Memorias de ciudad

Memorias de ciudadNadie conoce el lugar exacto desde donde emana el deslumbramiento de Trinidad. Para algunos se debe a la armonía entre el presente y las almas del pasado que deambulan por doquier; muchos lo definen como un misterio y, por tanto, no es prudente resolverlo para que siga cautivando.

Trinidad, la Ciudad Museo del Mar Caribe, la villa detenida en el tiempo, de palacetes e ingenios, signada por la opulencia, la desolación y el renacimiento… pareciera que todo está escrito. La ciudad misma, sin embargo, se resiste al estanco y sus 500 años guarda historias para compartir, agazapadas en su acervo inmaterial, ése que aparejado al patrimonio tangible mantiene incólume la fascinación.

Cuentan que el terruño fue pródigo en el arte de la repostería, al punto de que ciertas familias mantenían en secreto las recetas y las legaban a las generaciones venideras como una especie de sello familiar. En el intercambio de dulces destaca los alfeñiques de la señora María Cantero, experta en preparar este platillo, los dulces y suspiros de yuca, las yemas dobles, los pasteles de masa real repartidos en las fiestas navideñas y la piña de almendras, un alimento que más tarde dio nombre a un punto de randa.

A los aromas de natillas y caramelo derretido se suman los versos de las cuartetas trinitarias, una especie de composiciones nacidas a vuelo de pájaro, de autoría anónima que bien podían alabar determinado sitio, persona o erigirse como sátira popular a cualquiera. Una de las más famosas está referida al Licenciado Maccort, un boticario de carácter poco feliz. Por eso no resultaba extraño escuchar en las inmediaciones del establecimiento estos versos: “En su casa el caracol/trabaja y se mortifica./ Y así vive en su botica/ el Licenciado Maccort”./

Detrás de las ventanas, en las saletas, solas o acompañadas por familiares o amigas muchas mujeres dieron vida a vestidos, mantillas, blusas y otras prendas a petición de las primeras damas de la República, quienes exhibían estas obras de arte emanadas de la urdimbre trinitaria en acontecimientos sociales. En medio de ese proceso de creación podía, tal vez, verse a un hombre con una jaula fabricada con varillas de río en la mano y, dentro de ella, escuchar el canto de un tomeguín, un sinsonte o un negrito. A nuestros días llega esta costumbre. Las aves continúan cantándole a su ciudad.

La procedencia de estas y otras estampas yace traspapelada en los enrevesados recovecos del tiempo. Por eso una sabia estudiosa refiere: “A Trinidad todo llegó por vía marítima, con destinatario pero sin remitente”.

Aquí confluyen las procesiones de Viernes Santo con los toques del tambor en el Cabildo de San Antonio; las composiciones de Catalina Berroa con los cantos yorubas y las tonadas trinitarias; las tradiciones de alfarería con las musas de los poetas. Esta es la tierra donde, como expresara Manolo Béquer en 1946, “cada rincón tiene una historia y cada historia un sinnúmero de evocaciones que invitan al ensueño y nos hacen trasladarnos a remotas épocas. Ninguna ciudad de Cuba ofrece al visitante tanto irresistible encanto y tanto recuerdo evocador”.

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12 Respuestas a “Memorias de ciudad

  1. Preciosas palabras, como todo lo que escribes, Carlos. En ellas se nota el amor que le tienes a Trinidad. El abrazo de siempre.

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  2. marta hernandez casas

    carlitin me gusta mucho, y creo que queda mucho por escribir del patrimonio intangible de trinidad, cuidad unica c9n gentes unicas, un abrazo fuerte.

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  3. Hermosas estampas de nuestra villa, Carli! Un beso grande!

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  4. Carli me contaba Vicente Echerri que sabe un sinnúmero de historias de Trinidad que nuestro pueblo era prolífico en locos ilustres. Una noche en mi casa hablando de historias de Trinidad me contaba que vivía allí una dama muy aristocrática que consideraba que aquello de defecar era un acto muy vulgar con lo cual se pasaba toda la semana tomando tés y cocimientos astringentes menos el miércoles por la noche que tomaba laxantes. Ella consideraba el jueves el día del “despeñe”.

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  5. Héctor Jesús Betancourt García

    Carli como siempre y con tanto amor, escribes de nuestra Trinidad y sus tradiciones, que orgullosos nos sentimos todos cuando leemos sobre nuestra querida tierra.

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