Feliz cumpleaños, Dulce María

Feliz cumpleaños Dulce MaríaAhora mismo hay fiesta grande en el jardín de una casona del Vedado; una fiesta convocada por los versos, el silencio y el tiempo, por criaturas de este y otro mundo, seres fugitivos y eternos que hoy se dan cita para cantarle a una mujer que los convirtió en poesía, pienso yo.

Dulce María Loynaz celebra hoy su 111 cumpleaños. Y escribo “celebra”, en tiempo presente del modo indicativo, no por la mala costumbre que tienen ciertos oradores de aprovechar fechas como esta para pronunciar frases como “está más viva que nunca gracias a su quehacer, ese baluarte legado a las generaciones futuras”, entre otras sentencias insípidas para mí, sino porque he sentido viva a Dulce María desde que la escuché declamar los versos que me llevaron a descubrirla.

“Es tarde para la rosa. / Es pronto para el invierno. /Mi hora no está en el reloj…/ ¡Me quedé fuera del tiempo!…”. Así supe de Dulce María en mi adolescencia.  Días después el Noticiero Nacional de Televisión trasmitió un reportaje donde ella leyó esos mismos versos. Recuerdo que alcancé a verla sentada en su jardín, con un vestido estampado y el pelo recogido. Nunca había visto una imagen suya, aquellos años no eran de Wikipedia o Google.

Uno de mis tesoros más preciados es tener grabada su voz. Como nunca he podido tener la colección que elaboró Casa de las Américas en 1985, me di la tarea de editar los fragmentos de un radio-documental que escuché en tercer año de la carrera, donde Dulce María recita algunos versos. Con esos pequeñísimos cortes de apenas cinco u ocho segundos alimento mi alma de vez en cuando.

Siempre le reprocharé a la vida impedirme conversar con María Mercedes Loynaz, como en realidad se llamaba. Me hubiese gustado preguntarle por Invierno de almas, su primer poema, nunca publicado, escrito con 17 años para canalizar el duelo y la tristeza por el divorcio de sus padres, “una cosa terrible que amargó mucho mi juventud”, según confesó.

Esa es la Dulce María que siento a mi lado: la niña feliz, la adolescente triste, la mujer que se encerró en su jardín y creó el tiempo “donde toda la vida acude como un cristal que envuelve las cosas”, como dijera Lezama, no a la poetisa cuya obra muchos intelectuales ignoraban, aun cuando le había dado la vuelta al mundo; un descalabro que intentaron compensar después con homenajes tardíos.

Nadie más ha logrado transformar la tristeza en poesía como ella lo hizo, al menos para mí. Ahora entiendo por qué Pablo Álvarez de Cañas, su segundo esposo, la esperó durante 27 años e insistió en dar a conocer la obra de su mujer. Yo hubiese dado hasta lo imposible por conocerla…

En 273 páginas vive mi Dulce María. Aquí están sus Versos,  sus Finas redes, los Últimos días de una casa, los Poemas sin nombre, Bestiarium, los Poemas náufragos… en una colección editada por Letras Cubanas en 2002, a propósito del centenario de su nacimiento. Aquí está, siempre conmigo, dispuesta a susurrarme una y otra vez “Es tarde para la rosa. / Es pronto para el invierno…”.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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10 respuestas a Feliz cumpleaños, Dulce María

  1. Roberto Glez dijo:

    Amor que llegas tarde, traeme al meno la paz. Amor de atardecer, por que callado camino llegas a mi soledad?
    Con ese poema enamor´´e a mi esposa, Carlos. Gracias por estas palabras para Dulce Maria Loynaz, una cubana a la que tanto le debemos.
    Saludos.

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  2. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Grande, muy grande nuestra Dulce Maria Loynaz, Carli con esos versos también la recuerdo , pues en mi casa tenía un libro de sus poesías , regalo dei querida Fela, a quien también le gusta la Loynaz.
    Gracias , como siempre, tu post es muy bonito y sobre todo bien dedicado a una Grande de la poesía cubana.!!!!

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  3. Manuel Alberto dijo:

    Carlitín, yo me hice poeta (cuando lo era) a partir de este poema que repito mil veces. Cada noche mi hijo escucha a su padre musitar “Yugo y estrella” y “Creación” este maravilloso monumento al idioma castellano y a los códigos, que para mi, tiene la palabra poesía. Ella, Dulce, es mi favorita, la que adorna cada día mi alma. Y este, su mejor poema, me hace dar las gracias a Dios por el regalo tierno de la poetisa. Por cierto, te recomiendo leer “Profesión de fe”, si quieres encontarte a la Dulce que todos anhelan descubrir. Para mí el libro fue una revelación.

    Creación

    Y primero era el agua:
    un agua ronca,
    sin respirar de peces, sin orillas
    que la apretaran…
    Era el agua primero,
    sobre un mundo naciendo de la mano de Dios…
    Era el agua…
    Todavía
    la tierra no asomaba entre las olas,
    todavía la tierra
    sólo era un fango blando y tembloroso…
    No había flor de lunas ni racimos
    de islas… En el vientre
    del agua joven se gestaban continentes…

    ¡Amanecer del mundo, despertar
    del mundo!
    ¡Qué apagar de fuegos últimos¡
    ¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro!

    Era primero el agua.

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  4. Mayra dijo:

    Carli, creo que alguna vez te he comentado que tuve el privilegio de su amistad, aún antes de que la casona de 19 fuera invadida por los que de pronto se “dieron cuenta” de su existencia después que le otorgaron el Premio Cervantes, en 1992. Ese ha sido uno de los mejores regalos que me ha dado la vida.
    Me da mucha alegría que la recuerdes pues las nuevas generaciones deben conocer su obra inmensa, llena de belleza y cubanía.
    Te copio un texto suyo que me gusta mucho, lleno de las sutilezas y resonancias, como toda su obra.

    Poema CI

    La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
    criatura distinta. Más leve, más sutil,
    más sensitiva.
    Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
    deja un hueco en el viento; si es niño, juega
    a veces con un petrel, con una nube…
    La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
    rodea y al que no la rodea.
    Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
    amansan en su pecho, duermen a su calor
    como palomas.
    Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
    Las piedras de la isla parece que van a salir
    volando…
    Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
    de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
    una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
    le estremece la yema de las alas…
    Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
    fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
    lo menos tierra de la Tierra.

    DML

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  5. felicidades también de mi parte, dile que la quiero mucho!!

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