Lo humano y lo divino en una escultura

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Fotos: Carlos Luis Sotolongo Puig

Más allá de la majestuosidad que desborda, el Cristo de La Habana me transmite paz. Como el Buen Pastor, vela por el rebaño de la isla cubana desde las alturas de Casa Blanca, en el municipio capitalino de Regla. Pareciera que me mira, que se mueve, que puede tocar las nubes y despertar en cualquier momento… Lo miro y pienso en Jilma Madera, su autora, y doy gracias a la vida que también esta islita del Caribe también tenga su Cristo.

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