La efímera resurrección de los pueblos

La efímera resurección de los pueblos-- IslanuestradecadadiaLa mayor bendición que pueden recibir los pueblitos alejados de una cabecera provincial, sea cual fuere, es ganar la sede de un acto conmemorativo a una fecha patria. Nacidas a pocos kilómetros de caminos y carreteras, esa especie de aldeas esotéricas llevan sobre sí los desmanes del fatalismo geográfico, el menosprecio de sus vecinos territoriales y, muchas veces, el anonimato.

Aunque los dirigentes conozcan la localización exacta de los poblados –nada loable en realidad porque es deber de cada líder conocer a ciegas la jurisdicción a su cargo-; aunque tengan sobre la mesa mil y un informes de las dificultades en esos parajes distantes, sobran los dedos de las manos para contar las ocasiones en que las ruedas de los vehículos de la jefatura se enrumban más allá de donde termina el asfalto y empieza el polvo y la tierra colora´.

Fuera de inspecciones sorpresas previamente anunciadas por los canales pertinentes para fiscalizar la calidad de las producciones -y de paso recoger algunas laticas de mermelada o puré de tomate para probarlas luego en sus menús vespertinos-, la estampa de tocar a las puertas de los moradores, tomar café con ellos, conversar cara a cara y no papeles mediante, dialogar en otro ambiente que no sea el de la vorágine laboral… figura como un recuerdo borroso entre los habitantes.

Mas basta la designación de un acto provincial en esos predios para que esa suerte de comarcas encabecen las agendas de los órganos de dirección. Entonces, por fin, se escucha una respuesta al bulto de problemas acumulados en el escritorio durante meses. De repente los recursos dejan de escasear, motivo por el cual las reparaciones no se habían acometido antes, y salen los ases guardados debajo de la manga -o dentro de los almacenes, no me queda claro-, empiezan a calentarse los motores y las “brigadas salvadoras” corren a toda velocidad para reanimar la imagen de un lugar lánguido, casi muerto; un paciente cuya gravedad estaba reportada desde hacía mucho, pero había otros enfermos priorizados.

Si bien la cura no puede ser completa, al menos se parapeta el semblante del doliente para que los visitantes venidos “de arriba” no lo vean tan moribundo porque “cuando viene visita a la casa, debe estar en las mejores condiciones, aunque sea por unas horas”. Una pinturita por aquí, un agujero tapado con cemento por allá, un centro rehabilitado por sector, dos o tres vallas para reflejar las tradiciones de la zona, cal, mucha cal, en los bordes de las aceras, carteles alegóricos. ¡Listo!.

Llegó el día. La plaza luce como nueva. Al centro, el pueblo convocado -e igualmente cansado después de partirse el lomo para ganar la sede-. Las guitarras cantan tonadas. En el escenario bailan, luego pronuncian discursos para elogiar “a los aguerridos trabajadores” así como “a exhortarlos a mejorar la calidad y la eficiencia”. Aplausos, aplausos, aplausos.

Qué importa si meses más tarde las paredes decoloran, si la cal desaparece del borde de las aceras, si todavía no se ha reparado aquel local al borde del derrumbe, si regresa el desabastecimiento en la instalación recién remozada, ¿acaso la tarea no era resucitar efímeramente al pueblo?

Anuncios

Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
Esta entrada fue publicada en Historias, Para aliviar catarsis y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a La efímera resurrección de los pueblos

  1. Roberto Glez dijo:

    Buen análisis, muy bueno. Saludos

    Me gusta

  2. No soy nadie dijo:

    Parece que eso se repite todo el tiempo, verdad?

    Me gusta

  3. Jose García-Cabezas dijo:

    No se porque razon me recordo aquel “Pueblo mio que estas en la colina, tendido como un viejo que se muere…”, si, ese mismo que “Colgado de un barranco duerme mi pueblo blanco…” que esperando su 500 aniversario maquillaron a la digna anciana para que viera pasar el desfile apuntalada por sus hijos que casi sin fuerzas se desplomaron cuando paso el Carnaval.
    Si, claro que hablo de Sancti Spiritus, suerte que es la capital y no una de las pequeñas aldeas…

    Me gusta

    • Le garantizo, Jose, que Sancti Spíritus ha corrido con mejor suerte que Trinidad. Mi pobre ciudad si está condenada al maquillaje perpetuo. Lástima que esta vez este post se salga se las fronteras provinciales, pero sea tan afin, al mismo tiempo, a territorios de la cuarta villa. Males que atañen a todo territorio, digo yo. Un abrazo fuerte y gracias por estar cada martes junto a nosotros.

      Me gusta

  4. Mayra Madiedo. dijo:

    Dejo estrofas de una popular canción:

    Gloria a Dios en las alturas
    recogieron la basura
    de mi calle ayer a oscuras
    y hoy sembrada de bombilllas…….
    ……

    Se acabó, el sol nos dice que llego el final
    en una noche se olvido
    que cada uno, es cada cual……

    Vamos, bajando la cuesta
    que arriba en mi calle
    se acabó la fieeestaaaa.

    Fiesta.
    Joan Manuel Serrat.

    El abrazo de siempre, Mayra

    Me gusta

    • Otro abrazo para ti, Mayra. Adoro esa canción de Serrat, aunque debo confesarte que el verso con más parecido a la experiencia vivida en ese paraje es aquel de ♪ y colgaron un cordel de esquina a esquina un cartel y banderas de papel verdes, rojas y amarillas ♪
      Gracias por estar!!!Feliz verano!!!!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s