Objetos,aromas y desayunos

Objetos, aromas y desayunosEl universo se reducía a la cómoda del cuarto o la gaveta del buró que el abuelo les dejó vacía. Allí estaba la muñeca más querida, las libretas de la escuela, las hojas repletas de garabatos con las que soñó conquistar las grandes galerías del mundo, la radio donde escuchó las novelas en aquel tiempo donde la gente soñaba a través del dial, los tesoros imprescindibles.

No existía otro aroma que el del azúcar a punto de caramelo, señal que la abuela preparaba el dulce de la tarde, el arroz acabito de cocinar en carbón, la fragancia del árbol de guayabas, de las rosas del patio, y cuando llegaba la hora del desayuno solo les bastaban el vaso donde nadie podía tomar y los cubiertos minúsculos.

Después la cómoda, el escaparte, la gaveta se transformaron en la taquilla del preuniversitario Tony Santiago y la vocacional de Santa Clara. Las muñecas se cambiaron por cintas para el pelo, y luego por lápiz labial; por máquinas y espuma para mantener a raya el crecimiento de la barba…, el papel sirvió para los trabajos prácticos, las tareas, los resúmenes para las pruebas.

El aroma venía entonces de los perfumes rusos (los únicos que había), las lociones para después de afeitarse, los talcos guardados en cartuchitos. Sobre la mesa ya no había platos, sino bandejas metálicas; no estaba la jarra para el desayuno, sino un vaso de bordes machacados. Y aun así bastaban 20 poemas de amor, una canción desesperada, una guitarra, un trago de chispa e´tren para aliviar cualquier dolor.

Más tarde la cómoda, el escaparte, la gaveta devinieron espacios comunes, hasta hoy. De un lado camisetas, medias y pañuelos; de otro, batas de casa, ropa interior y gangarrias para las ocasiones especiales. Las hojas acogen ahora propiedades de equipos electrodomésticos, apuntes económicos. Antes de salir a trabajar y después del baño llega el olor del agua de rosas y la crema de almendras, de sándalo y limón.

Mas, ahora otros objetos coexisten con los libros en la mesa de noche, los alimentos del refrigerador y los cubiertos del desayuno. Dicen que se llaman medicinas. Hay de varias formas y tonos: redondas y ovaladas, blancas, amarillas, bicolores; duermen en tirillas o frascos, todos los días falta una y al agotarse, se reemplazan.

Ya los dolores no se curan con chispa e´tren, sino con un tubo rojizo con olor a menta que se conserva en frío, y es necesario aclarar la vista con cristales para leer con nitidez aquellos versos de Neruda y Benedetti con que se conocieron.

Justo ahí, cuando veo los medicamentos al lado de la taza de café humeante, cuando la crema de almendras se une con el aroma mentolado para paliar la rigidez de los huesos, cuando sobre el mantel rueda la píldora azul y roja… no me quedan dudas: mis padres se están poniendo viejos.

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4 Respuestas a “Objetos,aromas y desayunos

  1. Wow!! Una vez más con tu escrito me llevas a a vivir la realidad sin darme cuenta!!
    Me encanto el de hoy!!! Te felicito una ve más !!!!

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  2. viejos??? niño, si Galinka y Carlos Enrique serán unos eternos jóvenes! Besos para ellos

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