El difícil carisma de la pobreza

El difícil carisma de la pobrezaLlevo 72 horas viviendo en el cuarto de espiritualidad de un convento. Hasta ahora en los encuentros en la residencia de las Religiosas de María Inmaculada (RMI), ubicada en la barriada del Cerro, en La Habana, los varones dormíamos en salones amplios como estrategia para evitar travesuras a la hora del sueño. Este agosto, como éramos pocos hombres de Trinidad, se decidió enviarnos al ala de los ejercicios espirituales.

Mi primera visita a la casa madre de las RMI en Cuba fue en el 2000, cuando tenía 11 años. Durante cuatro días estuve solo con las hermanas, adolescentes, jóvenes y asesores de Sagua la Grande, Las Tunas, Cienfuegos y La Habana; un viaje sin la compañía de mami o papi donde, por cierto, lloré en balde durante horas para salir de aquel encierro. Al terminar el jubileo aprendí a sobrevivir lejos de casa.

Pero nada resulta comparable con esta experiencia, acaso porque aquel chiquillo inmaduro no tenía edad para aquilatar la envergadura de vivir en una habitación con el mínimo de condiciones, de una sobriedad por momentos agobiante, pero donde se aprenden valores que no te enseñan en la escuela.

Mi cuarto es el número 5. Cuando entras, a mano izquierda, hay un escaparate sin gavetas para colgar la ropa, al frente está una cama personal de hierro, a un costado queda una mesita donde apenas caben cinco libros. Al lado, sostenida por dos pies de amigos de madera torneada, tengo una tabla de menos de medio metro donde escribo este post en una hoja amarillenta, al estilo de los antiguos frailes y monjes. A la derecha queda un baño minúsculo y ante mis ojos una ventana enrejada, con vista al patio central donde los muchachos corren, juegan fútbol o se preparan para ir a comer. Las paredes tienen color marfil, no hay cuadros, lámpara de noche, flores u otros adornos, solo una cruz en el espaldar de la cama.

Del otro lado de la puerta, a mis espaldas, queda a un pasillo largo y silencioso. Se sienten pasos anónimos, el sonido de llavines y otras puertas que se cierran. Mi cámara fotográfica y el reproductor de música devienen único contacto con la tecnología, pero solo hay una cajita de corriente: para cargar la batería debo desconectar el ventilador. La cobertura es inestable, el celular sirve de poco. El teléfono público está roto. No tengo computadora, velas o incienso… pero ninguna de estas ausencias pesa tanto como creía.

Aun cuando sé que en pocos días todo será como antes, agradezco estas jornadas vividas en austeridad porque me han servido para afianzar mi admiración por quienes hacen de la pobreza y la obediencia un estilo de vida. No lo digo solo por las hermanas o monjas de clausura, sino por todos los que abrazan el acto de servir a los demás sin alardes, sin repartir migajas, sin esperar ovaciones masivas o reconocimientos públicos.

En esta especie de celda monacal no me siento tan mal, aunque a veces me falta el aire si recuerdo los descomunales espacios de mi casa. Desde aquí disfruto el canto de los pájaros al atardecer, el encanto del silencio de la noche, y en las mañanas me despierta la luz del sol. De vez en cuando aparece algún espíritu existencialista, pienso en mi familia, mis amigos, mi futuro, en ciertos fantasmas y tormentos; pienso otra vez en quienes ayudan a un necesitado ahora mismo…pienso mucho, quizá demasiado para mis 24 años, y me aferro a la idea de que algún día mis plegarias serán atendidas como quiero.

Anuncios

17 Respuestas a “El difícil carisma de la pobreza

  1. Muy bien, Carlitín, excelente experiencia y muy bien narrada!
    Sabes, esa es una de las actividades que mis alumnos reciben de mi. Tienen que irse solos, absolutamente solos con su conciencia al bosque y sobrevivir allí tres días. Reciben un cuestionario de preguntas sobre sí mismos que deben rellenar y no pueden usar el telefóno o nada de esas cosas modernas.
    Claro, tu post es otra cosa, más íntimo y en otra dirección. Acaso esa desesperada falta de lo innecesario sea una solución. Tenías, querido amigo, lo imprescindible. Eso basta. A estas alturas de la vida, cuando comparo mi austeridad (obligada, que conste) anterior, con la abundancia de objetos materiales actual, me siento un hombre que ha comenzado a acumular cosas, que cuando muera no me podré llevar. Creo que antes era una persona mejor, en un sentido. En otro sentido, para compensar, trato de almacenar también buenos sentimientos, donar algo para paliar la pobreza de alquien y querer más a fondo, sabiendo que ese cariño es el que nos salvará. Tú eres uno de esos a los que quiero. Un abrazo.

    Me gusta

    • Tu “estrategia” de almacenar buenos sentimientos para compartir es de esas que da buenos frutos, Manuel. Sería injusto, y hasta hipócrita, negar los indiscutibles beneficios de la tecnología. Este blog, por ejemplo, suerte de oasis que he encontrado en Internet cada martes, que me ha permitido reencontrarme con buenos amigos como tú, no sería posible sin los avnaces ni el surgimiento de la blogosfera o bitácoras personales. Pero vivir esos días alejado de todo contacto con teclas, mouse, monitores y botones electrónicos fue algo único. Te cuento que me apuntara a tu ejercicio, pero no simpatizo mucho con el bosque por los animales peligrosos, aunque me atrevería si alguien estuviera ahí conmigo jejejeje. Supongo que tus alumnos deben disfrutar al máximo esa experiencia.
      Tienes razón: ahí tenía lo imprescindible, sobreviví y terminé con un alivio que nunca antes había sentido. ¡Qué bueno que tengo amigos que comparten mis alegrías! Gracias por incluirme en ese círculo cerrado. Tú sabes es recíproco. Otro abrazo.

      Me gusta

  2. Muy interesante, Carlitin, la ensenanza que saco de tu comentario es que para ser feliz no hace falta tanto.

    Me gusta

  3. Carlitin me has sacado las lágrimas con esta descripción, nosotros estuvimos en esa linda, amorosa y genial casa de la esquina d Tejas, fueron unos días maravillosos donde reinaba el Espíritu Santo, fue una experiencia única, las Hemanas de María Inmaculada, hacían la estadía más maravillosa del mundo y sólo había lo q tu describistes, pero no hacia falta nada más; te falto describir su linda capilla, allí se sentía la presencia del Sr. aunque Él esta en todos lados, allí te sentías cerca muy cerca, gracias por traernos esta linda historia, todas las leos pero esta en especial tenía q opinar, gracias Hermanas De las RMI, es lo único q me ha faltado en este País q me acogió y adoro como mi Segunda Patria, Gracias Santa Vicenta María , A triunfado el Amor!!!!

    Me gusta

    • Sandra, antes que nada agradecerte por tu presencia esta semana y por leer cada post de la Isla nuestra de cada día. Gracias por la fidelidad. ¿Qué te puedo decir que tú no hayas experimentado en este sitio de paz, que es el convento de las RMI? Obvié la capilla porque, al encontrarse en el templo mismo, ya es de por sí conocido la tranquilidad que uno siente cuando está ahí. Pero estar ese tiempo en el cuarto de espiritualidad fue maravilloso. Doy muchas gracias a Dios por haberme puesto en el camino a las RMI y por haber descubierto el carisma de Santa Vicenta María. Un beso para ti y para los tuyos, muchas gracias por seguirme en la distancia. Tu eterno catecúmeno.

      Me gusta

  4. Carli, me encantó tu post. Pienso que esa experiencia es un ejercicio espiritual de un valor incalculable. Dejarlo todo atrás, volver a la esencia aunque sea por muy pocos días, nos hace un llamado a darle la justa dimensión a las cosas perecederas, las que no suman (más bien restan) a nuestra condición humana.
    Gracias por hacerme llegar la atmósfera de ese recinto de paz que, ¿por qué no? también a mí me ha puesto a reflexionar.
    Un beso grande.

    Me gusta

    • Y hay tantas veces que nos angustiamos por cosas tan superficiales, tan tontas, Mayra!
      Sentirse libre de ataduras te da una sensación de libertad tremenda, aún cuando estés en un convento y haya que acatar las normas, por supuesto. Me alegra mucho saber que estas palabras te trasmitieron esa paz, ese era el propósito. Ojalá y aprendamos a sentirnos cada vez más libres. Un beso grande para ti. Gracias siempre por estar cada martes.

      Me gusta

  5. flaco me has remontado a muchosssssssss anos atras cuando comenzo el movimiento vicenta maria en ese momento jovenes. me cuerdo que solo tenia 13 anos la mas chiquita del grupo nos preparamos durante muchoo dias hicimos figuras de barro para pagar muchas cosas y tener un fondo.hubo quines durmieron en la terminal para poder reservar los tan perdidos pasajes para la guagua de la habana. ensayamos horas una obra de teatro que teniamos escrita por uno de los jovenes. y que te puedo decir del convento cada viaje,cada encuentro de jovenes era una experiencia nueva nunca se repetia nada siempre regresabamos a la casa con muchas cosas nuevas aprendidas y muhcos amigos nuevos. gracias por ser tan lindo y describir una de las experiencias mas lindas que tenemos los jovenes(porque todavia soy jovencita jajjaja) de las muchachitas de las casa de maria inmaculada. Gacias flaco verdad que eres el mejor muaaa te quierooo

    Me gusta

    • A mí me pasó algo parecido a ti, Any. Recuerdo que llegué a la Familia de Vicenta María a poquitos días parta ese viaje, y tuve que ponerme las pilas. Me acuerdo que hice de palma en una obra de teatro, y teníamos que estar con unos pulóvers que a mí, a Mandy, el de Mercedita, a Miguelito y a muchos más nos quedaban enormes. ¡Qué recuerdos! Tú bien sabes cuánto han representado las RMI en nuestras vidas, y claro que eres joven todavía, muchacha!!! Un besote, mi corazón, y gracias a ti por tan lindas palabras, por compartir recuerdos y por ser de esas amigas que nunca fallan, no importa la distancia. Un besote. Te quiero mucho y lo sabes.

      Me gusta

  6. Dr.Mario Alberto Triana Estrada

    Compartir carli con las RMI es una bendición por su acogida y el amor q te ofrecen , conosco el lugar y realmente es un lugar de rocogimiento y de oracióm , mis saludos pra las religiosa q conosco q espero aun algunas esten alli y disfruta de este retiro espiritual q siempre vale la pena , un abrazo

    Me gusta

    • Aunque he visitado muchas veces el convento, Mayi, siempre encuentro algo diferente. Esta vez, por ejemplo, fue maravilloso ser recibido por las ancianitas del asilo. Ellas nos esperaban en la puerta con un caramelo y una sonrisa, nos cantaron una canción y todo. Fue precioso. De estos detalles necesita nutrirse nuestro espíritu para afrontar las vicisitudes cotidianas. Todavía quedan en la casa madre varias hermanas que han pasado por Trinidad y también verlas fue una inyección de alegría y ánimo. Un beso grande para ti.

      Me gusta

  7. ME HAS HECHO RECORDAR ESE AÑO 2000 EN QUE NO SABIA QUE HACER CONTIGO….JAJAJ SI CARLI ES UNA EXPERIENCIA UNICA … EL VIVIR DIA A DIA ENTRE TANTAS COSAS NOS ALEJA DE ESOS PEQUEÑOS DETALLES ..EL TE HA REGALADO LA EXPERIENCIA DE LOS EJERCICIOS Y ME IMAGINO IMPARTIDOS POR LAS RMI…RECUERDO TODOS ESOS BELLOS MOMENTOS VIVIDOS TANTO JUNTO A ELLAS COMO A USTEDES ADOLECENTES… JOVENES Y LE DOY GRACIAS A DIOS POR ELLO… UN BRAZO

    Me gusta

    • Carlos, esta semana soy muy concreto en mi comentario: SIEMPRE ME SORPRENDES.
      Después de haber leido este articulo estoy pensando hasta ir a ese convento. Que bueno que seas tan sensible y sincero, esas cualidades no se ven en muchos jovenes de estos tiempos.
      El abrazo de siempre.

      Me gusta

      • Gracias, Roberto, usted siempre es muy amable. Le invito a que visite este lugar para que vea que no es mentira lo que cuento este martes. La paz que se respira ahí dentro, la satisfacción de servir y ver el fruto de tu servicio es algo maravilloso, indescriptible, que, al menos a mí, me ha dado ánimos para mirar con mejores ojos mi realidad y cotidianidad. Gracias siempre por los halago. Un abrazo también para usted. Siempre lo espero por esta dirección.

        Me gusta

    • ¿Te acuerdas, mi vida? Ni los animales del Zoológico me sacaban de mi memorable nostalgia. Gracias a ti, y María Antonia, fue que logré salir de aquella pataleta. Pero al final valió la pena. Este IV Encuentro Juvenil fue maravilloso, encontrarnos con viejos conocidos y sentir que ya es hora de asumir responsabilidades mayor para con la casa y las hermanas, seguir apostando por el servicio… en fin, tantas cosas que no podía pasar por alto esta experiencia. Ya hoy somos jóvenes, pero es bueno sentir cómo uno va creciendo y recordar todo lo que hemos vivido. Así nos sucedió a Diana, a Rubén y a mí cuando nos pusimos a conversar. Éramos de los más viejos ahí. Gracias a ti por haberme hablado de la RMI y por abrirme las puertas de la Familia de Vicenta María, siempre estaré en deuda contigo por ello. Un beso para todos y en especial para ti. Te quiero mucho.

      Me gusta

  8. Pingback: Momentos de sabiduría | Isla nuestra de cada dia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s