Regalar esperanzas al pie de la torre

Regalar esperanzas al pie de la torreLo vi por primera vez en 2011, durante la sesión fotográfica de los 15 años de mi prima. Al principio creí se trataba de otro artesano interesado en vender manteles, maracas, collares de semillas u otra mercancía. Luego, mientras se acercaba, pensé tenía la intención de curiosear. Solo cuando lo tuve a pocos pasos reparé en la flor de guano tejido que traía en sus manos.

“Permiso, esto es para ti”, dijo a la cumpleañera. “¡Muchas felicidades!”, agregó con cierto balbuceo en el habla.

(…)

Otra sesión de fotos me hizo regresar hace poco a Manaca Iznaga -un sitio próspero para el cultivo de la caña, otrora propiedad de la familia con el mismo apellido, una de las más renombradas del esplendor azucarero trinitario del siglo XIX-.

Después de transformar el último rincón del edificio desde donde vigilaban a los esclavos en el escenario para la homenajeada, decidimos descansar a los pies de la atalaya. De pronto, apareció de la nada el mismo hombre de mediana estatura, ropa desgastada y mirada penetrante, con una flor como la que regaló a mi prima aquella vez. Luego de entregarle el regalo a la quinceañera volvió al arco principal de la torre.

Desde mi puesto lo vi sacar dos hojas de guano verdoso. Pasó una punta por aquí, aquel extremo por allá con la velocidad que solo da la constancia, hasta dar vida a una esperanza de fibra que colocó en su hombro. Tomó dos hojas más, repitió el algoritmo. En poco más de cinco minutos había creado cerca de una docena de insectos.

Al poco rato llegó un grupo de extranjeros, subieron por el interior de la torre, tomaron fotos, algunos bajaron con las piernas temblorosas. Al tocar tierra firme, al lado de la escalera, varios artesanos del lugar,  deseosos de vender algún suvenir, intentaron engatusarlos con alfombras de tiritas de tela, muñecas de trapo vestidas como las deidades yorubas, tapetes tejidos a croché y carritos fabricados con latas de refresco o cerveza.

Los visitantes, agotados por la insistencia, caminaron hacia el arco principal. Ahí estaba él esperando. Varios turistas lo miraban con recelo -y hasta desprecio-, impresionados, quizá, por su porte desaliñado o por temor a su evidente trastorno. Una señora de aspecto francés pasó por su lado y él le ofreció una de sus esperanzas. “No money, no money”, le dijo para advertir que no buscaba retribución alguna por el regalo. “Good day”, añadió a modo de despedida. Así lo hizo con cada mujer del grupo. “No money, no money. Good day”, repetía.

Ante aquella estampa en pleno corazón de ese batey místico, que es Manaca Iznaga, mi obturador se detuvo. Quise preguntarle su nombre, pero me esperaban para las fotografías. Cuando regresé ya se había marchado.

“Él viene todas las mañanas hasta que se le acaban las hojas de guano que trae en el bolsillo para hacer sus «bichitos». A veces le dan propina, otras no; pero él no pide”, me comentó la vendedora de tickets. Ella tampoco sabía su nombre.

Desde ese día veo diferente a Manaza Iznaga. Ya no resulta solo un caserío con olor a melaza decimonónica; ahora también es el sitio donde habita un soñador que cada jornada desanda las veredas polvorientas hasta llegar al pie de la torre del desaparecido ingenio, dispuesto a tejer y regalar esperanzas a viajeros desconocidos.  

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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12 respuestas a Regalar esperanzas al pie de la torre

  1. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Carli bonita narración , con sencillez y ternura al referirte al Sr. ( sin nombre)
    La verdad es que creí que la esperanza era de verdad, cuando ví tu foto, pero al leer el post me di cuenta que era tejida de guano, entonces la observé bien y amplié la foto, (ciertamente buena foto)
    Carli volveré contigo al poblado de Manaca Iznaga, recuerdo que estuvimos Vitíco, tú y yo, pero además de ver al Sr de las esperanzas viajaremos por la zona y montaremos en el tren de vapor.¿ te parece bien?
    Besos.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Es que la maestría que ha alcanzado este artesano, Hecti, es tan qie sus creaciones parecen vivas.
      Da por hecho que volveremos juntos a Manaca, y a Javira también (ya son varias las deudas, pero prometo saldarlas todas) Tu idea me parece genial, y si es tan bien acompañado pues nada mejor!!! Un beso. Te quiero.

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  2. Mayra dijo:

    Hermosa historia, Carli. Muchas veces las personas pierden la dimensión de las cosas genuinas. La pobreza, la grandeza y la belleza (y valgan todas las redundancias) de lo que hace ese hombre escapa de tantas personas (mal)acostumbradas a dar valor a las cosas sólo bajo un nombre o una marca. Al menos debieron regalarle una monedas. El pobre.
    Es muy hermoso lo que se recibe de quien lo ha hecho con sus propias manos, pienso que no hay nada más auténtico.
    Creo que en mi próxima visita iré a buscar mi esperanza…
    Un beso!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      De vez en cuando, Mayra, según me explicó la muchacha, él se va con su propina (y no dudo que un momento de aprieto tambíén exigirá algo) pero ese día no sucedió así. Por eso quedé tan impactado con esta historia, porque en menos de cinco minutos él regaló cerca de diez esperanzas a aquellos extraños, con una ternura capaz de ablandar el corazón de cualquiera.
      No dudes ir en busca de tu esperanza, vale la pena!
      Miles de besos para ti.

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  3. Iris Naranjo dijo:

    Carli como siempre esta es una historia muy linda y humana.Que gran generocidad la del senor sin nombre que regala lo que con sus propias manos puede hacer. Yo tambien pense que la esperanza era de verdad, solo despues de leer me di cuenta de que era tejida, sin duda una buena obra del senor sin nombre y una buena foto y naracion del chico mas ingenioso que haya conocido.Mil gracias por compartir tu arte con nosotros.Carinos,,,,

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    • Roberto Glez dijo:

      Tu historia de este martes demuestra la agudeza que tienes como futuro periodista, Carlos. Por suerte me llegué a tu blog desde que empezó y así he podido ser testigo de todas las historias que has compartido. Así que algún día cuando sea más viejo recordaré imágenes de mi Cuba gracias a tus escritos. Saludos. Roberto.

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      • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

        Gracias, Roberto, pero creo que esta vez no se trataba tanto de agudeza, como dice usted, sino más bien de dejarse seducir por aquella estampa, de abstraerse del entorno y enfocarse en el actuar de aquel hombre. Como siempre, soy yo el que agradece su constancia y lectura de cada semana. Qué placer para este aprendiz saber que estas letras servirán para luchar contra la desmemoria. Gracias. Un abrazo.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Esos personajes construyen ese rostro de Cuba que tanto me gusta: el rostro que no figura en guías turísticas, un rostro conformado por miles de imágenes costumbristas, de paisajes desconocidos, incluso para los propios cubanos.
      Tal vez este hombre jamás figuraría en una revista, pero aquí en la Isla nuestra, donde contamos historias todos los martes, vamos en busca de personajes y hechos como este, como él. Gracias por quedarte cada semana y compartir con nosotros. Gracias por los elogios. Miles de besos.

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  4. Manuel Alberto dijo:

    Bonia historia. Conozco al tipo. Me ha recibido en el restaurant de Manaca cada año, cuando llego con mis alumnos a mostrarles el valle, la vieja casa de mi familia y almorzar en el resturante. Muy especial la experiencia de ese hombre. Creo que no está completamente claro en el coco, pero tiene una dignidad personal y una autorespeto ciertamente impresionantes. El año pasado le pregunté acerca de manteles bordados y me tomé de la mano, sin hablar mucho, y me llevó a una casa (venden clandestinamente) y allí hice la zafra! Buenas manufacturas, que no tenían nada que ver con el candongueo de los alrededores de la torre!
    Así que me encanta el tipo! Por cierto, le compré pila de esperanzas pa mis alumnos y se puso hecho unas fiestas!
    Te quiero, flaco!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      En su sano juicio no está, Manue, eso te lo aseguro. Qué bien que lo conoces, así no me dejarás mentir. Así que has intercambiado con él y todo… qué bien!!! Ojalá este artesano siga regalando ilusiones al pie de la torre y no se deje seducir por otros atractivos… aunque, claro, también tiene necesidades, como todo el mundo.
      Ojalá se convierta en un auténtico promotor, aunque anónimo, de la buena artesanía de Manaca y así el visitante vea algo más que los productos de tan baja calidad que a veces asoman en las mesas de algunos vendedores del lugar…
      Un abrazo para todos por allá!!!

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  5. josefgonz dijo:

    Holaaa!
    Que bueno recordar esas cosas!!!!! Me trasporta a mis tiempos d e guía de turismo!
    El señor en cuestión hace muchos años regala sus esperanzas d e hojas d e palmas a los turistas. Desde los tiempos en que no había el comercio de artesanías en el sitio.
    Gracias por traerlo a la memoria! Un abrazote

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