Archivo mensual: septiembre 2014

Conocí un rostro de la perseverancia

Conocí un rostro de la perseveranciaEra imposible no verlo. Moviéndose de un lado a otro, con una soltura envidiable, caminaba un joven mexicano por una exhibición de novedades científicas en el campo de la Ortopedia y Traumatología. A sus 29 años, tenía unas piernas más cercanas a las de un robot, que le daban un aire futurista, porque un accidente le arrebató las suyas hace más de una década.

A Leonel, así se llama, lo vi durante casi una semana, y nunca me lo tropecé en estado de reposo. Desde el primer día quise entrevistarlo, pero no con el morboso propósito de exponer su discapacidad, sino como testimonio de rehabilitación en un amputado bilateral. Quería saber, lo juro, de tratamientos y ejercicios de fisioterapia, de posibilidades para pacientes con bajo nivel adquisitivo… Pero él condujo aquel diálogo por otros rumbos, dispuesto a regalarme su historia, despojado de toda sensiblería. Y entonces callé para escucharlo narrar su existencia misma.

“Regresábamos de un velorio familiar. Yo tenía 18 años. Como vivíamos en un pueblo más adelante de la ciudad capital, mi papá decidió llevarme en el carro. Por el camino, el motor se estaba calentado. Nos detuvimos y cuando estábamos chequeando el problema, vino otro carro y nos impactó por detrás. El nuestro era un Volkswagen, que como no es tan alto, me provocó el golpe en la espinilla.

“Luego de la operación, estuve dos meses ingresado hasta que la inflamación redujo. Después fui a terapia durante casi un año en el Instituto Nacional de Rehabilitación de la ciudad de México. Ahí me hicieron mi primera prótesis, una muy sencilla, pero no me funcionó.

“Pese a los cambios que supone un episodio así, nunca quise abandonar los estudios, te lo juro. Por eso empecé a buscar alternativas de prótesis más funcionales a mi edad, mi peso…hasta encontrar estas, unas de fibras de carbono que se adhieren perfecto a mi pierna”.

Y justo cuando pensé había llegado el final, advertí a aquel muchacho desarmar en pedazos su plateada extremidad, para mostrarme cómo funcionaba el mecanismo- Entonces aprendí que todavía quedan almas libres en este mundo, sin complejos ni miserias…

Ahora, ¿qué haces?, pregunté con la idea preconcebida de escuchar una descripción donde los días de sosiego resultan protagonistas.

“Yo soy maestro de niños entre seis y siete años —me confesó, y volvió a desarmarme—. Todos los días voy a mi trabajo, practico actividades físicas, deporte, manejo y por las tardes ayudo a otros pacientes con situaciones parecidas a la mía”.

(…)

Al día siguiente lo avizoré a lo lejos, sorprendiendo a otros colegas como lo hizo conmigo y otra compañera periodista de la radio. “Le comenté a mi hijo de Leonel, de lo que significa la constancia”, me confesó ella.

El jueves pasado nos despedimos. “Buena suerte en tu trabajo”, me dijo, sin saber la marca indeleble que había dejado en mí ese joven cuatro años mayor que yo, cuyo rostro, si no es el de la perseverancia misma, se le asemeja con creces.

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Como Penélope

fotoEstamos todos a la expectativa, esperando que el teléfono despierte de su letargo y traiga noticias alentadoras; estamos a la espera de que las conciencias se iluminen, a la espera de un milagro… A 12 kilómetros abre las puertas un evento importante, y Trinidad tiene la suerte de acogerlo por primera vez, y tal vez por última, porque organizar un congreso internacional es una oportunidad en un millón, muy parecida al famoso cometa Halley, aquel cuyo recorrido ocurría una vez en muchos años.

Allá, cerca del mar, donde se reúnen los congresistas, el debate debe estar en su apogeo, el intercambio de experiencias entre cubanos y extranjeros hablando de huesos, cirugías espinales y prótesis debe generar una cobertura variopinta y provechosa, excepcional.

Mas nuestras grabadoras están apagadas, nuestras cámaras fotográficas no pueden captar imágenes. En este preciso instante las entrevistas y los datos envejecen sin que podamos capturarlos para alimentar más tarde nuestros medios de prensa. El sitio web de Escambray ansía actualizarse, ofrecer la primicia… , pero parece imposible.

De este lado, en la ciudad, los reporteros hemos dejado a un lado nuestra condición de periodistas para encarnar, involuntariamente, el alma de aquella muchacha sentada en el andén que describiera Serrat en una de sus composiciones más conocidas.

Esta vez, sin embargo, Penélope no espera al tren que le devolverá a su amado. Ahora, Penélope espera el tren simplemente. El tren, un Lada, una guagua, un jeep, un carretón con motores capaz de acercarnos a la costa, donde el evento arranca. Penélope ya no es una sola muchacha: somos cerca de cuatro personas que debemos dar cobertura a la cita médica.

Se suponía todo estuviera asegurado, se suponía… Y aquí estamos, media hora más tarde que iniciaran los cursos precongreso, sin podernos trasladar.

Allá, cerca del mar, tal vez están otros colegas que no conocemos, de medios de prensa nacionales y extranjeros. Ellos no tienen la necesidad de aguardar por un carro, porque lo tienen. De este lado, en la ciudad, los reporteros locales no tenemos tanta suerte.

Alguien olvidó el “pequeño” detalle de asegurar la prensa de estos lares; una prensa que a lo mejor no tenga las condiciones de Telesur, pero es la nuestra, con sus pocas virtudes y muchos defectos, como pensará la mayoría.

Mientras que a 12 kilómetros otros medios viven la noticia, nosotros, suerte de Penélopes dedicados al Periodismo, no tenemos más remedio que esperar.

 

Barbaridades Bárbaras IV

Barbaridades Bárbaras IVSeptiembre casi se nos acaba y es tiempo de publicar el cuarto volumen de nuestro glosario de disparates, fieles a la tradición de hacerlo cada seis meses. Como siempre, agradecemos al equipo caza-gazapos así como a todos los colaboradores que durante este tiempo han aportado a nuestra colección su…barbaridad (pensaron que iba a decir “un granito de arena, eh?).

A usted, compañero lector que llega por primera vez y no sabe de qué estamos hablando, aquí tiene los enlaces que marcan la evolución de esta especie de ritual de la Isla nuestra de cada día.

Barbaridades Bárbaras I  

Barbaridades Bárbaras II  

Barbaridades Bárbaras III

A usted, compañero lector que ya está acostumbrado, no lo aburro más y le presento:

Barbaridades Bárbaras IV ©

  • Se sentía mal, pero tan mal, que dijo con tono de derrotada: ¡Qué deprimencia más grande tengo! (Eso debe ser un estado muy superior a la depresión, no?)
  • En medio de una reunión eclesial: “La espiriluatidad de cada uno es única”. (Por supuesto que es única; es más: ¡no existe!)
  • “La comida demora un poco. ¿Quieres antes un apetitivo?”. (Manera muy fina de decir aperitivo, supongo yo)
  • “Ella está enferma: tiene rauma”. (Enfermedad recién descubierta, parecida al reuma, pero no es lo mismo, compañeros)
  • “Hace falta comprar papel necesario para el baño”. (Más que necesario, yo diría sanitario)
  • “Ay, discúlpame si te intermaltrepé”. (Bueno, yo creo que en realidad ni siquiera interpretó mal)
  • “Tienes que explicarme muy bien como es esa intronunciación para no confundirme”. (Dícese de la parte del texto que antecede a la Introducción, creo)
  • Pregunta: “¿De dónde es el marido de ella?”
  • Respuesta: “De un país que se llama Belga”. (Seguro es un país nuevecito; con todo esto del calentamiento global…)
  • Él quería que calmaran al intranquilo hámster que recién había comprado. Lo acompañaba su amigo, que estaba triste. Al primero le habían dicho que el hámster captaría el estado de ánimo de quien lo cargara. Por eso se lo dio a su amigo cabizbajo, y al hacerlo le dijo: “Toma, depresívame este bicho ahí”. (Me parece que se trata de un don que va más allá de la simple depresión)
  • “Me duelen los deditos de los dedos del pie”. (Atención, doctores, al nuevo descubrimiento de la ciencia: ¡Los dedos de los pies tienen otros dedos aún más pequeños!)
  • “Me caí porque el agua estaba mojá’”. (No, boba, el agua estaba seca, sequita)
  • “Hay que tener cuidado con él porque es de la religión evacúa”. (Evacúa’ de neuronas estaba la mente de quien dijo esta barbaridad)
  • “Para ese dolor yo tomo Urotacida, es lo mejor que hay”. (Alude a una versión mejorada de la Hidroclorotiacida)
  • Buscaban voluntarios para una obra de teatro. Desde el fondo del aula, una madre levantó la mano y le aseguró al profesor: “No se preocupe, que mi hija va a escenogrifarla”. (Resulta, queridos amiguitos, un vocablo para definir a alguien bendecido con dotes para rebasar una simple y mundana escenificación)
  • Pregunta: “Mami, ¿por qué no te pones gafas?”
  • Respuesta: “Porque con gafas puestas no oigo” (¿Serán del modelito súper moderno que tienen audífonos incorporados?)

Nota final: Ya estamos en fase de recolección para marzo, cuando vea la luz la quinta parte de Barbaridades Bárbaras. Hasta entonces… recuerde hablar bien 😉

El llanto de una guitarra

El llanto de una guitarra-Isla nuestra de cada díaPuede que si se menciona el nombre de Pedro Dámaso González Lozano —así, con un acento tan oficial— aparezca la imagen de un hombre distante, rodeado de premios y reconocimientos; uno más entre la multitud de los consagrados.

Mas, si se menciona el nombre de Pedrito González, el trovador —así, con ese cálido tono de cercanía y familiaridad— germina indemne la figura de un hombre con espíritu bohemio que caminaba en medio de la noche por calles empedradas hasta una esquina para desenfundar su guitarra y cantar con frenesí un bolero o un son. Cuando se dibuja ese paisaje Trinidad llora, porque sabe que perdió un hijo.

El corazón le jugó una mala pasada y a sus 58 años se empecinó en dejar de latir para que Pedrito cruzara el umbral donde habitan los espíritus que protegen a la villa.

Tal vez ahora mismo Pedrito esté repasando su existencia: desde el día en que su padre trasmutó el patio hogareño en la primera Casa de la Trova de Trinidad, pasando por el momento en que se aventuró con José Ferrer a dar vida al Dúo Escambray y con él inscribirse entre los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova, hasta verse en la primera Semana de la Cultura, en 1974, estrenando el tema Cerca del mar y del monte, de Ferrer; esa suerte de himno a la ciudad, entonada desde entonces y hasta el fin de los tiempos. Yo me pregunto si en ese arsenal de memorias él se acordará del día en que mi vocecita infantil se unió a la suya para interpretar, precisamente, esa misma canción.

A partir de ahora cada trinitario construirá su propio Pedrito. La mayoría lo perpetuará en el escenario, dejándose la piel. Sus colegas lo invocarán cuando necesiten una nota en el pentagrama y les urja un consejo de un avezado en la música. Las amas de casa echarán en falta su voz en Trovadores siempre, un programa radial que mantuvo a flote durante años para contribuir a la preservación del acervo trovadoresco del país.

Sus vecinos creerán verlo en el barrio en compañía de su hija, ajetreado en faenas hogareñas con su esposa, o caminando la calle Jesús María hasta llegar a Polvo Rojo para visitar a su madre. Algunos brindarán por él mientras rasgan las cuerdas de una guitarra y calientan la voz con un trago, como hacía Pedrito en aquellas extintas serenatas nocturnas. Y la ciudad entera lo recordará para siempre.

Cuesta creer que partiera sin cumplir el sueño de musicalizar algunos versos sencillos de Martí; que dejara letras y melodías pendientes.

La trova cubana aún viste de luto. Todavía hay voces apagadas e instrumentos en silencio. Mientras, su guitarra llora en el rincón de la casa porque él no volverá a acariciarla.

Desde un sitio desconocido Pedrito continúa cantándole a Trinidad y a los trinitarios, apostando por la trova. Desconozco la localización exacta de ese paraje místico, pero de algo estoy seguro: está cerca del mar y del monte, habitado por almas que también velan por la salvaguarda del patrimonio y hacen que Pedrito no sienta soledad.

Pedrito González-Isla nuestra de cada día