No escribirás tus sueños

No escribirás tus sueñosDale vida a los sueños que alimentan el alma, / no los confundas nunca con realidades vanas. /  Y aunque tu mente sienta necesidad humana, (…)/ nunca rompas tus sueños, porque matas el alma./

Puede ver más allá de la realidad cuando pone la cabeza en la almohada. Dicen que heredó la gracia de su bisabuela, pero nunca tendrá la certeza porque no coincidieron en este mundo.

Tampoco puedo controlarlo, ni es todos los días —dice—. Sueño cuando los espíritus quieren. Veo imágenes nítidas, pero desordenadas, sin el hilo del tiempo o el espacio; episodios que van y vienen. Algunos los he soñado más de una vez, exactamente iguales. Después se me confunden unos con otros. Los días pasan y solo cuando se cumplen reaparece en ráfaga lo que vi mientras dormía, como una revelación…

Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco, / no los dejes que mueran de hastío, poco a poco, (…)  / déjalos que vuelen contigo en compañía./

Entonces, ¿por qué no los anotas? ¿Por qué no los fechas y después calculas cuánto demoran en realizarse?, le sugieren.

Y cuenta la tarde en que le aconsejaron visitar al hombre que hablaba con los caracoles en lengua de los esclavos.  No había artilugios místicos en las paredes ni ofrendas para los santos en los rincones. Solo la mesa vestida de blanco, con vasos de agua en la esquina, el rosario sumergido en uno, la foto sepia a la luz de las velas.

Preguntó cómo manejar su don. El otro consultó a las almas del más allá, agitó los caracoles, los lanzó sobre el mantel y comenzó a descifrar el mensaje.

Se te permite ver ciertas cosas, pero no saber cuándo van a ocurrir.

¿Y si escribo lo que sueño?

Dicen los muertos que no es aconsejable, no sé por qué. Míralo, aquí está clarito…

(…)

De vez en cuando nuestros caminos se cruzan por azar del destino o voluntad de los muertos. Mira alrededor mientras camina, intentando apresar los recuerdos de la noche anterior en la memoria. Pero son tantos que empiezan a desdibujarse.

En la mesa que está junto a la cama tiene un cuaderno sin estrenar. Quisiera escribir, pero tiene miedo desobedecer a los del otro mundo. Sigue con sus premoniciones a cuestas.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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Una respuesta a No escribirás tus sueños

  1. Muy bueno lo que escribes y con plena naturalidad e ingenio nos compartes. Un fuerte abrazo desde la orilla de mi mar.

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