Mientras espero

Mientras esperoAcabo de llegar a una ciudad que no es la mía, pero donde nunca me he sentido extraño. Ha de ser por la gente, por sus aires urbanos y de progreso, por su teatro o por un muelle con nombre de alcurnia.

Esta vez, sin embargo, no son los edificios, ni los leones de su Prado, ni su Boulevard el motor para escribir, sino su Terminal de Ómnibus y el ajetreo de la gente, el ir y venir de pasajeros, la cotidianidad, por momentos descarnada, que justo ahora se vive aquí, en los predios de los camiones, las Yutongs y los Vía Azul.

Estoy sentado en un quicio grande de la entrada. Parece que aquí se sientan dos clases de personas: quienes huyen hasta el último momento del calor insoportablemente insoportable (con redundancia incluida) del salón de espera y entran a rectificar el pasaje cuando no les queda más remedio, y aquellos que, como yo, miran para todas partes para ver si por las cuatro esquinas aparece la dichosa persona que debe venir a recogernos.

Delante mío hay una especie de camino que comunica el frente con el costado de la terminal. En esta media hora ha desfilado por aquí lo humano y lo divino: gente sin vacaciones, a juzgar por portafolios y papeles a cuestas, una pandilla de jóvenes con cara de vacacionistas de bajo costo, matrimonios, futuros viajeros, los graduados de Ciencias Médicas (hoy fue el acto, según acabo de saber), gente con paso apurado y otros con caminar lento, dos niños en bicicleta y un señor con un saco en la mano lleno de latas vacías y usadas que él recoge.

A solo dos metros está el gremio de los choferes estatales y boteros: suerte de cofradía que hace competencia a viazules y transtures; especie de relacionistas públicos graduados de la universidad de la calle, bendecidos con el don de la persuasión y el convencimiento; seres “generosos” con turistas de mochilas al hombro o maletas con rueditas que le ofrecen a los clientes un servicio completo “hasta la puerta de la casa, y te damos el chance de parar donde quieras, de hacer todas las fotos que quieras, además de ir en un Chevrolet original, con todas las piezas originales, por solo 25 CUC”, como si los yumas realizaran un análisis anatómico de los vehículos antes de montarse. Al final la parejita de extranjeros tranza con la propuesta y el “gestor de viajes”, el hombre que parece dirigir toda la cuestión, ya tiene en la mira a otro matrimonio con pinta de ingleses.

Acaban de anunciar por el altavoz que el camión de la 1 y no se qué, con destino a Rancho Luna, está cancelado. No dicen la causa. No va a salir. Punto. Fin del anuncio. La gente protesta “porque esto es una falta de respeto, esto es lo último y yo te digo a ti…”

Quienes estaban al lado mío se van. Ahora se sienta un jovencito que trae el libro Jardín, de Dulce María Loynaz. En la calle los carros, motos y bicicletas pasan a toda velocidad. La gente camina, busca la sombra, intenta no perder la guagua o resolver algún pasaje… El diarismo se muestra en vivo y a todo color. Yo espero.

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4 Respuestas a “Mientras espero

  1. Yo tambien espero que CUBA SEA MAS PROSPERA…para mis nietos–EXITOS GUAJIRITO!!!

    del guajiro maypr desde Rusia

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  2. Mientras espera puedes también pensar en mí, en esa ciudad que no es tuya… que es nuestra. En ese muelle con ínfulas y nombre de alcurnia, porque es lo más Real que existe. Un abrazo, mientras esperas.

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