El delito de estremecer una ciudad

El delito de estremecer una ciudadTodavía los teléfonos interrumpen la vorágine laboral en Radio Trinidad para saber si es cierto que uno de los emblemáticos galgos de la Plaza Mayor será trasladado; todavía la gente se pregunta cómo sembrarán la palma del costado de la plazuela —“una que está cercada, tiene un nailon en el tronco y unas sogas”— en los jardines de la Casa Blanca, en Washington…

Para tranquilidad de todos, vale aclarar que ni estos ni otros elementos patrimoniales corren peligro de transferencia. Como tampoco ninguna embarcación mística naufragó en las costas del territorio y colocó sus embalajes, que resguardan una imitación de la espadaña ausente de la fachada de la Ermita de la Popa, un árbol navideño coronado con un gorro frigio, un objeto indefinido dentro de una bolsa para recoger basura, entre otros misterios, en pleno corazón del Centro Histórico.

El culpable —en el presunto caso de que alguien deba ser enjuiciado— resulta Alejandro López Bastida, quien durante esta semana trasmutó instituciones culturales y espacios urbanos de Trinidad en escenarios sui géneris, como parte de su proyecto Pasado-Presente-Futuro; el primero en conjugar arte y reciclaje en una acción plástica de impresionante magnitud.

Ante la casual confluencia de tres propuestas expositivas, el dibujante decidió fundir El Método, concebido a partir de la escultura y las fotografías del fijador externo colocado en la península de Ancón como iniciativa en el XXV Congreso Internacional de Ortopedia y Traumatología, con las figuras sobredimensionadas de Arte contracandela y los dibujos de gran formato e instalaciones de Pasado-Presente-Futuro en un solo concepto, bautizado con el último de los títulos; todo con el denominador del empleo de materiales alternativos.

¿Resultado? Un peregrinaje artístico que comenzó en la Galería de Arte Benito Ortiz Borrell, recorrió las arterias circundantes a la Plaza Mayor y terminó en la Galería Tristá, del Centro de Promoción y Eventos de la Oficina de Conservador, despertando a su paso el aletargado espíritu de una ciudad ávida de reflejar el quehacer de sus artistas; una jornada donde la comunidad y los visitantes devinieron espectadores activos para “ofrecer una perspectiva distinta al arte banal y comercial que se exhibe en muchos espacios citadinos y que no constituye, precisamente, lo mejor de nuestra cultura”, señaló Atner Cadalso, presidente del Consejo Municipal de las Artes Plásticas.

Pasado-Presente-FuturoConcebidas a partir de aparentes objetos en desuso, más de una docena de piezas inocularon la necesidad de proteger el legado de nuestros antecesores, recontextualizarlo sin descuidar las esencias, para sentar las pautas del porvenir. De ahí que al emplazarlas en espacios urbanos del área de mayor riqueza patrimonial ofrecieran una reinterpretación de los elementos distintivos del territorio.

Así lo reafirmó el pintor y especialista Luis Blanco Rusindo al escribir que se evidencia la preocupación de Alejandro “por salvaguardar urgentemente lo que se pueda de una comunidad que, hasta hace poco ingenua y soñolienta, se despierta invadida por personas y hábitos cosmopolitas, no siempre para su bien”.

Por eso se vio al artífice regalando macetas de barro, piedras de río con peces dibujados y otros símbolos, tal vez en un intento de agotar todas las posibilidades de insistir en la protección del medio ambiente.

Esta vocación ecológica, a su vez, llevó al creador al encuentro con las mariposas que perseguía en su infancia, hoy desaparecidas, replicadas en cartón de color amarillo, como si se posaran en una palma, una reja, un banco —también como tributo a Gabriel García Márquez—, y a colocar los juguetes de su niñez en lo que fuera una cama de lujo.

Mas, las inquietudes no terminan porque advierten a miembros del gremio artístico trastocando lo viejo en arte en una carpa ubicada en las inmediaciones del llamado parquecito de los perros. “Algunas de las obras expuestas irán de la ciudad al mar y serán exhibidas en la playa Ancón. Trinidad necesita eventos de este tipo para demostrar las tendencias actuales de la creación en la localidad”, explicó el protagonista.

Si después de presenciar el revuelo artístico gestado esta semana aún quiere sancionarse al autor de los hechos, busque a Alejandro López Bastida para ¿acusarlo? por los delitos de no estar cuerdo, tener un regionalismo arraigado que lo lleva a convocar a amigos, intelectuales, organismos e instituciones en una suerte de cofradía para estremecer a toda la ciudad y escribir un capítulo en el escenario cultural contemporáneo de la villa de sus nostalgias.

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2 respuestas a El delito de estremecer una ciudad

  1. Rayma dijo:

    qué peso me has quitado de encima!!!

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  2. Héctor Jesús dijo:

    Holaaaa!!!!
    Carli, yo estaba como Rayma al principio del post quedé sorprendido con que se llevarán uno de los ” galgos” en los que tengo foto de niño.
    Pero a medida que fui leyendo, me volvió el alma al cuerpo.
    En hora buena a Ale por su obra y a tí por divulgarla .
    Besos.

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