Archivo de la etiqueta: María

Arbolito, arbolito

ArbolitoSi no fuera por esta imagen en blanco y negro, mi memoria no tuviera recuerdo alguno de mi primer arbolito de navidad. Un amigo de mi padre captó aquel instante; gracias a él y su instantánea es que puedo contar esta historia.

El día exacto en que fue tomada es imposible de determinarlo porque las fechas se confunden en las remembranzas de mis padres. Lo único cierto es que tuve mi primer árbol de navidad a los dos años, después de bautizarme porque en aquellos tiempos mi abuelo materno, marxista por convicción y comunista a toda costa, no admitía colocar una planta vestida con algodón para simular la nieve y ataviada de andariveles de colores en un rincón de casa.

Siempre me han dicho que vine a este mundo, entre otros asuntos, a cambiarle el corazón a mi abuelo porque él me ha consentido lo que nunca le permitió a mi madre. Ya lo dijo en más de una ocasión el periodista cubano Luis Sexto: “Los abuelos generan el único cariño gratuito de la vida (…) Los abuelos miman, aplauden, amparan, y como clientes distraídos de la bodega, se marchan sin esperar el vuelto de su moneda”.

Así pues, aquel día mi abuelo no chistó cuando su yerno “sembró” en el jarrón de mi difunta abuela las desvencijadas ramas del arbolito de su niñez, las cubrió de algodón, bolas pintadas con esmalte de uñas, un rostro de Papá Noel de cartón y colocó encima del televisor ruso, marca Orizon, mi primer árbol de navidad.

Dicen que reí mucho, tal vez por el colorido, por el impacto de la cara de aquel hombre gordo con barba blanca y sonrisa exagerada, acaso porque mis padres me contagiaron su alegría o quizá porque desde entonces mi fe empezaba a crecer. No sé.

Mi primer arbolito no tuvo guirnaldas, en aquellos tiempos de austeridad no se conocía de los adelantos de las industrias capitalistas en cuestiones navideñas. Mi Belén, pesebre o nacimiento, como le decimos en Cuba, fue muy pequeño o al menos así me dijeron porque tampoco conservo memorias al respecto. Muchos años después fue que supe de lucecitas para los arbolitos, de María, José y el niño Jesús, y aprendí a disfrutar la Navidad.

Desde entonces han transcurrido más de dos décadas. Ahora no queda espacio en mi palacete decimonónico donde no cuelgue un ornamento de navidad; escuchamos villancicos y recordamos a los que no están con nosotros en estas fechas por distintos motivos.

Pero siempre recordaré con especial cariño mi primer arbolito de navidad, del cual todavía perduran adornos, a pesar del tiempo. Creo que aún sobreviven algunas motas del primer algodón, no exagero.

Con ese pinito verde comenzó la alegría de mis diciembres y el corazón de mi abuelo se llenó de luces navideñas, esas que justo hoy contemplaré con mi familia y en especial con él cuando me tome una foto a su lado con el pesebre y el arbolito de casa al fondo, una tradición iniciada por mí hace algunos años. Mi abuelo, sonriente, posa conmigo cada 24 de diciembre, a solo horas para recordar el nacimiento del Emmanuel.

Anuncios

Folklore de Viernes Santo

Folklore de Viernes Santo“El Diablo anda suelto porque Dios ha muerto”, exclamaría con tono místico Carlos Joaquín Zerquera, fallecido historiador de la ciudad de Trinidad, si este Viernes Santo cruzara el umbral de mi casa.

Y es que con la llegada de la Semana Santa, Semana Mayor o Semana Grande, como también se le conoce en otras latitudes, reaparecen mitos entretejidos entre los cubanos en torno al día de la pasión y muerte de Jesucristo; rituales con más arraigo que el propio significado religioso de la fecha, cuya presencia tiñe la jornada con los matices de la fe popular.

Lo más común es escuchar a alguien preguntar quién cura el empacho-una suerte de desorden digestivo tras el consumo de alimentos- porque solo el Viernes Santo los interesados aprenden cómo aliviar el padecimiento estomacal. Para ello deben acudir a una persona bendecida con el don. Eso sí, nada más pueden ser tres aprendices por cada maestro. Existen varios métodos: una toalla, una cinta… y cuentan que si olvidas la oración, no naciste con la gracia.

“Por nada de este mundo pienses en barrer si no quieres ser víctima de la invasión de las hormigas. Barres y entran al momento”, dicen por ahí. También cesan las matanzas de los animales; según cuentan, ni siquiera se puede maltratar a las lagartijas porque “ellas borraron con su cola las huellas dejadas por José y María en el desierto cuando huyeron del Rey Herodes”.

Otra leyenda señala que las plantas no deben podarse. Si se desafiara la furia divina, en el caso del almácigo brotará del tallo una sustancia roja en vez del acostumbrado líquido blanco, como remembranza a la sangre del crucificado. Durante la semana deben sembrarse los gandules, para recogerlos listos en Navidad.

De toda la pesquisa previa a la escritura, la más curiosa para mí resultó el mito del huevo de la gallina. Al decir de una amiga, a su abuelo, afectado por la diabetes, le curaban el pie con la resina del huevo puesto por la gallina el Viernes Santo. Había que dejarlo secar, misteriosamente no se ponía “culeco” (clueco, de manera correcta), entonces se aplicaba sobre el paciente.

Hasta el amanecer del Sábado Santo reposan los vasos espirituales, caracoles y cartas. Solo los interesados en hacer mal aguardan al mediodía para pactar con el demonio, el resto de los representantes de los cultos sincréticos cubanos caminan rumbo al templo, vestidos de blanco, para postrarse ante el Santísimo Sacramento del Altar.

A pesar del escepticismo de algunos, existen quienes no tienen las agallas para desobedecer estas disposiciones de procedencia desconocida, legadas de una generación a otra hasta inscribirse en las estampas costumbristas de esta Isla.

Este viernes la procesión del Santo Entierro caminará por las arterias empedradas de Trinidad. Otra vez -al menos durante 24 horas-llegará la quietud que otrora reinaba en el Centro Histórico de la villa; otra vez el pueblo acompañará al Santo Sepulcro, la Virgen de la Soledad y San Juan en su peregrinar hasta el Calvario… y otra vez el imaginario popular desatará las supersticiones de Viernes Santo. Algunos aprenderán a aliviar empachos, las escobas, caracoles y otros métodos adivinatorios reposarán, alguien ofrecerá promesas a Satanás, los animales respirarán aliviados, las plantas no sufrirán daños y los pollitos en formación devendrán bálsamo bendito para convalecientes.