A pesar de los pesares

Te deslumbraban los medios de comunicación, era lo único que tenías claro. De ahí a estudiar Periodismo había un largo trecho. Aun así, te aventuraste a las pruebas de aptitud el 13 de marzo de 2008.

Un año más tarde, el niño mimado que eras descubrió la Universidad. La vida cambió. Tal vez quien cambió fuiste tú…

Meses después, el 4 de enero de 2009 para ser exactos, querías comerte el mundo en el salón de prensa de Escambray, esa suerte de templo profesional levantado en el centro de Cuba, donde confirmaste tu pasión por escribir.

Recuerdas al tutor que casi te sacó la bilis durante las prácticas pre-profesionales de televisión, del día cuando el maestro X te rebajó la nota porque no le gustaba tu forma de redactar, o al menos así lo manifestó. Pero también recuerdas las manos salvadoras ante los naufragios, las noches de insomnio, la defensa de la tesis —la única tesis, a saber, donde asistieron un cura y una monja porque ellos forman parte de tu vida—.

Conociste de Truman Capote  y Oriana Fallaci. Alucinaste con Günter Wallraff.  Has visto de todo: desde el que ordena silencio y esgrime un doble discurso a conveniencia hasta el reportero que se deja la piel en busca de la noticia. Encontraste a tus musas.

Hoy eres periodista y arrendador. El salario, sabes, constituye un estímulo simbólico por estos lares, y todo indica continuará así por los siglos de los siglos. Has estado en la palestra pública para bien o para mal; han intentado rebatir tus escritos con arengas triunfalistas que rozan lo in-creíble.

Sietemesino al fin, eres porfiado. Un día amaneces con melodías de soledades; otro, prefieres estar a prensa fría. Mas, siempre a la caza de historias que valga la pena contar, aunque no gusten en las altas esferas, aunque te tilden  de ñoño.

A fin de cuentas, lo dijo uno mil veces más grande que tú: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas”.

Mañana la vida te puede deparar las más sorpresivas sorpresas, como dice un amigo, pero siempre volverás a la página donde viste tu nombre estampado en tinta por primera vez, recordarás que lo único que tenías claro al principio era el deslumbramiento por los medios de comunicación. Y, a pesar de los pesares, serás feliz.

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
Esta entrada fue publicada en Historias, Nostalgias y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a A pesar de los pesares

  1. josefgonz dijo:

    PUES A CELEBRAR ESTE HITO EN TU HISTORIA! UN ABRAZO

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