Archivo mensual: septiembre 2013

Barbaridades bárbaras II

Barbaridades bárbaras IIEn febrero un amigo regaló a este espacio de martes una recopilación que venía realizando desde el verano pasado, donde apuntó los deslices en el habla de sus compañeros, familiares y hasta desconocidos.

A partir de la publicación del post, yo decidí sumarme al equipo de “caza-gazapos”, para que Barbaridades bárbaras tuviera una segunda parte. Aunque dicen por ahí que segundas partes nunca fueron buenas, pero estoy seguro que esta será la excepción.

Meses después de anotar las equivocaciones ajenas, y algunas mías, confieso, ya está preparado el nuevo volumen. Hoy lo ponemos a su consideración. Debo aclarar que el presente no constituye plagio al original, sino resultado de un trabajo colegiado con el creador de la colección, quien, además, ha accedido a compartir los derechos de publicación.

Barbaridades bárbaras II  

  • “Existen libros que uno debe leer, al menos una vez. Uno de ellos es el clásico de la literatura universal «El Ingeniero Hidráulico don Quijote de la Mancha»”.
  •  “Tengo un amigo que está de misión internacionalista. Está en este país… ay, cómo se llama… ¡Ya me acordé! Está en Sudi Lanka”.
  • “El cuento no está del todo mal, pero hay que tarerarlo más”. (“tallerearlo”, o sea, corregirlo)
  • “Y Dios, en su infinita bondad, envió a la Tierra a su hijo Eugenito”. (unigénito)
  • Mi hermano habla inglés, italiano y un poco de francés, es decir, es francófogo”. (francófono)
  • “Se puso grave de momento. Se formó tremendo ajetreo y tuvimos que llamar a la abbulancia”. (ambulancia)
  • En los carnavales de este año estuvo de visita un proyecto de animación de Ciego de Ávila. El DJ, para amenizar con el público dijo: “¡Buenas noches! ¿cómo están los triniteños?”. (el gentilicio es trinitarios)
  • Conversaban sobre la película «La piel que habito», de Pedro Almodóvar. “Yo vi esa película, dijo una amiga, estaba lindísima. Era la del cirujano plástico, El título era…mmm… «La miel del caballito», ¿no?”.
  • “Mi abuela está ya muy mal de la cabeza. Dice el médico que tiene principio de Céimer”. (Alzheimer)
  • En la guagua una pareja discutía. La mujer, harta, le gritó al marido: “Está bueno ya, te estás buscando que te diga una palabra oncena”. (obscena)
  • “Tremendo aguacero que estaba cayendo cuando llegamos. Nos lluvimos en La Habana”. (nos mojamos)
  • “Él es un poco amanerado. Yo creo que es grey”. (gay)
  • “Te sugiero que no optes por mi asignatura, van a tener que repartar mucho, pero mucho”. (redactar)
  • Una señora con pantalón verde caminaba a arrancar una flor. Mi amiga la miró y dijo: “Mira, parece que se quiere camuflear para que no la vean”. (camuflarse)
  • “Yo no cojo lucha, mi tía, aquí hasta la bestia más cerrera se adoma”. (doma)
  • “Es tan bueno, tan bueno, que deben construirle un pledestal”. (pedestal)
  • Diego Velázquez fundó Trinidad en 1514, pero no vino solo, sino con una tribulación que lo ayudó. (me imagino a Velázquez siendo auxiliado por un mar de angustias en vez de una tripulación)
  • “Dicen que era un hombre chévere, muy monduno”. (mundano)
  • “Tú eres mi amigo, por eso te ayudo. Dice la Biblia que hay que ayudar al pródigo”. (prójimo)
  • “Todas estas, y otras actividades, eran realizadas por el hombre humano en las antiguas civilizaciones” (y yo me pregunto: ¿existe un hombre animal?)

Por ahora, cerramos la colección. Esperen nuevos tomos…

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Entre el exilio y la incertidumbre

Entre el exilio y la incertidumbreHay exilios que muerden y otros/ son como el fuego que consume./ Hay dolores de patria muerta/ que van subiendo desde abajo,/desde los pies y las raíces/ y de pronto el hombre se ahoga,/ ya no conoce las espigas,/ya se terminó la guitarra,/ya no hay aire para esa boca,/ ya no puede vivir en tierra/ y entonces se cae de bruces,/ no en la tierra, sino en la muerte.

Pablo Neruda 

Aquel 17 de septiembre de 1973 debió ser terrible para muchos chilenos al ver que el Golpe Militar perpetrado por las Fuerzas Armadas y Carabineros, con la figura del General Augusto Pinochet como cabecilla del hecho, llegaría a una semana de establecido. Tal vez muchos no habían asimilado aun el suicidio de Salvador Allende y creyeron ver pronto el fin de aquel régimen porque, quizá, se trataba solo de una fiebre, que se cura en siete días.

No voy a escribir de política. No se me da bien. Para mí resulta un asunto complejo y subjetivo donde cada cual defiende a ultranza su postura. Yo respeto las ideas individuales, aunque no comulguen con las mías. Tampoco voy a entrar en el contrapunteo de si Allende hubiese conducido a Chile por rumbos prósperos o lo hubiese arrastrado a la miseria. Me reservo esos criterios.

Más allá de cifras de desaparecidos, torturas y crímenes -de indiscutible peso durante la dictadura de Pinochet- siempre he pensado en el terror, las lágrimas y las heridas que sufrieron las familias a partir de aquel 11 de septiembre.

Supongo debió ser extremadamente penetrante el dolor en el pecho de las madres cuando se vieron en la encrucijada de montar a sus hijos en aviones con rumbo a otros países, con la incertidumbre de si volverían a verlos alguna vez, antes de vivir con la zozobra de no verlos regresar a casa después del trabajo.

Imagino los matrimonios rotos, el desasosiego de los exiliados al verse en una tierra extraña y de cuántos malabares debieron valerse para luchar contra la nostalgia de estar lejos de su Patria, al punto de construir una tierra irreal en su memoria, lo más parecido posible al país de sus recuerdos, como mecanismo de defensa para escapar de la melancolía.

Así le sucedió a miles de chilenos que nunca más han logrado sacudirse el trauma del exilio y a 40 años de aquel día de espanto reviven los acontecimientos con exquisita precisión. Tales sentimientos todavía atormentan a la escritora Isabel Allende, según ha declarado en entrevistas y en varios de sus libros. “Mi mundo cambió en 24 horas. La vida, como era, se terminó para mí”.

Me produce escalofríos pensar en el constante sobresalto de quienes no tuvieron más remedio que quedarse, o así lo prefirieron, al sentir el toque de queda; en quienes murieron, por vejez o asesinados, sin imaginar que aquel calvario duraría más de una década y lo angustioso de vivir en una ciudad invadida por carros militares a toda hora, sumida en la desesperación, donde era preferible “no ver, no hablar, no oír para que la vida fuera más llevadera”, como dijera Irene Beltrán, personaje protagónico de la novela De amor y de sombras.

Eso es lo que más me asusta de la vida: cuando nos sorprende para mal y barre de un plumazo la realidad de un día para otro.

Cada 11 de septiembre, mientras los medios de comunicación recuerdan la desgracia acontecida en el Palacio de la Moneda, reaparece la punzada en el estómago, la pregunta de cuán terrible debió ser. A lo mejor son locuras mías, pero siempre me quedará la duda de saber si Salvador Allende, en un momento de relevación, logró avizorar el imprevisto final de su gobierno, cuál fue su último pensamiento, o si algún chileno clarividente vaticinó la ola de martirio y persecución que arrastró a esa nación del continente a una de las dictaduras más crueles de la historia de América Latina.

Mi niño se fue a la escuela

Mi niño se fue a la escuelaA Rubén Ernesto, mi ahijado, lo vi nacer, literalmente. Su padre no quiso entrar a la cesárea -cuestión muy de moda en estos tiempos-, y como el médico encargado del parto es otro miembro de mi familia, logré colarme en el salón aquel 7 de diciembre de 2008.

Lo recuerdo todo: el olor -ese tan característico de los hospitales- el tintineo del suero al gotear, las luces, el sonido de la indumentaria quirúrgica -capaz de intimidar al más bravo- y la panza descomunal de “la China”, la madre del niño, sobresaliendo desde la mesa en aquel panorama de tensión y expectativas entrelazadas.

Le abrieron la barriga de lado a lado y empezaron a picar capas hasta ver por fin, a lo lejos, un bebecito acurrucado, con la cabecita llena de pelos. Esa es la primera imagen que tengo de Rubén Ernesto – ya tenía nombre desde el embarazo-: dormidito, prendido a su mami por el cordón umbilical.

En ese salón frío escuché el primer llanto de mi ahijado, mi niño, como le digo porque así me dice mi padrino a mí. Vi cuando lo pesaron, cuando orinó, cuando se lo enseñaron a su madre hasta que lo trasladaron en la incubadora a la sala de nacimientos.

Desde entonces lo he visto crecer. Escuché los balbuceos que más tarde se convirtieron en “pa-pá”, “a-gua” y “nino”-su versión de padrino-. Lo dormí con las mismas canciones que una vez me cantó mi madre y lo recosté a mi cama. Lo vi gatear, y luego ponerse de pie para agilizar el paso hasta transformarse en el dulce torbellino que es hoy.

Llegó el primer año, con la respectiva perreta en las fotos, y el miedo al payaso en el segundo cumpleaños…Cuando tenía poco más de tres añitos se mecía en la hamaca de mi cuarto mientras me contaba de los imaginarios viajes de pesca con su papi, de cómo hablaba con los peces, cómo se hizo amigo de un habitante de la luna, entre otras aventuras de su mundo onírico, un mundo que compartía conmigo.

Después apareció la intranquilidad, los intentos de probar fuerzas, los antojos. Mas, aun así, siempre tenía -tiene- bajo la manga una ocurrencia para sacarnos a todos una sonrisa -ardid utilizado también para librarse de castigos o regaños fuertes-. Es demasiado inteligente y hábil, lo digo porque yo he caído en sus trampas sin darme cuenta.

De pronto me empezó a hablar de números y colores, de cómo se llamaba, de Elpidio Valdés, Dora la exploradora, los Power Rangers, de Plantas contra zombies, su juego preferido; me demostró que sabía encender la computadora, conectar en DVD y cambiar los canales con el control remoto del televisor -¡ay, los niños del siglo XXI!-.

Pero el tiempo hizo fraude. Sí, porque es imposible que hayan pasado, en un pestañazo, cinco años desde aquel 7 de diciembre. ¿Cómo mi niño creció tan rápido y de repente lo veo vestido de uniforme, con mochila al hombro, crayolas, gomas… para ir a Pre-escolar?

Ya mi niño no me habla de amigos imaginarios o caballeros en busca de princesas para rescatar, sino de que quiere ir a la escuela el sábado; me habla de su aula, de la hora del cuento, de su maestra cuando le dio en la primera semana del curso el bombillo amarillo “el «fabular» (regular), porque soy muy intranquilo”, y de su estrategia para ganarse el bombillo verde, el de máxima calificación.

¡Dios mío, mi niño se fue a la escuela! Miro las fotos de este septiembre y todavía veo a esa “rabujita” que vi venir a este mundo. Ahora entiendo por qué  mis padres continúan diciéndome “el niño” a mis 24 años.

Nominado al Liebster Award

Nominado al Liebster AwardPor primera vez en un año y cuatro meses que lleva abierta Isla nuestra de cada día, decido romper el ritual de escribir los martes. Rosana es la buena culpable de esta violación porque ha nominado a esta islita que intenta mantenerse a flote en Internet al Liebster Award, un premio virtual donde eliges 11 blogs de tu agrado.

Me sorprende, lo juro. Primero porque esta bitácora viene a ser una especie de electrón suelto en la blogosfera cubana – la mayoría de mis seguidores, gracias miles a todos, sigan acompañándome, viven fuera de Cuba, y aún así dedican un pedacito del martes a leer mis letras-; segundo, porque Rosana y yo solo nos conocemos blogs mediante, y aún así decidió nominarme; tercero, porque esta nominación viene a ser una respuesta a aquellos que, incluso frente a frente, han mirado de reojo desde el principio a la Isla nuestra y le han presagiado el final. Gracias, Rosana, gracias miles.

Ya cumplí la primera regla del juego: agradecer a quien me nominó. Ahora me toca responder su cuestionario.

1. Tu palabra favorita Estrella

2. Un personaje que te parezca ha sido inspirado en tu vida  Beba, mi tía abuela, aunque tal vez no se valga…

3. Cinco verbos preferidos Amar, cantar, escribir, conversar, escuchar.

4. Cuéntame un secreto No puedo vivir sin la música.

5. Si pudieras reencarnar en un escritor/a famoso/a, ¿a quién escogerías? Gabriel García Márquez, sin dudas.

6. Lo que más te identifica de tu país La bandera: la adoro.

7. ¿Soledad o blog? ¿O las dos cosas? Pudiera decirse que este blog me ha sacudido un poco la soledad.

8. Una causa que defenderías sin pensarlo dos veces.  Mi felicidad.

9. Una persona por la que darías tu vida (no se vale la familia)  Por Patry, mi hermana negra del alma.

10. Esta es una pregunta comodín: declárale tu amor a algo o alguien Al café con leche!!!! Lo dejo todo por un vaso de café con leche!!!!! Te amo, mi corazón!!!! 😉

11. Si pudieras escoger un lugar para morir sería… Trinidad, la ciudad donde nací, para morir con los míos.

 (…)

Ahora me toca a mí nominar. Les confieso -aquí va otra locura- que a veces visito los blogs copiando la dirección electrónica en la barra de búsqueda, porque me da pena abrirlos desde mi página y no poder comentar los post por culpa de la conexión. No voy a nominar 11 blogs, solo los que más leo, porque tampoco son muchos, y no voy a nominar por gusto. Me falta Rosana, pero como ella me nominó, no puedo incluirla en la lista. ¡No es justo!

Taratatán… ya desfilan por la alfombra roja de Isla nuestra de cada día sus nominados al Liebster Award. Ellos son:

Botellas al mar y Cuba profunda (las pongo por orden alfabético para evitar celos jejeje): ellas son las musas de esta Isla, y lo seguirán siendo. Sobran palabras. 

Epicentros (aunque está pensando cambiar de nombre): Carlos Alejandro siempre me conmueve con sus post. Además, admiro su modestia.

El Nictálope: Por su osadía, por decir las cosas sin medias tintas, por su sabiduría.

Criatura de Isla: Sheyla es otra buena amiga que un buen día llegó para quedarse. No nos conocemos, pero muchas veces sus criaturas me han salvado del naufragio. A mi mami le encanta su blog.

Micro-crónicas y Yuris Nórido (fotografías): porque su autor dice mucho en pocas palabras, se luce con las letras y con el lente. Tampoco lo conozco, pero igual le sigo.

El caimán sin muela: lo leí por primera vez en Juventud Rebelde, este mayo, a propósito del Día de las madres. Desde entonces lo enlacé a mis tierras vecinas y lo acompaño desde el silencio. Seguro Enrique Milanés se preguntará ahora mismo: ¿quién es este chiquillo que me nomina?

Estos son los blogs que no pueden faltar por revisión cuando la conexión me lo permite. Hay otros, pero tienen plantillas que demoran mucho en descargar y apenas puedo leerlos. En fin, no voy a dar más explicaciones.

Aquí va el cuestionario, para seguir el orden lógico del juego, por si alguien se anima a responderlo.

1- ¿Cuál es la mayor locura que has hecho hasta ahora?

2- Para escribir, ¿el día o la noche?

3- Lo que nunca publicarías en tu blog sería…

4- Lo más degradable que te ha sucedido en el blog es…

5- ¿Qué libro, canción y pintura salvarías del naufragio final?

6- Tu número favorito

7- Si tuvieras la oportunidad, ¿a quién resucitarías?

8- Dime alguna manía tuya…

9- ¿Por quién matarías? (familia aparte)

10- La palabra que borrarías del idioma Español…

11- La última palabra que quisieras pronunciar…

¡Misión cumplida!