Archivo mensual: mayo 2015

94 años no es nada

94 años no es nadaNació entre vientos de salitre, en la lejana fecha de 1921. Ese día, el salón de la casa construida por los patriarcas familiares en el poblado pesquero de Casilda trasmutó en el salón de parto donde doña Caridad confió la vida de su segundo hijo a la comadrona de turno. Luis Modesto Germán David Fortecus, así lo nombraron, pero desde la barriga le endilgaron al pequeño el apodo de Peruchito porque el padre se llamaba Pedro.

Dicen que, cuando joven, fue tremendo jodedor, amante a los juegos de mesa y a las mujeres lindas. Dicen que era buen bailador, que imponía presencia en las noches de sociedad y que el aroma de sus perfumes y la elegancia de los trajes hacía suspirar a más de una mujer, al punto de que, tantos años después, quienes le concedieron una pieza en aquel tiempo recuerdan las fragancias.

Hace casi 26 años que lo conozco, y todavía no me termina de contar su historia. Sé de los cursos por correspondencia para graduarse como técnico de radio, de cuando ayudó a fundar la emisora CMHT en Trinidad, de cuando vistió de verde olivo e integró las filas del Directorio Revolucionario 13 de marzo y allanó el camino para la liberación de la villa donde ha transcurrido su existencia, del día en que descubrió a Onelia, el amor de su vida, con quien sostuvo un noviazgo de más de una década.

Sé de su ateísmo confeso y su comunismo enraizado, de su teoría de la evolución humana a partir de una especie de marcianos, de su pasión por los tangos de Gardel. Sé que sucumbe ante la melodía de Pedro Navaja, interpretada por el panameño Rubén Blades, de cómo se labró la inteligencia devorando libros ante los aprietos del bolsillo, de los días en que le hacía “el trencito” a su nieto para, bajo un aparente juego, desarrollar las habilidades motoras de un sietemesino majadero.

Puedo escribir de tantas, pero tantas cosas, que no me alcanzarían las hojas. Y aún no terminaría de saberlo todo. Lo sé, porque hace apenas unos días me contó de cuando casi lo reclutan para irse a la Segunda Guerra Mundial. Fue ahí cuando constaté que una vida entera no basta para descubrirle todos los secretos.

Cuando hoy cumple 94 años, la nitidez de su memoria me deja boquiabierto, y quedo absorto al escucharlo disertar de política extranjera con tal maestría que he llegado a envidiarlo.

Quizá entre tanta vida variopinta, lo que más le agradezca sea llevar por segundo nombre el suyo, y ese apodo de “Pirro” con que me bautizó al nacer en honor al rey de Epiro, Macedonia y Sicilia, y mis pelos rubios, hasta el fin de los tiempos.

Quizá entre tanta vida variopinta lo que más agradezca sea tenerlo cerca, verlo amanecer este martes, cuando ya suman 94 mayos en su calendario, y me permita regalarle una botella de vino tinto para su copita vespertina, convertirlo en un modelo nonagenario y abrazarlo pese a su poca simpatía por las muestras de afecto.

No se puede escribir con la cabeza fría de quien no guarda recelos cuando le pides hurgar en su memoria, de quien te demuestra a diario que 94 años no es nada cuando se quiere vivir, aunque la vida te dé palos algunas veces.

No me avergüenza pecar de deslumbramiento o dejarme arrastrar por las emociones mientras tecleo. Cuando se trata de mi abuelo, pierdo el control.

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