Repentista de ciudad

Como todo guajiro que se respete, Mateo Chaviano nació en pleno monte. En Báez, para ser exactos, un punto de la geografía de Sancti Spíritus, pero el destino lo llevó a recalar en el reparto Armando Mestre, en Trinidad, medio siglo atrás.

Con más de 70 años surcándole el rostro, Mateo debe ser el único repentista citadino de la villa, al menos de los que quedan en activo y, el más querido en los campos del Escambray.

Tal vez sus seguidores desconozcan si tiene ojos verdes o marrones, si es blanco o negro, flaco, grueso, con el pelo encanecido…Mas, a la señora de la comunidad rural de San Pedro, a la abuela que cuela el café religiosamente al mediodía, al guajiro que arranca para el surco con el radio de pilas les basta escucharlo a través del dial para identificarlo.

Si alguien le hubiese dicho a este decimista raigal que su voz viajaría a través del éter hasta los parajes más recónditos del lomerío del centro de Cuba, lo hubiese mandado a la porra si pensarlo dos veces. “¿Un guajiro en la radio? Eso eran cosas más para la gente de ciudad, no para alguien como yo”.

Con 55 años se arriesgó a cantarle a un público invisible desde una cabina de trasmisión, enclavada en pleno parque central de la llamada Ciudad Museo del Caribe, que asociaba más a una jaula para morir de claustrofobia que al lugar donde ocurría el prodigio de alegrar la vida de los campesinos a través de las ondas.

“¿Famoso yo? ¡Mijo, no! Solo espero que la gente encuentre en la décima un motivo para vivir y un recurso para aliviar los dolores”. Desde entonces, han transcurrido más dos décadas.

A veces frunce el cejo porque el verso no quedó como planeó; mas no desiste. Vuelve a leer al Indio Naborí para rectificar cualquier descalabro y apuesta por convertir cada mediodía en momento cómplice para los guajiros, esos que lo bautizaron como El Sinsonte del Guaurabo.

Su mirada de pierde en el verdor que divisa a lo lejos, y mientras se escucha el canto de un gallo, desenfunda la guitarra para hilvanar palabras al viento. “Al campo le cantaré / aunque jamás pueda yo, /cantarle como cantó, / un día El Cucalambé./”

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Acerca de Carlos Luis Sotolongo Puig

Joven reportero con alma de cronista y fotógrafo aficionado. Desde Trinidad de Cuba cuento historias a quienes decidan acompañarme.
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