Archivo mensual: septiembre 2015

Objetos,aromas y desayunos

Objetos, aromas y desayunosEl universo se reducía a la cómoda del cuarto o la gaveta del buró que el abuelo les dejó vacía. Allí estaba la muñeca más querida, las libretas de la escuela, las hojas repletas de garabatos con las que soñó conquistar las grandes galerías del mundo, la radio donde escuchó las novelas en aquel tiempo donde la gente soñaba a través del dial, los tesoros imprescindibles.

No existía otro aroma que el del azúcar a punto de caramelo, señal que la abuela preparaba el dulce de la tarde, el arroz acabito de cocinar en carbón, la fragancia del árbol de guayabas, de las rosas del patio, y cuando llegaba la hora del desayuno solo les bastaban el vaso donde nadie podía tomar y los cubiertos minúsculos.

Después la cómoda, el escaparte, la gaveta se transformaron en la taquilla del preuniversitario Tony Santiago y la vocacional de Santa Clara. Las muñecas se cambiaron por cintas para el pelo, y luego por lápiz labial; por máquinas y espuma para mantener a raya el crecimiento de la barba…, el papel sirvió para los trabajos prácticos, las tareas, los resúmenes para las pruebas.

El aroma venía entonces de los perfumes rusos (los únicos que había), las lociones para después de afeitarse, los talcos guardados en cartuchitos. Sobre la mesa ya no había platos, sino bandejas metálicas; no estaba la jarra para el desayuno, sino un vaso de bordes machacados. Y aun así bastaban 20 poemas de amor, una canción desesperada, una guitarra, un trago de chispa e´tren para aliviar cualquier dolor.

Más tarde la cómoda, el escaparte, la gaveta devinieron espacios comunes, hasta hoy. De un lado camisetas, medias y pañuelos; de otro, batas de casa, ropa interior y gangarrias para las ocasiones especiales. Las hojas acogen ahora propiedades de equipos electrodomésticos, apuntes económicos. Antes de salir a trabajar y después del baño llega el olor del agua de rosas y la crema de almendras, de sándalo y limón.

Mas, ahora otros objetos coexisten con los libros en la mesa de noche, los alimentos del refrigerador y los cubiertos del desayuno. Dicen que se llaman medicinas. Hay de varias formas y tonos: redondas y ovaladas, blancas, amarillas, bicolores; duermen en tirillas o frascos, todos los días falta una y al agotarse, se reemplazan.

Ya los dolores no se curan con chispa e´tren, sino con un tubo rojizo con olor a menta que se conserva en frío, y es necesario aclarar la vista con cristales para leer con nitidez aquellos versos de Neruda y Benedetti con que se conocieron.

Justo ahí, cuando veo los medicamentos al lado de la taza de café humeante, cuando la crema de almendras se une con el aroma mentolado para paliar la rigidez de los huesos, cuando sobre el mantel rueda la píldora azul y roja… no me quedan dudas: mis padres se están poniendo viejos.

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Papa Francisco en Cuba: una visita políticamente religiosa

Papa Francisco en Cuba una visita políticamente religiosaJusto ahora, cuando todavía queda la estela que el Papa Francisco deja a su paso por la Isla y el Santo Padre debe haber recibido el “good afternoon”; justo ahora, cuando las cámaras, luces y micrófonos se apagan o abordan también un avión hasta la “yuma” para dar seguimiento informativo a la peculiar gira del primer Pontífice latinoamericano de la historia, me sigo lamentando de las lagunas que todavía rondan la prensa cubana para no mirar cualquier acontecimiento con el visor de la política.

No voy a hablar de los mensajes de Pastor de la Iglesia Católica, tan necesarios para el pueblo cubano, ni del sacudión telúrico que ha supuesto no solo para la Iglesia Católica, sino para el mundo. Eso, como dirían en la academia del Periodismo, no es noticia.

Demasiado recalque del escrito del obispo de Roma donde menciona la ferocidad del capitalismo, demasiadas voces con el discurso del bloqueo en medio de una visita que, primero que todo, fue la del Siervo de los siervos de Dios a su redil; demasiado tejado de vidrio para seguir lanzando piedras a los vecinos.

Otra vez, se nos escapan las historias de vida, las crónicas con el testimonio de quienes integran la comunidad católica cubana. Y nadie debe arquear la ceja porque, al decir del propio Raúl Castro, este es un país donde cada quien es libre de profesar la fe o creencia que elija.

Para esta visita del Sucesor de Pedro se cocinó un gran ajiaco, donde representantes de otras religiones vertieron sus propios ingredientes, como si alguna vez se hubiese entrevistado a un católico a propósito de la visita de un pastor renombrado. En esa mezcolanza se perdió la esencia eclesial y, de no ser por la presencia del Padre Rolando Gibert Montes de Oca Valero, Secretario de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, junto al tino profesional de Magda Resik, el resto de los presentadores bien hubiesen podido escribir un bestiario.

Ni las tabletas electrónicas ni las pantallas de plasma colocada al fondo pueden suplir las deudas que en materia de especialización, sobre todo religiosa, aquejan a los medios cubanos. ¿Para qué soñar con que podrían poner a algún periodista católico —que sí existen aquí— para cubrir acontecimientos semejantes? Eso sería, más o menos, una herejía o un pecado capital.

Historia sin fe

Historia sin fe“A ti te lo encomiendo, Virgencita. Por ti se llama Antonio de la Caridad. Protégemelo”, fueron, tal vez, las palabras que susurró Mariana Grajales el día en que visitó el altar de la Divina Señora de la Caridad, imagen que, siglos atrás, encontraron en la Bahía de Nipe los indios Juan y Rodrigo de Hoyos junto al niño negro Juan Moreno, cuando salieron en busca de sal. Nunca se sabrá.

En eso pensaba ayer minutos antes de rezar el Padre Nuestro, los tres Ave María y el Gloria en la velada que la familia Téllez realiza cada año, fiel a la tradición iniciada por el teniente coronel trinitario:  en cómo la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre ha sido borrada de todo capítulo de la historia de la nación, en cuanto a educación escolar se refiere. Consecuencias de pertenecer a un estado laico, supongo.

Nuestros héroes son héroes sin fe. Poderosos, valientes, osados, decididos, patriotas, revolucionarios, abnegados y tantos adjetivos que aprendemos a modo de seguidilla cuando nos disponemos a valorar una figura en las clases de Historia de Cuba, sí; mas, santeros, católicos, protestantes, incrédulos, bautistas, luteranos, pentecostales, devotos de la Virgen…, no. Nuestros héroes no pueden ser así.

Consciente de la pluralidad de creencias que coexisten en los centros educacionales cubanos, ni siquiera aspiro a incluir en los temarios la asignatura Religión – ¡Dios me libre de semejante osadía!-, pero tampoco comulgo con el ostracismo que ronda la imagen de quien fuera declarada Patrona de Cuba en 1916 por el Papa Benedicto XV a solicitud de los veteranos de la gesta independentista.

Solo a partir de líneas agazapadas en otros textos (no escolares, por supuesto) se ha sabido que muchos mambises llevaban  en el sombrero un retazo de tela del tamaño de la imagen (la medida de la virgen, le llaman quienes peinan canas), que Ignacio Agramonte cargaba al machete “en nombre de la libertad y de la Virgen de la Caridad del Cobre” o que el propio Maceo llevó siempre una medalla de la Virgen cerca del pecho como resguardo.

Cachita, sin embargo, sigue perdonando la ingratitud. Desde su Santuario cobija a todos y cada uno de los cubanos, incluso a aquellos que algún día decidieron forjar una historia patria a base de agnosticismo y borrar hasta el último rasgo de religiosidad en los próceres. Al fin y al cabo, una madre no entiende de resentimientos.

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Cuándo crecen?

1A Magalys Chaviano, amiga en la red que también transita por esta aventura…

A Ana Karla y Stephanie…

Hubiese jurado que fue hace solo unos meses cuando apagaron la vela del primer año y las vi caerse, ponerles la pañoleta, cambiando el uniforme de Primaria por el de Secundaria Básica y después, por el de pre. Hubiese jurado que apenas un par de meses atrás estaba yo con la cámara al hombro para dejar constancia de sus 15 primaveras, y ellas, ataviadas en vestidos de la época colonial, se sentían modelos de pasarelas parisinas.

Debo estar soñando. No hay dudas. Hace apenas unas horas me hablaron de los primeros flechazos amorosos, de las primeras decepciones por culpa de aquel muchacho que jamás se fijaría en sus rostros adolescentes. Efectivamente, de aquel viaje a La Habana, cuando las llevé a la montaña rusa, a las bicicletas, a comprarse algodón de azúcar, no hace tanto.

No puedo estar loco. Fue ayer cuando me hablaron de vocaciones. Una indecisa aún, debatiéndose entre las lenguas extranjeras y la licenciatura en Turismo; la otra, empeñada en seguir los pasos de su madre y convertirse en arquitecta. “Fue ayer”, repito una y otra vez.

Mas, aplicando la lógica, para llegar a la Universidad es necesario pasar por las pruebas de ingreso y, antes, por los exámenes ministeriales. Para ir a la Universidad tienen que cursar tres años en preuniversitario y vestir el uniforme azul. Y yo las vi vestidas de azul, comentando de la graduación de duodécimo grado.

¡Dios mío! ¿Cuándo crecieron tan rápido que no me di cuenta? ¿Por qué las sigo viendo como niñas pequeñas que necesitan de mi protección, si ayer hablé con ellas y me repitieron que estaban bien, en la Universidad Central “Marta Abreu” de las Villas, labrándose un rumbo profesional como querían?

Me niego a aceptar que ahora desandan los pasillos de las facultades, que la madrugada las sorprenderá en el club universitario,  que están a punto de descubrir festivales, galas de invierno y cabarets de Santa Clara; que en las próximas semanas hablarán de seminarios, pruebas y tesis. Y es que, hace apenas un año, era yo quien vivía toda la aventura.

Cinco años atrás yo abordé la Yuntong. Hoy estoy abajo, dibujando un “hasta el viernes” con la mano. La lágrima que se escurrió por mí en rostros familiares, esta vez nace de mis adentros.

Consternado aún, solo atino a escribir, empecinado en que se trata de un sueño… “Son mis niñas, mis niñas…”. Tal vez es mi conciencia, que todavía se resiste a aceptar que, como diría el poeta, “los años pasan…”.