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Detalles¿Qué escribir el último día del año?, esa pregunta me ha atormentado desde hace meses cuando descubrí que la suerte, o el destino, escogió el martes para despedir el 2013.

El año pasado, la primera jornada de enero recayó también en el tercer día de la semana. Entonces les conté que en estas fechas solo prefería despertar en casa. Soy enemigo de las reiteraciones, lo saben. “Lo escrito, escrito está”, sentenció Poncio Pilatos frente al Crucificado y reescribir sobre una historia sin tener semillas nuevas para enriquecerla resulta infértil; es mejor dejarla reposar tal cual está porque, al final, sólo terminas retocándole el maquillaje, nada más.

En octubre recibí un detalle de manos de un hermano que la vida me regaló, aunque nuestra sangre sea distinta. Celebrábamos el cumpleaños de una amiga. Desde la terraza donde estábamos se veían las majestuosas edificaciones enclavadas alrededor de la Plaza Mayor de Trinidad, un paisaje especial, casi mágico. Empezó a llover. Cuando escampó dos arcoíris nacieron de las lomas del Escambray, se alzaron por detrás de la torre del antiguo convento de San Francisco de Asís y se difuminaron con los colores del ocaso. “Miren -nos dijo él a mí y a mi amiga- les regalo un arcoíris cada uno”. Las franjas de tenues colores perduraron hasta el anochecer.

Ese día empecé a cocinar este post. Al principio pensé dedicarlo sólo a ese obsequio, pero en los últimos meses buenos amigos me han regalado nuevos detalles, justo a tiempo para levantarme e iluminarme.

Después del arcoíris de octubre aparecieron los poemas que, a modo de comentarios, me alentaron el día que publiqué sobre mi tercer naufragio, unas líneas escritas sólo para aliviar la catarsis y, a la postre, se convirtieron en una de las más comentados del año. Agradezco en especial los versos de Manuel Alberto, escritos para mí.

A principios de diciembre llegó mi primera exposición de fotografía, alegrías profesionales gracias a una criatura de isla, conocí personalmente a la bloguera-periodista que me nominó al LiebsterAward, un premio digital en la blogosfera; caminé la calle Obispo, en la Habana Vieja, con mis papis después de más de cinco años sin ir los tres juntos  la capital…. Y el equipaje de detalles creció.

Existen presencias permanentes en este recorrido. La primera de ellas es mi familia: unida -aunque a veces el mar se interpone-, sin pérdidas en 2013, gracias a la Divina Providencia; luego mis musas, mis amigos -los de verdad, pocos, pero fieles. Éste fue un año de mucha complicidad y, a pesar de todo, han permanecido-. Y están ustedes, quienes me regalan un ratico de sus martes y domingos para caminar por esta Isla nuestra de cada día y sumarse a Lente Compartido ya sea on-line, a través del correo electrónico o Facebook.

El sábado, después de almorzar con mis amigos, me encontré con uno que me dijo: “cuando el año termina bien significa que el próximo empezará mejor”. Si así fuera, y a juzgar por mi equipaje de detalles, el 2014 estará lleno de momentos especiales.

Desde esta islita que navega en los ciber-mares de las redes lleguen las felicitaciones, el agradecimiento y la invitación a continuar juntos cada semana, a invitar más amigos a nuestras citas, a buscar nuevos suscriptores, más voces para los comentarios… y, sobre todo, a seguir compartiendo historias. ¡Feliz y próspero 2014!

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La misteriosa desaparición de Euterpe

La misteriosa desaparición de EuterpeEl estallido de los fuegos artificiales no logró cambiarme el juicio. Al apagarse las luces en la gala inaugural di por confirmada mi sospecha: la Semana de la Cultura en Trinidad pasaría sin penas ni glorias.

Sin embargo, en un intento de revocar mi propio vaticinio aguardé los siete días de la celebración, pero de nada sirvió. Aquella iniciativa propuesta  en 1974 por el fallecido historiador de la ciudad Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara, a modo de festival de invierno para agasajar al terruño en cada aniversario de su fundación, quedó atrapada en la hojarasca del tiempo para siempre. El propósito primero-difundir los valores nacionales de la Cultura Cubana- hoy roza las fronteras de la utopía.

Aun cuando la festividad concluyó sigo en busca de Euterpe porque esta edición estaba dedicada a la Música, según anunciaron; mas, o la musa griega desapareció sin dejar rastros antes de la alborada del sábado 12 o al final solo se trataba de seleccionar un eje temático, por mero formalismo.

Tal vez la idea primaria fue dedicarl a la música africana y olvidaron colocar el calificativo. Solo así lograría explicarse por qué el sonido de los tambores– algunos procedentes de Camagüey, con buena calidad, vale decir- acaparó la mayor parte de los eventos de la semana, pero apenas se escuchó una composición del repertorio clásico cubano o internacional.

Poco, o casi nada, perdura de la Trinidad engalanada que acogía a artistas de diferentes manifestaciones por estas fechas. Solo pocas instituciones culturales abren las puertas de las casonas coloniales para ofrecer actividades cuya falta de difusión las condena a pasar inadvertidas.

En esta oportunidad ni siquiera sobrevivió la emblemática plataforma, símbolo del jolgorio, erigida antes en pleno corazón del Centro Histórico, frente a las escalinatas, convertida en el escenario ausente de la vida cultural de la ciudad donde el público asistía en masa-no es un eufemismo-para suplir la carencia de propuestas artísticas para cultivar el espíritu el resto del año.

Entonces recordé una anécdota sobre un hombre cuyo nombre yace traspapelado en la historia que un día temió por la trasformación de la Semana de la Cultura en una suerte de feria pueblerina.

Muy a mi pesar, la sentencia martillaba el pensamiento mientras enfilaba la vista hacia los aparatos diseñados para entretener a los niños y saquear los bolsillos de los padres, los caballos galopaban en pleno asfalto y el ritmo del reguetón “ambientaba” la feria de artesanía organizada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales alrededor de la Plaza Mayor.

Perdí la noción del tiempo. No sé si estaba en la Semana de la Cultura o en las fiestas sanjuaneras celebradas en junio.

Agradezco al menos la presencia de la compañía de payasos Pentaclown Habana por las carcajadas de los pequeños, el empeño de algunos investigadores que sacaron a flote el Coloquio de la Cultura Trinitaria y la preservación de esta tradición que más tarde harían suyas muchas urbes de la geografía nacional-aunque llegado este punto cabría preguntarse cuánto queda de la génesis del proyecto-.

En vano resulta indagar en las causas de la ausencia de bríos porque la repuesta recaería en la escasez, la falta de recursos o, en el mejor de los casos, el ahorro para celebrar por todo lo alto los cinco siglos de existencia de Trinidad en 2014 –una justificación que me temo se esgrimirá como estandarte en los meses venideros-.

Si tales motivos resultaran ciertos, empezó la cuenta atrás. Ojalá en el próximo enero Euterpe reaparezca y la ciudad muestre todo su esplendor para conmemorar el día cuando Diego Velázquez decidió fundar la tercera villa de Cuba. Con este preludio no creo una exageración cruzar los dedos desde ahora.