Cosas de casa

Cosas de casa islanuestradecadadiaCon las anécdotas de mi casa pudiera escribirse un libro. Aquí se amanece, pero es imposible saber cómo va a acabar el día. Puede despertarte un vendedor o un amigo que pasó a tomar café; por eso siempre la cafetera está “plantada” apenas despunta la mañana. En la saleta siempre hay gente conversando de todo: artes plásticas, astronomía, deporte, cine, música…; en el palacete del siglo XVIII donde transcurre mi existencia “sale uno y entran cuatro”, como dijo alguien para definir la tormentosa y deliciosa vorágine con la que mis padres, mi abuelo materno y yo hemos aprendido a lidiar.

Hace poco conversábamos de los hechos más insólitos sucedidos en estas cuatro paredes desde que tengo uso de razón y recordamos tres muy simpáticos. Obviando todas las veces en que los turistas confunden la casa con un museo y quitan el gancho de la puerta para entrar como Pedro por su casa, prestos a tomar fotos, hasta que alguno de nosotros -casi siempre mi papá, con ese carácter tan suyo- le sale al paso, estas fueron las primeras historias en aparecer. Otro martes les cuento más, ¿de acuerdo?

Un día estábamos en la saleta, como de costumbre. De repente alguien entreabrió la puerta y lanzó una jaba, bastante pesada por cierto. Al principio pensamos era propiedad de alguna de las mujeres que piden a los extranjeros -vamos, no se asombren, que todo el mundo saben que sí las hay- y, tal vez, corrió despavorida porque venía “la Fiana”. Después creíamos que algún conocido había dejado el paquete porque iba cerca y la recogería al regreso. Sin embargo, pasaban las horas y nadie aparecía para reclamarlo. Intrigados -y a la vez preocupados, pues sabía Dios el contenido del bulto-, decidimos abrir la bolsa. Empezamos a sacar medias, batas, cintillos y no sé cuántas cosas más para bebés… Hasta los días de hoy no sabemos nada del dueño ni el motivo de aquel “regalito”, cuyo contenido yo vendí días después para engordar mi alcancía.

Otro día, alrededor de la seis de la tarde, un jovencito medio ebrio irrumpió en el patio mientras mi madre regaba las plantas. Con sus botas de cowboy, camisa a cuadros y sombrero de ala ancha, el muchacho solo decía: “Yo no soy de aquí, señora, usted ni me conoce, pero necesito ir al baño porque me estoy orinando de la borrachera que tengo. Mire yo le pago un «fula»”. Mi madre, tan atónita como yo, le respondía que acabara de orinar y que no era necesario pagar. El joven, ahora dentro del baño, insistía: “yo le pago un «fula», señora”. Salió con la moneda en la mano. Mi mamá se negaba. En eso mi abuelo salía de su cuarto, rumbo al baño. El jovencito se le interpuso y sin darle tiempo le dijo: “Mire, puro, pa´usted, pa´que se compre lo que quiera” mientras depositaba la moneda en su camisa. Mi abuelo, más atónito que mami y yo, no pudo responderle porque aquel desconocido salió a la velocidad de un cohete. Nunca más apareció.

La última historia ocurrió en diciembre del año pasado. Mi tía abuela escogía arroz en la cocina, mi mamá doblaba ropa en su cuarto. De pronto crujió la puerta de la calle. Como nadie llamaba, mi madre salió a ver quién era. Si bien se quedó sin palabras cuando aquel jovencito le pidió pasar al baño, esta vez se quedó boquiabierta al ver que una turista, cuya nacionalidad todavía desconocemos, corrió hacia un rincón de la sala, abrió su mochila, sacó una blusa, y…¡se quedó en ajustadores, se puso la blusa nueva, guardó la vieja, abrió la puerta y salió sin dar las gracias!

¡Y todavía la gente me tilda de exagerado cuando les digo que con las anécdotas de mi casa pudiera escribirse un libro!

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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20 respuestas a Cosas de casa

  1. JOSE FRANCISCO dijo:

    YO SI LOS CREO PORQUE HE VIVIDO EN TU CASA ANECDOTAS DE RISA!!!!!!!

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  2. cynthiawp dijo:

    me gustan las casas donde entra la gente, las casas del embullo como a veces le digo, parece que tu casa tiene algo…

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Dicen los que tienen su ¨gracia¨ que está llena de buenos espíritus… Bienvenida y espero poder contar con tu presencia otros martes…

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  3. isa dijo:

    Carlitin, igual que jose, doy fe, de todo lo que cuentas pues también en infinidad de ocasiones, han sucedido cosas supergraciosas y también increíbles. Y sobre tu comentario “sale uno y entran cuatro” me estoy sonriendo porque también es cierto, y eso ocurre porque ss anfitriones tienen un don especial para hacerte sentir como en tu casa. Siempre extrañare las tertulias de la saleta……..sentada en uno de esos 4 silllones. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Dios cuanta nostalgia¡!!!! Un besote

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Nosotros siempre extrañamos tu risa, Isa, esa que tantas veces alegró esos salones que bien describes. Ya verás como, algún día, viviremos cada uno de esos recuerdos todos juntos. Miles de besos para ti también!!!!

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  4. francisco dijo:

    RECUERDO QUE MI SUEGRA QUE EN PAZ DESCANSE, DECIA QUE PARECIA UNA TERMINAL DE TRENES

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Así mismo es, Jose, no importa si la puerta está cerrada y las ventanas también porque la gente toca para llegar y compartir!!!! Otro besote.

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  5. Mayra dijo:

    Jajaja…qué simpático! Me he divertido mucho con tu post, Carli.
    Por cierto, hablando de tu casa, pregúntale a tu papá cuántas veces, en nuestra época de adolescentes, planificamos explorar el altillo que está encima de la saleta. Al final nunca lo hicimos y siempre se quedó (al menos para mí) como un misterio &;o)
    Besos grandes!!

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Yo subí allá arriba, Mayra, hace cinco años, cuando reparamos el techo de casa. Te cuento que esa parte está diseñada para la unión de los dos techos, el de la saleta y el del primer cuarto. Es una pendiente con poco espacio y allá, casi en la punta, un pequeñísimo huequito para que circule el aire. Mira tú, Isla nuestra de cada día te ha ayudado a develar un misterio de la adolescencia. 😉

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  6. Dr.Mario A.Triana Estrada dijo:

    Aacredito este post jjejejjej, recuerdo una vez en la saleta con nuestro amigo Toto , llovia mucho y una turista africana se quedo desnuda delante de nosotros debajo del chorro de la canal , jjejejejje toto y yo nos miramos al ver aquella loca ella siguio como si nada ,

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  7. raymaluz dijo:

    Ay esos cafecitos en esos sillones!!!!!!! ¡valen una fortuna!

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  8. Héctor Jesús Betancourt García dijo:

    Yo también como Jose Fco y mi mamá doy “Fé ” las cosas que he vivido sentado en la saltea de tu casa , como tu dices son para escribir un libro, me uno al comentario de Mayra sobre el altillo de la saleta , siempre he querido subir y ” registrar” que hay dentro, ja ja, seguro que cuando arreglaron el techo y pintaron, lo han abierto , cuéntamelo, vale, un beso

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  9. Carlos, tu actualizas los martes y yo, cuando puedo; pero el dia q mas tiempo tengo para leer es el sábado, hoy me he leido muhos de tus posts!!! Me han encantado, sobre todo, me gusta la jocosidad empleada en los textos, tu simpatía… t leo, t leo por aquí… más los sabado!!! 😉

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig dijo:

      Pues mira tú lo tarde que respondo yo, Johanna. Tremenda pena!!!!!
      Pero ahora es que pedo, gracias a las bondades de estar en un centro laboral donde me han facilitado el Internet. Yo me llego a tus razones de Abril, pero no puedo dejar comentarios por el tiempo. Un abrazo y gracas por quedarte en esta islita suelta en Internet.

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      • jajaja 😀 No seas bobo!!! En internet hay cada Isla suelta q me hace llegar y quedarme… No creas q a mi me es facil dejar siempre comentarios, leo y releo, muchas veces me llevo hasta los enlace spara mi casa, asi los puedo leer mejor…. Sigue con tus post, me llego siempre hasta acá…. Besitos!!! Gracias por entrar tb a mi balcón de lirios 😉

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