Mariposas en el recuerdo

Mariposas en el recuerdo-2Después de muchos años he vuelto a ver una mariposa en mi casa. Dichoso yo —sí, dichoso yo— porque a estas alturas puede considerarse una fortuna, casi una bendición divina, admirar el revoloteo y verlas llegar a algún sitio donde se posan efímeramente.

De niño mis padres me contaban que Trinidad estaba habitada por las mariposas. No había un solo sitio donde no llegaran para alegrar los días de esa generación que creció leyendo los clásicos de la literatura rusa, los versos de Neruda y cantando en los parques la melodías de Silvio y Pablo; esa generación que en la adolescencia y juventud se agazapaba bajo las sábanas del albergue de la Escuela Vocacional de Santa Clara para abrir furtivamente las novelas rosas de Corín Tellado y escuchaba a los Beatles a bajo volumen, a riesgo que los tildaran de diversionismo ideológico.

Quienes conforman esa generación saltada, como dijera cierto escritor, ocupaban los días de su niñez persiguiendo mariposas. Solos o acompañados por su pandilla, se lanzaban como expertos cazadores, sin más armas que las manos o alguna especie de red atada a un palo para dar un poco más de caché al acoso, pero nada más, porque aquellos rudimentarios e improvisados instrumentos jamás lograron atrapar ni la más indefensas de las mariposas.

Sin embargo, no fueron aquellos acechos infantiles los que las ahuyentaron. Simplemente desaparecieron con el tiempo hasta los días de hoy, en los que rara vez asoman por estos predios del centro sur de Cuba. De niño, recuerdo que al levantarme, había alguna en la pared del cuarto: negra, carmelita, con los más variopintos colores en la alas… Y mi inocencia de chiquillo no podía imaginar su ausencia.

Por eso al verla posada en la flor de Guacamayón comencé a seguirle el rastro porque, quizá, no vuelva a ver otra en mucho tiempo, si es que tengo suerte.

Gracias a la nitidez de los años ahora tengo una imagen nítida que me permite recordar al detalle su itinerario: del jardín al mosquitero de mi abuelo; luego descansó en la lámpara de la cocina y merodeó por la sala. Salió fuera y se posó en el alero de tornapunta… hasta abrir las alas y camuflarse con el paisaje diurno para emprender viaje, tal vez con destino al lugar donde ahora viven las mariposas que rondaban a Trinidad, una ciudad que bien pudo llamarse, en un momento de su historia, la tierra de las mariposas.

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6 Respuestas a “Mariposas en el recuerdo

  1. y me guardaste varias fotos??? 🙂 yo quiero verlas!!

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  2. Héctor Jesús Betancourt García

    Carli, me a gustado mucho, mucho tu post, realmente en mi infancia existía la temporada de “Las Mariposas” aunque se les veía tb en meses anteriores o posteriores a esa llamada temporada, no sé realmente que ha causado su casi inexistente aparición en nuestros días, tal vez le pase como a las abejas que a nivel mundial han ido desapareciendo y la preocupación de naturalista y apicultores es grande, pues las abejas permiten la polinizacion y que siga el ciclo vital.
    Recuerdo de niño, que se conseguían los llamados “cujes de guano” era un manojo para cuando venían en grandes grupos por las calles y parques esperarlas blandiendo aquel manojo de guano y ” aturdirlas” como decíamos en gerga infantil, luego las tratábamos de coger con cuidado y las metíamos en pomos de cristal, era un poco cruel, pero como niños no pensábamos en mas que era un juego o diversión, algunos las coleccionaban y al morir la mariposa la pinchaban con un alfiler y tenían varias por colores y tamaños, hoy en día no pienso/ pensamos así, era una batalla contra el esplendor de sus alas y colorido, es una pena pero fue así, no recuerdo en mi infancia quien lo hiciera con mas cuidado con ese palo y esa malla o red, pero seguramente había niños que lo hacían con ese cuidado, sea como fuese era una crueldad, pero en nuestra inolvidable y feliz infancia, no existían los ordenadores, ni las playstations, ni las tablet, ni coches teledirigidos , pero eso sì éramos muy felices, jugando en las calles, corriendo, saltando.
    Besos Carli, te quiero siempre.

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    • Carlos Luis Sotolongo Puig

      Al menos, Hecti, eran juegos más inocentes que los de ahora. Gracias por llegarte siempre a esta esquina en la web. Te quiero.

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  3. CL. Formando parte de esa generación que mencionas las recuerdo y suspiro!!!. Son Hadas extinguidas. Mi eterno abrazo, Mayra

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