La aventura de ser sacerdote en Cuba

Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig.

Dos décadas más tarde, antes de poner un pie en el convento para iniciar el aspirantado, Fr. Raisel Matanzas Pomares, O.P. recordaría el domingo en que la hermana Ofelia, Religiosa de María Inmaculada (RMI), le vaticinó que tenía madera para ser sacerdote y que la Iglesia necesitaba vocaciones jóvenes.

Nada nada más remoto para aquel chiquillo imberbe que abrazar la vida consagrada. Perderse por las calles de la Chanzoneta, el barrio periférico donde nació, en Trinidad, y estudiar para ser alguien en la vida resumían las máximas ambiciones.

“Ahí quedó plantada la semilla”, reconoce ahora a la luz de los años y su reciente ordenación como presbítero a manos de Monseñor Emilio Aranguren, obispo de la Diócesis de Holguín; una semilla que no se amilanó siquiera cuando Rita Regla y Jorge Normando pusieron el grito en el cielo al escuchar que su hijo mayor quería ser cura. “Nunca me frenaron, aunque hubo resistencia. Todavía a la familia cubana le cuesta aceptar el sacerdocio como una opción de vida”.

Único fraile de Trinidad ordenado en el siglo XXI y primero del Vicariato Pedro de Córdova resultan cuestiones de las que pudiera presumir. Raisel ni siquiera las menciona. Nada, dice, absolutamente nada hubiese sido posible sin la experiencia de fe vivida en la comunidad —palabra recurrente en su vocabulario—, el acompañamiento del padre Cirilo González Santamaría, O.P., el año de convivencia durante el pre-noviciado con el padre Antonio Bendito O.P., las misiones en el poblado pesquero de Casilda en el terruño colonial.

Consciente de que el camino apenas comienza, este joven de 35 años mantiene la misma sonrisa del catequista que, después de misa, enseñaba a los adolescentes la necesidad de apostar siempre por Dios. El Espíritu, asegura, ya le llamaba, pero lo que nunca pudo prever es que uno de esos alumnos la plantaría una grabadora delante para contar su historia después de tanto tiempo.

¿Qué es la fe para ti?

Imagino la parte de la Capilla Sixtina donde está representada la creación de Adán. Entre el Padre y Adán hay ellos hay un espacio. Esa es la fe: abandonarse en ese Padre amoroso, misericordioso, siempre pendiente de ti. Es fiarse, confiar.

¿Cómo entra un joven de 28 años, en plena efervescencia de la juventud, a la vida conventual?

“Movido por esa misma fe. En mi vida existen momentos en que he confirmado el llamado. Dejaba muchos proyectos, buenas ofertas de trabajo con salarios considerables porque yo ingresé a los estudios superiores por Orden 18, es decir, no tenía que hacer servicio social. Recién me había graduado en Psicología en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, en julio, y en septiembre comencé el pre-noviciado. También dejaba atrás a mis amigos. ¿Cómo explicarte? Algo te llama, te atrae, tú sabes que tu felicidad está ahí. Decidí apostar”.

Matanzas (así se le conoce en la villa sureña) sabía muy poco de la pluralidad de congregaciones religiosas que existen. En las convivencias vocacionales confirmó que continuaría la tradición dominica de Trinidad. El estilo marcado de los frailes en la Ciudad Museo del Caribe, la labor pastoral y su forma de predicar el Evangelio moldearon de a poco la vocación.

¿Cómo se hace labor vocacional en Cuba?

El aspirante debe tener una experiencia de fe en la comunidad donde viva, esté donde esté. Resulta esencial vincularse a la pastoral, la misión porque desde allí puedes corroborar si estás en el camino correcto. Nuestra Orden tiene cuatro pilares: oración, estudio, contemplación y predicación. Comenzar a vivir bajo esos preceptos desde el momento cero es vital, pero insisto: nada sustituye la experiencia de fe que el joven cubano tenga dentro de su comunidad.

Eres, además, profesor en el Centro de Estudios Fray Bartolomé de las Casas…

Imparto clases en el diplomado de Teología en las materias de Cristología y Espiritualidad. Nuestro centro de estudios, en San Juan de Letrán, es muy dinámico y su propio carácter dialógico te da la posibilidad de relacionarte con personas que no son católicas. Este curso, por ejemplo, compartí con musulmanes, pentecostales, adventistas, bautistas y ateos. La experiencia es sumamente enriquecedora.  Cada quien lleva sus ideas, dispuestos a adentrarse en un mundo desconocido y surge un intercambio interesante porque desde sus puntos de vista van confrontando lo que saben con lo que reciben.

“Les anunciamos lo que hemos visto y oído” (1 Jn 1,3) devino tu lema de ordenación. ¿Por qué elegir uno de carácter comunitario y no más personal?

La Orden nuestra es comunitaria. Mi vocación, por tanto, es comunitaria antes de ser personal. La misma hermana Ofelia, RMI, me invitaba siempre a recordar que fue en la comunidad donde fui consciente de que yo tenía cualidades de ser sacerdote. A la comunidad le debo mis experiencias de fe, es ahí donde he crecido, donde debo entregarme. Lo decía Santo Tomás de Aquino: “Contemplar y dar a los demás lo contemplado”. De otra forma, la predicación es vacía.

Si pudieras cambiar tres cosas al interior de la Iglesia…

“Primero lograr que las personas se comprometan más en la misión, la predicación, sobre todo en la forma de vida, es decir, ser conscientes y consecuentes con la fe que profesamos. Segundo, la preocupación de los feligreses entre ellos mismos, que se busquen cuando no están, que se atiendan de forma mutua ante las necesidades y, por último, que las celebraciones tengan un carisma dinámico”.

El sonido de las olas y el viento del mar le trasmiten paz. Añora el silencio de la noche e irse de caminata sin rumbo fijo. De todos los evangelistas prefiere a Juan. La villa de sus nostalgias nunca se desdibuja de los recuerdos. Los libros de Psicología no pueden faltarle en su mesa de noche. Como ser imperfecto, ha querido abandonar el camino, pero el Espíritu le ha ayudado a sobrellevar las dudas. Sabe que las vocaciones dominicas escasean —hoy apenas son siete en el país—, pero Dios nunca deja de llamar corazones, asevera. La estancia en Sevilla y más tarde República Dominicana, donde realizó su primera profesión y continuó los estudios de Filosofía y Teología, le han hecho aquilatar la importancia de la fe para esta Isla.

“El pueblo cubano es creyente por naturaleza. Si algo nos caracteriza es la espera, el ánimo y la certeza de que vamos a mejorar, de que vamos siempre pa´lante. La fe ha salvado a Cuba en más de una oportunidad, no tengo dudas. Ojalá pueda yo alentar a quienes lo necesitan a nunca perder la esperanza”.

¿Qué significa ser sacerdote en Cuba?

Una aventura, definitivamente. Nuestra realidad, carente de muchas cosas, demanda aliento, compañía. Tenemos que enseñar a nuestros fieles a escuchar más y criticar menos… a hacer comunidad a la luz de las primeras comunidades cristianas, que miraron hacia adelante pese a las vicisitudes. Hay quien dice que cada quien vive la fe a su manera, eso es incierto: la fe es para vivirla en comunidad.

Durante tu ordenación expresabas que la orden dominica estaba fundada sobre la base de un sueño. ¿Cuáles son tus mayores ilusiones como joven sacerdote cubano?

Estar con la gente como sacerdote, pero también como psicólogo. Lo que siempre me ha movido es trabajar, servir, ayudar hasta tanto me sea posible. Hacer ver a los otros que siempre es necesario soñar.

¿Cómo te imaginas la resurrección?

Eso escapa a toda imaginación posible. Incluso la más creativa de todas, está lejos de lo que en realidad será ese día glorioso.

Fray Raisel, O.P (al centro) junto a los miembros de la orden dominica en Cuba

Publicado originalmente en Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana

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3 Respuestas a “La aventura de ser sacerdote en Cuba

  1. Ramsés Morales Izquierdo

    Muy buen artículo, Carlitos.

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  2. Yumey Mursulí García

    Me gustó ,interesante historia. Espero por otras.

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  3. Mercy Groning Vargas

    Carlos Luis Sotolongo que bello lo que acabo de leer, le cuento algo yo de niña pensaba que quería se monja y un día hace muchos pero muchos años escuche a mi mama decirle a mi papa ( A esta niña tenemos que sacarla de la escuela católica o termina en monja) y me quitaron pero yo seguía con una fe tan grande en DIOS y no por eso me aparte de la Iglesia, a veces mi hija cuando me escucha M e dice tu debiste ser Monja a lo que algo largo de mi vida siempre le respondo no fui porque Dios tenía otro planes para mi quería que yo sintiera la dicha de tenerte a ti y a tu hermano, así como nietas y aun mas bisnietos. Perdone lo largo de mi comentario a su publicación pero me sentí bien en contársela. BENDICIONES.

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