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Manos para reconstruir

Manos para reconstruirDurante tres meses y 10 días que duró la reparación de mi casa las manos de nuestros amigos terminaron embarradas de pintura de aceite, cemento y arena; sueño —¿acaso delirio?— que mantuvo en vilo a Carlos Enrique y Galinka durante 22 años desde aquel noviembre de la década del 90 en que los camiones de mudanza depositaron las cajas repletas de tarecos en aquella vivienda que mi bisabuela dejó a mi padre como único legado.

Periodísticamente, quizás, una imagen de la renovación ilustraría mejor este post que no esta de mis dedos larguiruchos, pero sería más vanidad que gratitud.

Sin todas las manos que se dejaron la piel mañana, tarde, noche y madrugada (hubo días de acostarnos pasadas las 4:30 am) hoy no sería posible contemplar los techos de tejas criollas al atardecer desde la terraza, tomarse un café en el jardín, tertuliar en la recuperada saleta como fue en el principio de los tiempos o sentarnos a la mesa en la cocina que renació después de casi medio siglo de ausencia.

Nada hubiese sido posible sin las manos de quienes acuñaron la intervención, del arquitecto delante de la pantalla concibiendo el proyecto, de los gestores bancarios que aprobaron el mare magnum de papeles para otorgarnos el crédito…

Y nada hubiese sido posible sin los amigos, los de dentro y los de fuera, los que a diario escribían para dar ánimos y estar al tanto del proceso, los que se alegraron con nosotros a través de la redes, los que nos salvaron de los imprevistos y las tristezas paralelas con las que debimos lidiar, los que asumieron este sueño como propio y se pusieron en camino para localizar materiales en los más variopintos parajes de Cuba, sin tener por qué.

Cuando vi al padre Cirilo, el párroco del pueblo, bendiciendo la casa; cuando vi el chaparrón que cayó esa tarde (he ahí las manos de los amigos que ya no están, pero igual sonrieron desde otra dimensión), comprobé que todavía vale la pena soñar.

Más allá del fatuo vanaglorio que pudiera consumirme después de semejante odisea, digna —¿por qué no?— de los libros de historia (acontecimientos más insulsos se han reseñado para la posteridad), se me antoja escribir de las manos y los amigos.

A fin de cuentas, es verdad lo que un compositor cubano esbozó: “Menos mal, los amigos siempre vienen al rescate (…), los amigos traen escudos pa´salvarte y al final, se levantan como único estandarte”.

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SMS en lenguaje de chofer

SMS en lenguaje de choferSin que nadie se ofenda…

He tenido que contenerme para no publicar este post por miedo a herir sentimientos del otro lado de la web. Pero no he podido resistirme…

Sucede que tengo un amigo que lidera varios choferes que recorren Cuba del Cabo de San Antonio a la Punta de Maisí. A diario, los subordinados envían mensajes al jefe para hacerle saber su disponibilidad, rutas que pueden cubrir y alguna que otra petición.

Sin embargo, este grupo de “chofes” estudiaron en una escuela muy peculiar. Al menos así lo demuestran los SMS que he recopilado. Y no se trata, precisamente, del lenguaje tecnológico del siglo XXI ni del llamado código de escritura para celulares. Confieso que ciertas palabras han gastado mis neuronas a la hora de traducirlas (el pobre Microsoft Word está ahora mismo repleto de líneas rojas), pero a ustedes les ahorro el trabajo.

Espero disfruten de estos “mensajitos”…Ah! Si dudan de la veracidad, tengo testigos para demostrar que cada letra es copia fiel del texto original, acentos ausentes y escrituras en bloque incluidas.

SMS EN LENGUAJE DE CHOFER

  • “Estoi en casa de velda ke no se”.
  • “Sosio, como esta cosa para manana. Site sobra algo ipuedes abisame saludos”.
  • “No sosio oi no estoi pinchando boi para Sta Clara arresolbele un problema a un amigo pero manana si boi a pinchar acuerdate sime puedes cargar para Baradero.saludos”
  • “Estoy en tu mai jaus tu demora” Nota: Mai jaus es, en realidad, una burda transcripción fonética de “My house”.
  • “Dime sosio pirfin hai recogida nadaita porai para manana para mi saludos”.
  • “Espaqueno sete olbide yose qtu tienes mucha carga”.
  • Este fue es que más trabajo me dio: “Esvery gut”. Luego de varios minutos de meditación (no crean que descifrar estos enigmas resulta sencillo) concluí que el chofe quiso decir “Is very good”.

Momentos de sabiduría

Momentos de sabiduríaEstaba de viaje, por eso escribo tarde esta semana. Por suerte tampoco tuve tiempo de programar un post para ayer. Y digo por suerte porque gracias a una sorpresa es que nació la historia de este miércoles con sabor a martes…

(…)

Hace exactamente un año que no veo a la Hermana Antonia, una Religiosa de María Inmaculada (RMI) cuya existencia puede dibujarse con un par de sandalias y una sonrisa porque nunca ha dejado de caminar y alegrar a la gente. Un día nos habló de la vocación y dijo que la suya era perderse en el monte, en los barrios donde la vida no es un cuento de hadas para caminar, caminar siempre “hasta que Dios quiera y tratar de aliviar un poco las penas de todo el mundo”.

Antonia me cargó prácticamente desde que nací. Una vez me faltó poco para orinarle el hábito, cuando llegué a la Plaza Mayor y ella era la “monjita” que todos los sábados subía la empinada calle Rosario para dar catequesis. Antonia me regaló mi primer rosario y mi primera Biblia para niños; reliquias bien guardadas a pesar de los años.

Desde entonces ella se hizo presente en mi vida, aun desde la distancia, cuando fue destinada a Las Tunas. Luego regresó a Trinidad. Para esa fecha yo era casi un jovencito. Entonces empecé a caminar con ella a Magua, El Central, La Pedrera, entre otras comunidades rurales para aprender el acto de servir a desconocidos aunque después, tal vez, no te agradezcan; de intentar dejar huellas “porque de eso se trata la vida, muchachos, de dejar huellas, aun cuando sean pequeñas”.

Más tarde partió a Cienfuegos, hasta anclar, definitivamente, en la Casa Madre porque el almanaque le está cobrando tanto camino hecho. La última vez que la vi ya no tenía la fuerza necesaria para subir cuestas empinadas, pero sí las precisas para andar por El Cerro y conversar con las familias de esa barriada capitalina. Ya no tenía la fuerza necesaria para perderse en el monte, pero sí las necesarias para andar de un ala a otra del convento, del asilo a las aulas para atender a los adolescentes. La campana para llamarla era la que más resonaba en la residencia.

Hable con ella tres días antes de discutir mi Tesis.

-¡Dios mío, si ya te me gradúas, Carlitín! ¿Cuándo el tiempo pasó tan rápido?

– ¿Y en qué andas ahora, Antonia?

– En lo mismo, en esto y en lo otro: caminando, caminando siempre hasta que Dios quiera y tratando de aliviar un poco las penas de todo el mundo.

Ahora, después de cuatro horas de viaje, entro a mi cuarto. Encima del buró hay un sobre sellado. Para Carlitín, escribió alguien. Lo abro. Dentro hay una tarjeta con un mensaje para mí: “(…) Que el Señor siempre guíe tu pluma, pero la pluma de tu corazón (…)”. Hay también un libro de bolsillo, bien pequeñito. Se llama Momentos de sabiduría. En su portada también tiene un mensaje: “Que la sabiduría de Dios siempre guíe tu escritura”. Firma: Hermana Antonia RMI.

Petición

PeticiónPara hoy no traigo una historia para recordar buenos momentos o compartir catarsis, sino una petición para quienes lean estas palabras en las redes sociales, el correo electrónico o escriban las coordenadas de la Isla nuestra de cada día.

Quiero que cada cual invoque a dioses, espíritus, muertos, estrellas, extraterrestres, energía, deidades yorubas, elementos de la naturaleza, Dios, Jesús, Jehová, la Virgen… en fin, en quien tengan puesta su confianza para que, de una manera u otra, todo lo bueno que existe dentro y fuera de este mundo ayude a alguien muy especial para mí.

Hace 48 horas está encamado y los pronósticos no son favorables porque un tumor le impone la cuenta atrás. Aquellos que saben de quién se trata, les ruego mantener en silencio su nombre porque este no es un post para llorar, sucitar el morbo o armar revuelos. Es simplemente una suerte de convocatoria para aliviar el dolor con la ayuda de fuerzas desconocidas, esos designios de la existencia que, inexplicablemente, ayudan a sortear tempestades imprevistas. No voy en busca de un milagro, sino de la conformidad para él y los suyos.

Después de intentos fallidos para obligarme a rellenar una cuartilla digital en blanco, caí de bruces, porque no puedo ir en contra del principio que esgrimí hace casi dos años, cuando decidí regalarme este blog: prefiero un post sincero a palabras insípidas, tiradas por los pelos, para complacer o quedar bien con mis lectores. Si alguien me hubiese dicho que escribiría algo así, le hubiese tildado de loco. Mas, por ese respeto y fe que tengo a los asiduos a esta cita semanal, es que tecleo este mensaje, sin cuidar mucho la estética o el estilo. Solo traduzco mi pensamiento en letras.

Disculpen si he defraudado a alguien esta semana, pero no logro hilvanar las ideas de forma coherente. A quienes decidan sumarse a mi oración o hacer la suya propia, les llegue mi agradecimiento. Para el próximo martes prometo seguir compartiendo historias.