Abundovsky y Vacily

Vacily y AbundovskyBien pudieron estar emparentados con el mismísimo Iván, El Terrible, escalar hasta la cima del monte Elbrus o merodear por cualquier punto de la Siberia rusa. A juzgar por sus apellidos, se llamarían Vladímir, Yuri, Lev…; mas, por más que intenten encontrarlos en los libros históricos o de literatura, jamás darán con ninguna de estas dos figuras ni se conocerá con exactitud la ascendencia de su linaje.

Solo se sabe que nacieron en suelo cubano, un día que todavía carece de precisión en el calendario, y que son Generales. Nada de descripciones físicas o psicológicas para calarlos. Tampoco detalles de cómo obtuvieron el grado militar, quién se los otorgó, cuándo o dónde. Debió ser por buen desempeño, creo.

Con más de 90 años en la costillas, quien único sabe de la existencia de estos jefes no necesita de semejante información. ¡Son amigos desde hace tanto tiempo que a estas alturas tales datos resultan nimiedades!

“Primero conocí a Abundovsky —confiesa—. Cada vez que necesitaba algo me lo encontraba: lo mismo cuando yo iba a comprar la carne que necesitaba para la comida, en la tienda, en el mercado, en la bodega; cuando buscaba ropa para mi talla, zapatos de mi número. En todo lugar, a toda hora, siempre me lo encontraba.

“Después supe de Vacily —continúa—. Llegó años después de convivir un tiempo con Abundovsky, por allá por los noventa y pico. Pero Abundovsky no sabía que le estaban serruchando el piso, tú sabes, hasta que Vacily le atestó un Golpe de Estado. Con Vacily la convivencia fue más complicada. Todavía lo es.

“Por suerte, Abundovsky no le guarda rencor a Vacily por su traición y hace un tiempito llegaron al acuerdo tácito de compartir el poder. El día, la semana, el mes… es mejor o peor de acuerdo a quién esté en el trono. De vez en cuando se respira cierto equilibrio si ambos imperan, pero a veces a Vacily se le despiertan de nuevo las ansias de supremacía”, concluye.

Cada tarde, después de bañarse, quien único los conoce sale al encuentro de uno de sus amigos. Nunca se reúne con los dos. Con su pintoresco caminar de nonagenario, embriaga la zona con el olor de su colonia —a los amigos se visita bien vestido y oloroso—. Un bastón le afianza los pasos. Del hombro siempre le cuelga una jaba, llena de bolsas pequeñas.

“¿A quién veré hoy? ¿Abundovsky o Vacily?”. El misterio termina cuando regresa, luego de recorrer las mismas bodegas, las mismas tiendas de víveres, los mismos puntos de venta.

“Hoy me encontré con mi amigo, el General Abundovsky”. Y de la bolsa que pone sobre la mesa emana el olor a dulce de guayaba, a limón, a tabaco, a vino…

“Hoy me encontré con mi amigo, el General Vacily”. La bolsa que pone sobre la mesa está vacía.

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4 Respuestas a “Abundovsky y Vacily

  1. ESTOY MAS BOTAO QUE UNA VACA EN UN CINE!!!

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  2. Muy buena la historia pero estoy como Francisco. Espero que no se acabe aquí y nos cuentes más de estos personajes.

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