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A pesar de los pesares

Foto: Carlos Luis Sotolongo Puig

Te deslumbraban los medios de comunicación, era lo único que tenías claro. De ahí a estudiar Periodismo había un largo trecho. Aun así, te aventuraste a las pruebas de aptitud el 13 de marzo de 2008.

Un año más tarde, el niño mimado que eras descubrió la Universidad. La vida cambió. Tal vez quien cambió fuiste tú… Sigue leyendo

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Fuera del área de cobertura

Fuera del área de coberturaNo tengo suerte con los celulares, o los celulares no se llevan bien conmigo. No lo tengo claro. Todo parece indicar que aguantan en mi bolsillo algún tiempo reglamentado por no sé quién y luego les da la pataleta. Que si la batería, que si la tapa, que si se cae y la pantalla se hace añicos, que si ya otras manos habían abusado de él… Y todas las causas desembocan en dejar mi tarjeta SIM al desnudo.

De todos, el más fiel resultó aquel Nokia del año de las quimbambas, con diseño de walkie-talkie, pantalla verde fosforescente y letras negras; aquel artefacto con sonidos tan chillones como el pajarito que competía con la princesa Fiona en la película Shrek, que quedó registrado a nombre de Filipo Torquatti, el italiano que dio su firma para que yo pudiera descubrir los encantos de la telefonía móvil en aquellos años en que tener celular en Cuba era un lujo de marca mayor, un pecado capital o un exceso de prepotencia, según el prisma de quien juzgara.

Luego de ser sometido a electroshok en el taller donde mi abuelo ha resucitado más de un centar de radios VEF y Selena, el parapetado corazón del equipo resistió más de dos años, hasta que no pudo salir del coma definitivo. Después de aquel triste fallecimiento, sus sucesores no le llegaron ni a la chancleta. Solo un primo hermano de la misma marca resistió las veleidades de la Universidad, y aun así fue por poco tiempo.

Es el recuerdo de aquella especie de dinosaurio móvil el que se dibuja ahora al ver despedirse del mundo de los celulares vivos mi recién comprado LG; un equipo “nuevecito”, así dijo el comprador… pero parece que no le caí bien.

Hace 48 horas entré en el universo de la incomunicación hasta sabe Dios cuándo porque amén de tanta modernización tecnológica, tanta wifi pública (pero no gratuita, cabe notar)… los bolsillos tiemblan con los precios de la Empresa de telecomunicaciones de Cuba (Etecsa), para no hablar del negocio de los puntos de ventas particulares.

Lo reconozco: no soy de aquellos cuya anatomía se resume a cabeza, tronco, extremidades y móvil, pero tampoco comulgo con este silencio digital.

Quienes me marquen por estos días escucharán que “el móvil que usted llama está apagado o fuera del área de cobertura”, pero ténganme paciencia: regresaré, ya sea porque el cerdito de los ahorros engordó lo suficiente para afrontar la nueva compra o que Apple, Motorola, Nokia, LG, Blackberry y Window-phone al fin se pusieron de acuerdo para crear un modelo exclusivo que simpatice conmigo.

Me decanto por la primera opción.

Barbaridades bárbaras III

Barbaridades bárbaras IIIHan pasado seis meses desde que viera la luz la segunda parte de la recopilación de disparates que ponemos a su consideración dos veces al año. Los asiduos a esta cita de martes, saben de qué se trata y cómo nació la idea. A quienes llegan por vez primera, les dejo los links de Barbaridades bárbaras I y Barbaridades bárbaras II para que sepan los antecedentes del post de hoy. No vamos a dilatar mucho la compilación porque esta tercera parte aúna 25 disparates que, después de someterse a un riguroso proceso de selección por parte de mi “equipo caza-gazapos”, quedaron finalistas para el volumen de este semestre. Desde ahora nos preparamos para la próxima entrega, en septiembre. Vayan marcando la cola para adquirir el ejemplar 😉

Barbaridades bárbaras III ©

  • “Ella se está buscando que ruede la sangre” (¿la sangre no corría?)
  • En medio de una clase de Photoshop: “Para este ejercicio es mejor usar la herramienta del cuadrado rectangular”.
  • “A mí me gusta mucho ese libro de Paulo Coelho que se llama El Pergamino” (Yo creía que Coelho había escrito un libro titulado El Peregrino… tal vez me equivoqué jeje)
  • “Deja la vagancia y haz algo reproductivo”. (¿qué actividad se hace con un fin reproductivo?… sin comentarios)
  • En la misma clase de Photoshop: “Hay que tener cuidado con el trabajo de los colores porque después la foto se puede ver muy contreñida”.
  • “Yo lo que pretendo ver son las características del Periodismo On-Lai”. (periodismo online)
  • Hablaban de la canción Color esperanza, de Diego Torres. Una muchacha intervino y dijo: “A mí me encanta esa canción, ¿cómo dice? Venga la esperanza, pase por aquí, lárguese la escarcha…” Y seguía cantando sin darse cuenta que interpretaba el tema Venga la esperanza, de Silvio Rodríguez.
  • Ese día estábamos de fiesta y un amigo, macho – varón-  masculino, dijo con mucha determinación: “¡Qué llenura! Ya tengo más de dos cervezas en la vagina”.
  • “Tengo un sueño muy sueñoso”.
  • “No todos los jóvenes son iguales: hay jóvenes y jóvenas”.
  • “La imprimición de las invitaciones quedó buenísima”. (impresión)
  • Estábamos en la inauguración de los juegos Criollos, en la Universidad, y la conductora dijo: “En estos momentos desfila la facultad que el año pasado quedó en Sexo lugar”.
  • Mirando a su sobrino le comentó: “A él le gusta que le den, él es medio mazorquista”. (masoquista)
  • Y en medio de aquel calor abrazador ella gritó: “Se me está quemando el sol con la espalda”.
  • “Cuando enbocamos el primer plano, es mejor que el fondo sea de un solo color”.
  • “¡Mira, mi vida, cómo se sabrosea el niño! (que yo sepa los niños se saborean)
  • “Toda la vida yo he oído que esa mujer es equivalente”. (vidente)
  • “A mí me han explicado muchas veces qué es la eutanasia, pero siempre se me olvida. ¿Qué enfermedad es esa?”.
  • “¿Quién te trajo el agayinaldo? “. (aguinaldo)
  • ¡Es tan rico estar en la playa panorando el contemplana! (contemplando el panorama)
  • En el menú de un restaurante decía: “Sugerencia de la casa: langosta de cerdo asada”.
  • “La excursión tiene incluido un camaratán”. (catamarán)
  • “Yo nunca he visto cómo le cortan el ombligo umbilical a un recién nacido”.
  • La última de las barbaridades me la contaron hace poco. Sucedió en la inauguración del bar Yesterday, en Trinidad, dedicado a los Beatles. Una amiga me dijo que alguien que ella conocía le preguntó si no había pasado por el Bar Los Buitres.

 A modo de petición: No se asuste si me ven cerca, no soy mala gente. Eso sí: si el error tiene pinta de barbaridad, póngale el cuño que aparecerá en el volumen IV 😉

Un pueblito de Buñuel

Un pueblito de Buñuel islanuestradecadadiaLa Bajada no aparece en ninguna guía para extranjeros  ni en los mapas de los cuadernos de geografía de las escuelas. Tal vez ese anonimato es lo que mantiene virgen e inmune a este pueblito localizado a pocos kilómetros del comienzo de la Península de Guanahacabibes, en Pinar del Río.

Quienes peinan canas reviven el día en que abandonaron los precarios bohíos enclavados en las lomas para instalarse en una de las casas de madera mandadas a construir por el Che, con el afán de congregar a los carboneros dispersos por la zona. Así nació esta suerte de aldea mística frente al mar, según cuenta Tomás, un hombre de 60 años, con la piel curtida por el salitre, hijo de Mireya, la mujer más longeva de La Bajada, a saber, quien murió a los 92 años, hace casi un lustro.

El máximo desarrollo que ha experimentado el lugar son los techos de fibrocemento y la mampostería, que nunca lograron sustituir completamente a la madera; más bien llegaron para coexistir con ella. Un total de 31 viviendas y 100 habitantes conforman el paisaje demográfico de La Bajada, donde la electricidad llega a partir de las siete de la noche hasta las cinco o seis de la madrugada, según la vena del trabajador de la planta eléctrica, localizada a seis kilómetros del pueblo. Las paredes interiores de las casas no alcanzan el techo, así se garantiza una mejor circulación de aire, las puertas permanecen cerradas para evitar los daños por el exceso de salitre y solo al mediodía, cuando el sol arremete, se abren para dejar correr la brisa del mar y los ancianos duermen la siesta.

Entre la estación meteorológica, ubicada bien cerquita, el monte y el viaje a municipios cercanos se desenvuelve la vida laboral de La Bajada. Hay cuatro opciones: convertirse en biólogo del Parque Nacional Guanahacabibes, vaticinar las inclemencias del tiempo, cazar jutías y puercos jíbaros o trabajar en cualquier establecimiento de otro pueblito. No han sido pocas las veces en que la furia del mar y los ciclones han forzado a los lugareños a trasladarse a los albergues del municipio Manuel Lazo, pero ellos se resisten a la emigración definitiva. Por eso han desarrollado un sistema infalible: al mínimo indicio de evacuación  encaraman sus pertenencias en una camioneta colectiva y “dejamos la casa solo con el suelo hasta que pase el mal tiempo. Después regresamos porque el mar no es más fuerte que nosotros”.

De lunes a viernes, en la mañana, 15 niños caminan rumbo a la escuelita Isaac Crespo, ahí estudian hasta sexto grado. Luego se van a Manuel Lazo para la Secundaria Básica y el Pre. Algunos continúan hasta la Universidad, otros apenas terminan el 12. Lo que sí es común es el regreso de la mayoría a esa especie de paraíso desconocido que es La Bajada. “Por mucho que intentas desprenderte de aquí no puedes”, confesó Yusniel,  un «bajero» de nacimiento, egresado de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Aún cuando este joven de 30 años intentó adaptarse a los aires capitalinos de La Habana, volvió junto a su esposa Lisandra. Hoy Carlos Esteban, su hijo de ocho meses, es el más joven en ese paraje de ensueño.

Al atardecer se ve a los niños jugar con caracoles, conchas o esqueletos de cangrejos. Los fines de semana los jóvenes y los adultos juegan voleibol mientras los viejos miran el “campeonato” desde los portales. A tal punto llega la pureza de este sitio que no se tienen noticias de presencia religiosa por estos lares. Ni curas ni monjas, ni capilla o  iglesia figuran en la historia de La Bajada, donde “cada quien cree en lo mismo que nuestros padres, en la Virgen de la Caridad y Santa Bárbara”, comentó Cuqui, la esposa de Tomás.

Después de convivir durante tres días en esta comarca, de hablar con su gente y disfrutar de comida hecha a la vieja usanza supe por qué el capitán del viaje donde me enrolé bautizó el poblado como “un lugar tan surrealista como las películas de Luis Buñuel”. Mientras la vorágine de las ciudades marca el ritmo de la cotidianidad, el tiempo de La Bajada lo dictan la felicidad de la gente, el sol, el sonido del mar y la profecía del eterno retorno.