Los saquitos de don Pedro

Los saquitos de don PedroDon Pedro y doña Caridad nunca tuvieron refrigerador en su casa, tal vez porque ambos nacieron pegados a la costa y el olor salitre les calmaba la sed, o quizás porque los favores recibidos como empleado para cobrar alquileres no le alcanzaban a él para darse el lujo.

Años más tarde, cuando don Pedro se convirtió en chofer de Francisco de Paula y Suárez del Villar, un médico de renombre en aquella época, se trasladaron definitivamente a Trinidad. Para ese entonces ya había desposado a doña Caridad. Luego de vivir en diferentes casas, encontraron en una ubicada en la calle Mercedes el sitio ideal para envejecer juntos.

La acomodaron según les permitió el dinero que don Pedro llevaba como pago frente al timón; mas, nunca lograron reunir el capital suficiente para comprar el refrigerador, aunque creo que de haber podido tampoco lo hubiesen hecho. Preferían una vida sencilla.

Por el pasillo lateral corretearon sus tres hijos y un nieto que criaron. Entre el olor a guayaba, venido del árbol sembrado al final, y los aromas emanados de los calderos de fondo tiznado por el carbón, don Pedro aconsejó a su nieta, tiempo después. Pero no lo hizo con discursos aleccionadores, sino con refranes; tal vez un ardid para enraizar valores.

Llevaban una existencia metódica, pausada -a lo mejor en otra vida nacieron en Londres-. Se levantaban a las cinco de la mañana, almorzaban a las 11. Doña Caridad dormía la siesta hasta las dos; don Pedro permanecía en un sillón de la sala, con los pies en alto. En la tarde se dedicaban a las labores hogareñas. Comían a las cinco, para que doña Caridad fuera a la misa de las seis. Él la esperaba escuchando la radio que más tarde devorarían los comejenes. Si no había celebración en la iglesia, se sentaban en la puerta hasta las ocho. Nada ni nadie logró variar aquel horario de costumbres, jamás impuesto. Así ocurrió siempre.

Sin embargo, lo que más me cautiva de esta historia es el ritual que don Pedro realizó por más de 30 años para tener agua fría en las comidas.

Cuentan que a las 10:30 de la mañana -ni un minuto más, ni un minuto menos – se le veía caminar hacia la casa de su hijo con dos pedazos de tela blanca, resguardados por dos retazos de saco.

Ahí guardaba cuatro cuadrados medianos de hielo -ni más, ni menos-, dos para el almuerzo y dos para las comidas. A pesar de la insistencia de la nuera de darle una vasija más grande, él se negaba. Envolvía los trocitos por parejas en la tela blanca, que doña Caridad mantenía impecable; luego los recubría con el saco para conservar el frío.

En ese ir y venir, en busca de hielo, una pierna le falló. Cayó, y los cuadrados congelados salieron deprendidos calle abajo. Ese día terminó el rito. Una semana después don Pedro partió a otro mundo.

Dicen que cuando ha pasado media hora después de las diez, todavía se ve a aquel hombre encorvado, de espejuelos anchos y calvicie prominente traspasar el umbral de la casa con sus recortes de tela y saco.

Ahora, mientras una gota de sudor atraviesa mi espalda y un ventilador apacigua mis sofocos, me pregunto de qué sortilegio se valía don Pedro para que el hielo no se derritiera en verano. Eran otros tiempos, no se hablaba del calentamiento global, del agujero en la capa de Ozono… pero algo de misterio había en aquel rito realizado por el padre de mi abuelo.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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16 respuestas a Los saquitos de don Pedro

  1. Anabel dijo:

    Lindo Carli, y lo mejor es que me imagino a tu abuelo contando la historia… y te acompaño en el sentimiento de la añoranza, de la historia, pero sobre todo en la del calor.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gracias, Ani, por llegarte este martes a la Isla nuestra de cada día. Qué alegrón me has dado!!! Debo decirte que la historia primero me la contó mi mami, luego mi abuelo me aclaró algunos capítulos.
      Un beso desde Trinidad, con muchísimo calor ufff, esto es para volverse loco!!!!

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  2. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Alucinante historia, además de ser narrada por ti, pues de quien mejor, si no? Pues de boca de tu abuelo Perucho, fíjate que no la conocía y la verdad que me a impactado la manera de vivir en ese ritual, claro está eran otros tiempos y parece que la vida era menos agitada y da la sensación que para ellos pasaba muy lentamente.
    Un beso Carlitin, y refrescate, que el verano viene caliente, ja ja.

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    • Hecti, te cuento que primero supe la historia por mami, y luego abuelo me ayudó a darle un toque más místico. Estas historias familiares me seducen a matar. Yo hubiese queridovivir esa época tanj sosegada, tan tranquila, sin tanto trajín cotidiano.
      Un besote veraniego. Te quiero mucho.

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  3. Manuel Alberto dijo:

    Me gustó, socio, me encantó… Bien narrado, sabes sostener el ritmo y la trama se desliza fluídamente, corriente abajo… Eres bueno para narrar, Carlitín, te lo dice uno que supo hacerlo y que ahora disfruta leyéndote.
    Gracias por la anécdota familiar. Realmente conmovedora. Un abrazo que te dure hasta el martes.

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    • Gracias, Manuel. Muchas gracias por tus criterios teóricos. Yo sé muy poco se eso, tú sí eres toda una voz autorizada. Por eso te lo gradezco.
      Yo sigo pretendiendo enamorar a quienes me acompañan cada martes con historias diferentes, más críticas o más románticas, pero que vale la pena compartir. Un abrazote.

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  4. JOSE F dijo:

    Desde el principio sabia que esta historia tenia sabro familiar!
    Muy curiosa la forma e conservar el hielo!
    En mi casa del campo, cuando yo era un ninno (hace bastante) recuerdo una caja de madera forrada de laminas de metal por dentro, donde s e guardaba un pedazo d ehielo cubierto por serrin. Esta caja estaba en el sitio mas fresco de la despensa y una plancha d e hielo de a dos pesos ( toda una fortuna) duraba hasta tres dias.
    Recuerdo tambien a los trbaajadores e mi abuelo, cortadores d e canna y otras labores del campo, que envolvian sus porrones y guiras con agua en pedazos d e saco paa mantenerlas frescas.

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  5. angelica suarez del villar dijo:

    BUENO MI NOMBRE ES ANGELICA SUAREZ DEL VILLAR Y SOY ORIUNDA DE CIENFUEGOS,,,,,HE LEIDO TU HISTORIA CON INTERES A LO MEJOR ESAS PERSONAS DE LA CUAL HABLAS,,,,FUERON PARIENTES MIOS,,,PORQUE ESE APELLIDO PROVIENE DE DON ANTONIO SUAREZ DEL VILLAR Y DONA ANGELICA SUAREZ DEL VILLAR,,,,DUENOS DE PLANTACIONES DE ESCLAVOS DE LAS PROVINCIAS CENTRALES,,,,A LO MEJOR,,,QUIEN SABE,,,,GRACIAS,,,,,,,,,,,,

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    • Bienvenida, Angélica, gracias por llegarse este martes. Es probable que, en efecto, esté vinculada a esos parientes cienfuegueros porque, según averigué a raíz de su comentario, la vía materna de ese médico era de Cienfuegos, y en la zona donde actualmente está el Acueducto, tenían sus plantaciones y propiedades.
      Un saludo para usted y espero contar con su presencia en otras oportunidades.

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  6. Roberto Glez dijo:

    Carlos, eres muy afortunado de tener una familia dueña de tantas historias lindas. Te confieso que a veces parecen mágicas. También eres muy afortunado por tener el don para tarasmitirlas a los que cada martes visitamos tu blog.
    Esta historia, como todas las tuyas, hacen que el martes siempre sea especial. Un fuerte abrazo.

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  7. Dr.Mario Alberto Triana Estrada dijo:

    Linda historia Carly, escribes super , Gracias por lo que nos regalas cada semana

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  8. Aracely dijo:

    Esta historia esta bella, ya me imaginaba yo caminando y haciendo sus horarios, tambien mis tios tenian algo muy similar. En las tardes despues de la comida a eso de las 7.00 pm sacabamos los balances a la acera – en Camaguey, La Vigia- y ahi nos dabamos balance hasta las 9.30 pm, que se merendaba algo, luego le rezaba a mi angel de la guardia en un cuadrito frente a la cama y a dormir. Gracias Carlitos.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Gracias a ti, Aracely, por compartir este pedacito de historia con nosotros. Son estas costrumbres familiares las que convierten estas anécdotas en narraciones casi irreales. Un beso grande y espero verte siempre en esta coordenada nuestra de todos los martes.

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