuelas de Arte”, el desasosiego crece por días porque el hecho de aludir al problema-aunque todavía no hay veredicto alguno, aclaro- permite dilucidar que “algo” se cocina en las altas esferas.

Más allá de reordenamientos, me preocupa cómo Trinidad debe desprenderse de una institución de referencia nacional de cuyas aulas-talleres han emergido artistas de altísimo nivel, un lugar que ha evolucionado dentro de la ciudad misma: desde la itinerante Escuela Elemental de Artes Plásticas, fundada en la década del ´70, hasta la hoy Academia de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, establecida en su actual sede -único cuartel de Dragones que se conserva en Cuba, cabe notar-; un sitio con las condiciones óptimas para el proceso de aprendizaje de las distintas manifestaciones de las artes plásticas no solo a jóvenes de la localidad, sino a otros llegados de diferentes provincias.

Cada vez duele más ver cómo una villa a las puertas de su 500 cumpleaños, lejos de acumular triunfos, es despojada de lo poco que ha sobrevivido a debacles de toda índole, desde las diferencias históricas con otras ciudades del país y la cabecera provincial hasta las consecuencias de liderazgos signados por la apatía y el poco interés en rescatar la vida cultural del terruño.

Tal vez algún esclavo, en una suerte de Melquíades africano, vaticinó en lengua yoruba el destino del inmueble mientras permanecía en el barracón inhóspito que fue este lugar hacia 1818, y entonaba la profecía a viva voz aunque los españoles no lo entendieran. Quizá los brujos previeron cómo el edificio sería modificado para fines militares y se inauguraría el cuartel de Dragones, más tarde devendría en estación ferroviaria, luego en la Academia y terminaría presa en las brasas de la incertidumbre, a la espera de un final que, ojalá esté equivocado, será el destierro.

Lo dijo mami

Lo dijo mamiA las madres cubanas. A la mía, perfecta a mis ojos.

En medio de una conversación informal empezamos a recordar lo que nos decían nuestras mamitas cuando nos portábamos mal. Gracias a los recuerdos aparecieron frases muy simpáticas, pero nadie tomo notas. El 31 de diciembre, después de comer juntos, terminamos de rehacer la recolección. Yo prometí que la publicaría vísperas del Día de las Madres.

Las expresiones más contemporáneas quedan pendientes de coleccionar. Aquí aparecen las de mi generación- años más, años menos-.Para una mejor compresión las he ambientado con situaciones que alguna vez vivimos y sugiero que cada quien recuerde cómo sus madres pronunciaban estas palabras.

Recopilación “Lo dijo mami”

I

El dicharacho más antiguo que recordaron tenía más de cuatro décadas. La madre de una amiga nos contó que la suya, antes de darle una encomienda, escupía en el piso; acto seguido le advertía: “Tienes que estar aquí antes de que se seque esta escupía”. Ella echaba a correr como loca… y siempre regresaba a tiempo, por su bien. 

II

El niño desobedeció y se fue a la calle. La madre lo sorprende. Como no es prudente regañarlo en público, le coge la mano, se la aprieta y lo obliga a caminar aprisa. El niño la mira con carita de susto, consciente del castigo que le espera. La madre confirma sus sospechas: “¡Prepárate…prepárate. Tú sabes lo que te espera! ¡Tú vas a ver lo que te va a pasar, tú vas a ver lo que es bueno…!”.

Mientras andan, aumentan las amenazas: “¡Deja que tú llegues a la casa!”-Esta frase va in increchendo, a medida que se aproximan. “¡Deja que TÚ LLEGUES A LA CASA!-.Ya casi en la esquina, se escucha por todo lo alto: ¡DEJA QUE TÚ LLEGUES A LA CASA!

Una vez en la casa: “Esta es la última vez que tú haces esto. Primera y última vez, ¿me oíste?”. “Estás «salío» del «tiesto»”.  Me tienes cansá, obstiná, desquiciá-las madres más decentes dicen hasta la coronilla o el último pelo-”. “Yo no sé pa´qué tú te pintas, muchachito”. Para ver si el niño es capaz de asimilar lo que una madre representa, ella hace preguntas de comprobación: “¿Tú no sabes quién soy yo?, ¿tú no me conoces a mí?”.

III

Un niño intenta probar fuerza. Se empeña, por ejemplo, en cruzar el piso mojado mientras la madre limpia. Ella le advierte cuando se percata de la intención: “¡«Cuidaíto» con pasar por lo mojado!” “Hazme el favor y échate pa´llá”. El niño hace el primer intento de desacato. La madre lo previene por segunda vez: “¡Atrévete, si tú eres guapito/ gracioso/ lindo: ATRÉVETE!”, “Tingla por ahí pa´llá. Dile a tu padre que te un poco de « tente»”.

La madre pide ayuda a la Divina Providencia: “Ay, Dios mío, dame paciencia pa´no entrarle a golpes”. El niño insiste en atravesar el piso mojado. Vuelven las advertencias: “Te voy ir pa´arriba” (Te voy a regañar), “¡Te estás ganando un piñazo/pescozón!”, “¡Te estás buscando lo que no está pa´ti!”, “¡Te voy a sembrar de un solo trompón!”, “¡Te voy a dar una «monda», «trastazo» que a todo el mundo le va a gustar menos a ti. “¡Te voy a incrustar en la pared!”. “Te voy a pelar al moñito”, “te voy a dar una enderesá, joroba´o”. “Te voy a dar un jarabe de componte”. “¡Me estás buscando y me vas a encontrar!”.  “Si suelto el trapeador, ¡huye, HUYE! que te voy a dar por donde te coja”. Casi al borde de la desesperación la madre menciona el instrumento que empleará en la reprimenda, para intimidar: “¡La chancleta/el cinto… está oyendo el cuento!”. “¡Te voy a arrancar las tiras del pellejo!”. Por último, le vaticina la trascendencia del regaño: “Te lo estoy pa´ que no te asustes, te vas a acordar de mí!”. (Sin esta escena ocurriera en la noche, el aviso sería: “¡Tú quieres dormir caliente/ sabroso/ sazona´o!”).

El niño persiste. La madre se altera: “¿Qué parte de NO, tú no entiendes?”. El pequeño pone cara de lástima, pero la madre, bien clara del ardid, agrega: “Tú eres más zorro, muchachito”.

IV

Otro niño le contesta a la madre-tal vez el primer intento de rebeldía-, pero ella, para aplacar todo intento de emancipación infantil señala, alto y claro: “¡Te voy a partir la boca. Te vas a tragar los dientes!”, “No te me «revires»”. Schhhn ¡cállate!-esta última frase la pronuncian con los ojos bien abiertos-. 

(…)

Pregunta: ¿Cuá de estas frases te decían a ti?

¡Feliz Día de las Madres!