Archivo mensual: octubre 2016

Aires de octubre

Aires de octubreEl viento alborotaba todo. La polvareda de la calle manchaba la camisa del uniforme y me convertía en lo más parecido a un vagabundo después de revolcarse en un lodazal, o al menos así le escuchaba decir a Galinka. Las hojas secas, las colillas de cigarro desperdigadas en la calle y algún papel extraviado conformaban un torbellino efímero e infeliz. Era lo más parecido al otoño dibujado en los cuadernos escolares.

Papalotes, chiringas, bolsitas de nailon amarradas por las asas cruzaban el cielo hasta tanto no aterrizaran forzosamente en los techos y los árboles de los jardines. Había que bañarse temprano o, mejor aún, sustituir el baño por un “lavadito de pito”.

El viento alborotaba todo, hasta el ritmo de la casa. Los abrigos salían del fondo del escaparate para ponerlos al sol y quitarles el moho acumulado, las manchas amarillentas que el jabón Candado tenía la responsabilidad ineludible de borrar. Cada pieza se analizaba con lupa por si las cucarachas habían hecho travesuras.

Octubre marcaba el otoño cubano; un otoño que, al menos dos años atrás, parecía una imagen en sepia a juzgar por el calor constante. No había papalotes o chiringas, ni abrigos puestos al sol, ni la ilusión de colgarse bufandas al cuello al más fino estilo parisino.

Los designios del año bisiesto, sin embargo, trajeron al viento de regreso, y a los papalotes y a las chiringas. Así dicen los viejos por la calle. Los abrigos ya están puestos al sol. La brisa se cuela por cuanto resquicio encuentre. La tarde es más romántica. Octubre vuelve a como los de mi infancia, cuando los aires eran una señal de lo que hoy, en el argot de Juego de Tronos, se traduciría como “winter is coming”…

El viento alborotaba todo. El viento ha vuelto a alborotarlo todo.

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La guayaba, el jarro y el CUC

la-guayaba-el-jarro-y-el-cuc“No, no, no, tú no me has entendido: este jarro de guayabas vale 1 CUC”, me dijo con una sonrisa de oreja a oreja el vendedor en la puerta de mi casa.

En Trinidad, la mayoría de los comerciantes callejeros lo convierten todo en CUC (el equivalente al dólar en Cuba); una sabia estrategia para contribuir a la salud cardiaca de la población. De lo contrario, las camas del Cuerpo de Guardia del hospital municipal no darían abasto. Es menos traumático escuchar: “esto vale 1 CUC” que no “esto vale 25 pesos cubanos”.

Minutos antes, el hombre abría la boca de la jaba de nailon para mostrarme las frutas rosaditas, apetitosas… Yo, en mi bobería matutina o mi despiste habitual, aún no lo tengo claro, pensaba se refería al monto del paquete entero.

Vaya sorpresa cuando el compañero mostró, de la nada, ¡taratatán…! un jarro abollado que, según él, era de cinco libras, pero más bien parecía de tres por la cantidad de golpes acumulados; era como un mago de bajo costo: en vez de sacar ases bajo la manga o palomas del sombrero, tenía un recipiente escondido sabe Dios dónde.

“Aguántame ahí, niño”, dijo mientras llenaba la barriga de la vasija con ocho guayabas maduras y pintonas. Ocho guayaba, señores. Ni más ni menos.

“Bueno, estas guayabas deben cultivarse en el mismísimo Jardín del Edén, tener propiedades regenerativas o estar en el top seven de las Maravillas de las Frutas Contemporáneas, ¿no?”, le dije con la esperanza de que el tipo entendiera mi sarcasmo, pero nada logró sacarlo del estribillo de “1 CUC”.

Horas más tarde, de recorrido por las vendutas particulares, constataba que las leyes del mercadeo popular cubano reserva los términos de libras, onzas u otra unidad de medida reconocida a nivel internacional para determinados productos. El resto, se comercializa a través de “el jarrito” “el cubito” “el potecito”. ¡Ay, Nestlé, si supieras cuánto has beneficiado a los vendedores de esta isla!

Un jarrito con tres o cuatro limones: 5 pesos; un potecito con ajíes: 5 pesos. Un jarro (grande) de guayabas… bueno, ya saben la respuesta. A este paso no me extrañaría encontrar “un jarrito con carne de cerdo” en un futuro no muy lejano.

El único consuelo fue ver a mi familia disfrutar los casquitos de guayabas durante el postre y escuchar a mi abuelo disertar acerca de los años en que se despachaba en cartuchos, desaparecidos de las bodegas sin boleto de regreso; del respeto al cliente, de las leyes de protección a los compradores. Mas, hoy en la calle no más ley que la de sobrevivir.

Al anochecer, cuando pensaba estar curado del berrinche, cuando ya no me importaba saber cuántas veces al mes el cubano de a pie puede darse el lujo de comprar guayabas con semejantes precios; cuando la sonrisa del vendedor empezaba a desdibujarse…, una supuesta especialista en belleza en un programa de la Televisión Cubana, cuyo nombre no quiero acordarme, aconsejaba con una tranquilidad espantosa: “y para este remedio lo mejor es aplicar trozos de guayaba, muy conocida por todos, muy fácil de encontrar y muy asequible a la población”.

¡Trágame, tierra!

tragame-tierraPara estar a tono con la necesidad contemporánea de definirlo todo con palabras rimbombantes, pudiera conceptualizarse así: (esta es una sistematización “made by myself”)

“Situaciones o momentos en que uno quisiera borrarse del mapa, multiplicarse por cero. // Momentos en los que el ser humano ansía desesperadamente que el suelo mute en un abismo para sepultarse.// Ansia desmedida de evaporarse ante una indiscreción. // Dícese de los instantes cuando la cara se te pone de mil colores, en los que pasas la pena del siglo y es mejor callarte para no meter más la pata”.

Aunque el fenómeno no entiende de contextos, cuatro circunstancias le son especialmente propicias para manifestarse: relacionadas con un niño, asociadas a enfermedades, la estabilidad emocional del individuo y/o el desconocimiento del grado de parentesco entre las personas.

Cada una tiene sus respectivas derivaciones. A continuación, ejemplificamos las más típicas.

1.- Vas con tu hijo por la calle. De pronto, te encuentras con Mengana. Lo primero que le dices a tu hijo es: “Nene, saluda a Mengana; mira que ella es muy amiga de mamá”. En ese momento el niño se acuerda del día en que tú, sin darte cuenta, despotricaste un poquito de Mengana. Por eso dice en su inocencia “¿Esta no es la que tú dices que te cae mal?”.

1.1-Llegas con tu hijo a casa de Ciclana, quien amablemente les brinda un poco de jugo de guayaba. A tu hijo no hay quien le haga morder una guayaba porque la odia. Por consiguiente, odia el jugo, el batido y todo lo relacionado con la guayaba. Tú, por cortesía, dices: “Gracias, pero solo para mí porque al niño no le gusta el jugo de guayaba”. De pronto se escucha: “¡A mí sí me gusta el jugo de guayaba! ¡A mí me encanta el jugo de guayaba!”.

1.2- Lola estaba embarazada cuando la viste por última vez. Tres meses después, la ves en la bodega (vaya, recreando en ambientes bien cubanos para que no se queje). “Mimi, hace rato que no te venía. Mijaaaaa, si ya pariste y todo. ¿Cómo está el niño? ¿Cómo le pusiste? ¿A quién se parece?… Y antes de que sigas diciendo disparates, Lola te aclara: “Es niña, no niño”.

2- El papá de Pepe estaba muy enfermo. Te parece prudente interesarte por su estado de salud. “Pepe, y por fin tu papá cómo siguió”. Respuesta: “Mi papá se murió la semana pasada”.

3- Pancho y María eran la pareja ideal. Ese día, te encontraste a Pancho en el agro. “Pancho, asere, ¿cómo está la cosa? ¿Y por la casa? Oye, dale un beso a María, que hace rato no la veo. Está perdida”. Respuesta: “María y yo nos divorciamos”. “María me dejó”. “María se fue del país”.

4- Estás conversando con Manolo, tu socio Manolo. “Esa mujercita que trabaja en la oficina es una pesada. Ñoooo, pa´mí que ella desayuna con vinagre. Esa, la del pelito rubio, que siempre tiene mala cara”. Y para sorpresa tuya, Manolo te aclara: ¿Cuál? ¿La chiquitica de buen cuerpo? Esa es prima mía”.

Es ahí cuando volvemos al principio y suplicamos bajito: “Trágame, tierra”. Es ahí cuando queremos borrarnos del mapa, multiplicarnos por cero; queremos evaporarnos, desaparecernos; la cara se pone de mil colores… Nos vamos con la lengua entre las piernas y a ratos seguimos preguntándonos: “¿Quién rayos me habrá mandado a hacer esa pregunta?”.