Un pueblito de Buñuel

Un pueblito de Buñuel islanuestradecadadiaLa Bajada no aparece en ninguna guía para extranjeros  ni en los mapas de los cuadernos de geografía de las escuelas. Tal vez ese anonimato es lo que mantiene virgen e inmune a este pueblito localizado a pocos kilómetros del comienzo de la Península de Guanahacabibes, en Pinar del Río.

Quienes peinan canas reviven el día en que abandonaron los precarios bohíos enclavados en las lomas para instalarse en una de las casas de madera mandadas a construir por el Che, con el afán de congregar a los carboneros dispersos por la zona. Así nació esta suerte de aldea mística frente al mar, según cuenta Tomás, un hombre de 60 años, con la piel curtida por el salitre, hijo de Mireya, la mujer más longeva de La Bajada, a saber, quien murió a los 92 años, hace casi un lustro.

El máximo desarrollo que ha experimentado el lugar son los techos de fibrocemento y la mampostería, que nunca lograron sustituir completamente a la madera; más bien llegaron para coexistir con ella. Un total de 31 viviendas y 100 habitantes conforman el paisaje demográfico de La Bajada, donde la electricidad llega a partir de las siete de la noche hasta las cinco o seis de la madrugada, según la vena del trabajador de la planta eléctrica, localizada a seis kilómetros del pueblo. Las paredes interiores de las casas no alcanzan el techo, así se garantiza una mejor circulación de aire, las puertas permanecen cerradas para evitar los daños por el exceso de salitre y solo al mediodía, cuando el sol arremete, se abren para dejar correr la brisa del mar y los ancianos duermen la siesta.

Entre la estación meteorológica, ubicada bien cerquita, el monte y el viaje a municipios cercanos se desenvuelve la vida laboral de La Bajada. Hay cuatro opciones: convertirse en biólogo del Parque Nacional Guanahacabibes, vaticinar las inclemencias del tiempo, cazar jutías y puercos jíbaros o trabajar en cualquier establecimiento de otro pueblito. No han sido pocas las veces en que la furia del mar y los ciclones han forzado a los lugareños a trasladarse a los albergues del municipio Manuel Lazo, pero ellos se resisten a la emigración definitiva. Por eso han desarrollado un sistema infalible: al mínimo indicio de evacuación  encaraman sus pertenencias en una camioneta colectiva y “dejamos la casa solo con el suelo hasta que pase el mal tiempo. Después regresamos porque el mar no es más fuerte que nosotros”.

De lunes a viernes, en la mañana, 15 niños caminan rumbo a la escuelita Isaac Crespo, ahí estudian hasta sexto grado. Luego se van a Manuel Lazo para la Secundaria Básica y el Pre. Algunos continúan hasta la Universidad, otros apenas terminan el 12. Lo que sí es común es el regreso de la mayoría a esa especie de paraíso desconocido que es La Bajada. “Por mucho que intentas desprenderte de aquí no puedes”, confesó Yusniel,  un «bajero» de nacimiento, egresado de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Aún cuando este joven de 30 años intentó adaptarse a los aires capitalinos de La Habana, volvió junto a su esposa Lisandra. Hoy Carlos Esteban, su hijo de ocho meses, es el más joven en ese paraje de ensueño.

Al atardecer se ve a los niños jugar con caracoles, conchas o esqueletos de cangrejos. Los fines de semana los jóvenes y los adultos juegan voleibol mientras los viejos miran el “campeonato” desde los portales. A tal punto llega la pureza de este sitio que no se tienen noticias de presencia religiosa por estos lares. Ni curas ni monjas, ni capilla o  iglesia figuran en la historia de La Bajada, donde “cada quien cree en lo mismo que nuestros padres, en la Virgen de la Caridad y Santa Bárbara”, comentó Cuqui, la esposa de Tomás.

Después de convivir durante tres días en esta comarca, de hablar con su gente y disfrutar de comida hecha a la vieja usanza supe por qué el capitán del viaje donde me enrolé bautizó el poblado como “un lugar tan surrealista como las películas de Luis Buñuel”. Mientras la vorágine de las ciudades marca el ritmo de la cotidianidad, el tiempo de La Bajada lo dictan la felicidad de la gente, el sol, el sonido del mar y la profecía del eterno retorno.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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12 respuestas a Un pueblito de Buñuel

  1. Jose f dijo:

    Verdaderamente es un pueblito de ensueno, a donde siempre quisiera regresar.
    Muy bueno el retrato de este sitio paradisiaco. Quisiera anadir que la belleza natural del paraje compite com la hospitalidad de sus gentes. Gracias por esta resenna de viaje!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Yo también me muero de ganas por ir otra vez Jose. Gracias por darme la oportunidad de conocer La Bajada… y pensar que todavía hay gente que vive en medio de esa realidad esotérica…

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  2. Mayra Madiedo. dijo:

    CL. Magnífica oportunidad de conocer otros lugares de Cuba, siempre el mar, haciendo estragos, cuyo sonido, una vez conocido, no podemos apartarnos de él. Bonita descripción. Gracias por hacernos llegar hasta La Bajada. El abrazo de siempre.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Ojalá tengas la oportunidad de conocer este sitio, Mayra, te va a encantar. Estas personas establecen un pacto amor-odio con el mar: él es quien les brinda ese tono de ensueño al paisaje y, a la vez, el que le arrebata la paz cuando se enfurece… Un beso.

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  3. Mayra dijo:

    Hermoso lugar, Carli. Ya lo anoté en mi cartera de viajes &;o)
    Un beso grande!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      No te vas a arrepentir, Mayra, este sitio no se parece a ningún otro de los que he visitado. Tan sui-géneris, tan virgen, tan mágico… a verás que no miento si tienes la oportunidad de llegarte a esa suerte de comarca occidental…

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  4. isa dijo:

    Carlitin, como me gustaría terminar mi vida en un sitio como el que acabas de acabas de describir,tranquilo, sano y con el mar a mi lado, sin lujos, solo con lo necesario, seria súper feliz. Me alegr mucho conocerlo a pesar de estar tan lejos a través de tus ojos. Un besito

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Isa: ojalá puedas acercarte a La Bajada. Si lo haces, enseguida querrás anlcar para siempre allí. Yo tan citadino y raigal, tan amante a los aires e urbe sucumbí ante la sencillez de este paraje… verás que te sucederá lo mismo. Un besote. Qué alegría tenerte de regreso!!!!

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  5. Roberto Glez dijo:

    Carlos, creo que voy a cerrar mi casa para ir a pasar lo que me queda de vida en este sitio. Muy bonito tu escrito, aunque ya tú sabes de sobras que me encanta todo lo que escribes. El abrazo de cada semana. Roberto.

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  6. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Carli como dices es un sitio totalmente surrealista, me gustaría conocerlo, pero a pesar que me gusta el mar y la tranquilidad, no me acostumbraría a vivir en un sitio así, la sivilizacion con sus tecnologías me puede.

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