Invierno

inviernoMe acosté con esperanzas y me levanté conmocionado, al igual que medio mundo. Allá, en las mismas entrañas, ellas amanecieron de luto, al igual que medio mundo.

Aquí. Allá. No pocos tienen el credo en la boca. Y eso de “quedarse sin palabras”, por un instante, no fue metáfora. Las palabras desaparecieron. Solo silencio. Silencio que da paso a la resignación.

Ojalá tuviera yo la capacidad de una vecina cercana, cuyo universo se resume a aprovechar el alza turística de diciembre, garantizar el cupo total de las habitaciones y pagar la patente para vivir un poco mejor.

Mas, yo no dejo de pensar en el invierno a las puertas; el invierno que puede traer pesadillas si el que ha sido electo para gobernar desde la Casa Blanca no abraza la cordura.

Consciente de cuán ajeno estoy de apuntalar un discurso cinco estrellas en cuestiones políticas, me limito a rezar y esperar.

Esperar. Rezar… para que Donald Trump no nos haga volver al punto de partida, a las barricadas infértiles; para convencerme que la idea fija de que “winter in coming” es solo un espejismo, una secuela por la obsesión a Game of Thrones.

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